Llevo unos días dándole vueltas al nuevo borrador de la Ley General Turística que va a presentarse en breve. El nuevo plan promete. Intentará facilitar la reconversión de antiguos hoteles situados en primera línea de mar habilitándolos como viviendas. No se piensen ustedes tampoco que van a tener una habitación jacuzzi, piscina, gimnasio y wifi, que tampoco se trata de eso. Aunque bien podría ser. En su mayoría, estos hoteles se muestran como viejos edificios que han ido sufriendo, en algunos casos, las acometidas de las reformas. En otros, las reformas las empezarán los nuevos propietarios. Es una forma loable de aprovechar estas viejas edificaciones, cuyos gastos no compensan un desembolso tan importante en la mejora.
Aunque como todo proyecto de ley, ya han empezado a buscarle enmiendas, y es esta parte la que me deja más preocupada. El Ayuntamiento de Santa Eulária se opone a esta reconversión por considerar que transformar un hotel en un conjunto residencial degradaría la zona. Yo simplemente creo que no ha comparado la fachada de algunos de estos hoteles con los conjuntos residenciales que ya los rodean. Seamos sensatos. A mí el banco no me acepta la nómina del paro para financiarme una hipoteca. ¿Quien se va a poder comprar entonces un piso (o dos) de un dormitorio en primera línea de una costa privilegiada? Pues o alguien con un poder adquisitivo importante o un grupo de inversores. Les recuerdo a estos señores que el alquiler medio de una vivienda de una sola habitación suele superar los seiscientos euros. Mucho más si se encuentra frente al mar. Pero cuando llega el verano, los seiscientos euros se multiplican de una forma tremendamente exagerada
¿Les va a interesar a estos señores dejar descuidadas sus fachadas? ¿O dar un aspecto de barriada de los bajos fondos? Pues ni quien lo compre como vivienda habitual, ni quien lo compre para alquilar. El poder adquisitivo de los nuevos compradores les va a permitir una segunda vivienda para disfrutar a lo grande de las riquezas de la isla. ¿Una degradación? Si van a vivir en una playa, ya se encargarán de cuidarla como si fuera suya, que lo es al fin y al cabo.
Hace unos años visité una pequeña y antigua urbanización. Dos bloques de pisos a escasos metros del mar. La única pena es que también estaba cerca del aeropuerto. Lejos de encontrarse en el abandono, los propios vecinos se habían encargado de mantener la zona tan limpia y llena de actividades que no se me antojaba un lugar más increíble para vivir. Si no hubiese retumbado el suelo en cada aterrizaje, ahora viviría allí.

