Me encuentro en un enorme dilema moral. Han anunciado la intención de aumentar el tiempo de apertura de las grandes macro discotecas de Ibiza. Tierra trágame.
Por un lado, el impulso a la economía local es notable. Durante los últimos años, las discotecas han marcado el inicio y el fin de la temporada de verano. Y con ambos actos, la isla se enciende y apaga en todos los sentidos. Es en las primeras aperturas cuando los aviones no dejan de aterrizar en el aeropuerto, y con ellos, la primera carga importante de turistas dispuestos a disfrutar de la isla. Los hoteles, hostales, apartamentos y todo tipo de negocio de hostelería se ponen las pilas justo un mes antes, para dejar preparado unos recintos que suelen estar abandonados durante los meses anteriores.
De seis meses a cuatro
Lo que antiguamente se consideraba una temporada de seis meses, y así lo incluían en los contratos, ha pasado a una temporada laboral de cuatro, tres y hasta dos meses en muchos de los casos. Esta falta de trabajo ha propiciado una situación un tanto preocupante para los trabajadores más cualificados. Por un lado no cumplían los seis meses mínimos con los que acogerse a las ayudas del estado por desempleo. Por otro lado, muchos se dedicaban a la construcción durante los meses de invierno para terminar el año con un jornal razonable. La caída de ésta última opción en picado ha propiciado una escalada de emigraciones con tan pocos precedentes como supuso la llegada de inmigrantes durante los últimos diez años.
A simple vista, es una buena opción para todos, incluidas las discotecas. Éstas decidieron hace unos años reducir este tiempo de apertura para aumentar los beneficios. Ahora supongo que, con la negociación con las administraciones públicas, esos beneficios pasarán a equilibrarse.
Pero está el lado opuesto de la moneda. Quedamos los que nos gustaría una isla tal y como la conocimos. Una isla donde el turismo cultural es un bien venido a menos. Los museos siguen cerrados y el interés por explotar esta otra Ibiza cada día parece más lejano. Por suerte aún nos quedarán algunos meses para vivir tranquilos, con el olor a chimenea y sobrasada en cada casa a la que nos acercamos.

