Año nuevo

Ya es Enero mi novia. Casi Febrero ya…Han pasado tu cumpleaños y el de nuestros hijos, ha pasado un año de tu marcha -¿un año ya…?, otra Navidad, otros Reyes… Han pasado muchas cosas buenas y hermosas y alguna no tanto. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que a veces mi cabeza es un torbellino de ideas y de vértigos. Pero mantengo la calma, el equilibrio y la razón. O eso creo…

¿Las cosas buenas? Pues que nuestro hijo ya ha cumplido 14 años. ¡Y solo fue ayer cuando nos llamaba con su media lengua desde la cama “Papíiiii…mamíiiiii…”! Y qué distinto este cumpleaños del anterior… Quedó con sus amigos, y salieron a merendar y a pasar la tarde dando vueltas… ¿Qué hacíamos tú y yo a su edad? Ni me acuerdo ya; supongo que disfrutar de la vida sin preocupaciones. Ahora anda un poco despistado. Supongo que son cosas de la edad, de las ausencias…

Y nuestra hija ha cumplido los 13… Todavía tengo metido en los oídos su agudo chillido y el ruido de la cancela cuando la arrancaba de la puerta de su habitación a empujones, la muy bruta, la polito de fresa… Está preciosa. Y tan madura que a veces me asusta. Se preocupa demasiado y es tan responsable que a veces se olvida de disfrutar de la edad que tiene y hay que recordárselo.

Otra cosa buena –muy buena- es que en casa todo marcha fenomenal. Ya sabes a qué me refiero. Cada vez estamos más unidos y con más ganas de pasar más ratos juntos. El día de Reyes Magos –bueno, la noche antes- fuimos todos juntos a la esquina de siempre y volvimos a cenar en el Ufo. Al día siguiente estábamos todos juntos para ver los regalos de Reyes Magos y fue emocionante, la casa llena de gritos, de papeles de regalos, de cartones, de caramelos… Han sido unas Navidades muy hermosas, tiernas e íntimas. Eramos, de nuevo, los seis una familia feliz…

¿Lo no tan bueno? Pues que me rompí un pié jugando con los niños en Noviembre y hasta ahora he estado liado… pero ha tenido su parte positiva. Los niños se han responsabilizado de más cosas estos tres meses. Se levantan solos, se preparan el desayuno y los bocadillos y se marchan al instituto. Y también ha tenido de maravilloso que entre todos me han cuidado y yo he sabido dejarme cuidar -me ha costado, no creas…ya me conoces-.

Y me he sentido tan querido, cuidado y amado que a veces las lágrimas se me agolpaban en los ojos. Rosa, el niño, las niñas y yo tenemos proyectos, ganas de estar juntos todo el tiempo, ganas de salir, de entrar, de no parar, de aprovechar cada instante. Queremos hacer tantas cosas que nos falta tiempo. No sabemos dónde vamos a acabar ni cuando. Solo sabemos que queremos acabar juntos…

¿Qué más ha pasado? Poco más mi Espe… salvo que sigo esperando subir a la montaña, al cielo y al paisaje que te gustaba contemplar, para que lo veas una vez más y para siempre ya.

Gracias mi novia. Muchas gracias. Siempre.

Un tierno verano

Mi sombra a veces, se desvela de mi sueño y se escapa, buscando o huyendo, no sé aún bien qué..

A veces, con otras sombras que bien conoce, vaga en busca del tiempo perdido, en busca de palabras que enmudecieron en los labios antes de ser dichas, de algún “te quiero” extraviado y de algún beso olvidado. Busca, sin descanso, aquella mirada llena de luz, aquella risa iluminada. Siendo sombra, busca aquella luz que le daba vida, sentido, confianza.

Mi sombra, a veces, desvelada, se dedica a hacer todo aquello que no me puedo permitir hacer yo… Se desanima, llora, grita y corre, más que vuela, huyendo a ninguna parte…pierde la cordura y la calma, busca un alma que perdió. Busca un sueño que no acude; tiembla y se sacude, el sopor del día a día. Baja, peldaño a peldaño, una escalera en espiral, un caracol sin sentido.

Otras veces, al contrario, encuentra un muestrario de cariño, un cajón de sentimientos, un tesoro de amor. Encuentra el consuelo y el descanso. Encuentra el rostro amado y anhelado, oye la voz que le susurra, oye al alma que le llama…Siente la mano que se fue, el beso que partió y el aliento que anhela respirar. Mi sombra, a veces, es feliz.

Hace algo más de dos meses escribí esto. Me pareció tan triste que lo guardé y no quise ponerlo aquí… Hoy lo hago. Y sabes muy bien por qué mi novia. Porque hoy, esa sombra no está. Al menos no tan oscura ni tan pesada ni tan sola. Hoy luce el sol. Hoy mi sombra y yo somos felices… Hoy, lo que siento, es esto que escribo ahora…

Hola mi novia. Ya casi ha pasado el verano, y con su final, se cumple casi un año de tu partida. Un año ya… ¡Dios santo, cómo pasa el tiempo…! Ha sido un verano intenso, tanto como el año que hemos pasado. Pero con otro matiz muy diferente mi novia. Los niños son felices, o al menos tanto como pueden serlo sin ti. Yo también soy feliz. Este verano hemos entrado y salido sin parar. Hemos disfrutado y hemos vivido. Y yo he encontrado a alguien.

Cuando menos lo esperaba y donde menos podría esperarlo. Apareció casi de repente. Y casi sin darme cuenta, de pronto, estaba ahí, frente a mí para quedarse… Sucedió una tarde, después de una reunión en el instituto de los niños; al terminar, nos alejábamos con desgana cada uno en una dirección, cuando de pronto nos giramos y nos miramos de lejos; y lo supimos. Como lo supimos tú y yo bailando aquella sevillana. Y sé que te gusta. Sé que estas contenta y feliz. Sé que tus miedos –que los tenías- han desaparecido por completo. Los míos también. Los niños –los de ambos- están encantados. Más de lo que podíamos esperar. No paran de sorprendernos. Supongo que nos ven felices y eso les hace a ellos felices. ¿Sabes? Se parece mucho a ti, pero solo en una cosa, en que me quiere y en que cuando me mira, ve a un hombre maravilloso. Y sí, debo serlo con todos mis fallos y mis errores y mis culpas; debo ser un gran hombre; por que se me ha concedido el inmenso privilegio de conocer, amar y enamorarme de dos mujeres maravillosas y que las dos quepan en mi corazón.

Un año solamente, y qué diferente todo. Tu ausencia, mi novia, ya no es una losa ni un vacío oscuro. Y aunque duele aún –creo que siempre dolerá- ahora me acompaña de otra manera; más calmada, más serena y para nada oscura. Estoy feliz, Esperanza. Gracias por quererme, gracias por enseñarme a valorar y a entender las cosas importantes. Gracias por enseñarme a amar como lo hago de nuevo. Te quiero mi novia.

De la oscura tormenta

y de las olas revueltas

de tu ausencia desperté.

En la oscura tormenta

y en las olas revueltas

aprendí de nuevo a nadar.

La lluvia de mis lágrimas lavó mi cara

e hizo brotar una rosa ante mis ojos

la engalané con mi sonrisa,

con mis versos y mis palabras.

Mi voz susurrante rompió sus espinas,

y sus pétalos, suaves y brillantes, carmesíes,

hizo brotar y temblar.

Y volvieron el color y el calor…

Su perfume es hoy mi aliento y mi sustento,

Rosa que nunca se marchita,

rosa chiquitita, rosa viva. Siempre mi Rosa.

Al Tívoli

Eras, entre las sombras, la Tierra Prometida

a plena luz, un milagro hecho verdad

a tientas, una fiesta sin final

y eras, en mi boca, la eternidad…



Hola mi novia. Hoy he vuelto a Maro. Tenía que verte y hablarte. Ya sabes, cosas nuestras. Tuyas y mías. Y allí, me he dado cuenta de algo. Que sigo completa, perdida e irremisiblemente enamorado de ti. Y nada puede cambiar eso. Ni tu muerte, ni el duelo, ni el tiempo que no estás a mi lado. Pero tambien que espero algún día otras manos, otra voz y otra risa que me acompañen, me cuiden y me calmen; y a quien cuidar y calmar yo.

Cuando menos lo esperaba, he vuelto a soñar contigo. ¿Por qué ese sueño? ¿Por qué en este momento? Pues supongo que por esto que te digo… Y porque nada ni nadie podrá nunca ocupar tu lugar. Quien venga tendrá otro lugar; otra cara, otras manos, otra voz. Eso es lo que tengo que aceptar. Es lo que tengo que aprender. Porque no puedo pedirle a nadie que ocupe un segundo lugar. Ni puedo pedirle a nadie que te sustituya. No sería lógico, no sería justo. No sería amor. Y si algo aprendí a tu lado, es que el cariño lo es todo, el amor lo es todo y el respeto y la sinceridad lo son todo. Me costó aprenderlo, ya sabes, pero al final me lo enseñaste…

Ya casi hemos acabado el curso, y los niños van a sacar unas notas estupendas. A pesar de todo. Trabajo nos ha costado ¿verdad? Tanto tiempo dedicado a ellos debe dar sus frutos. Tanto amor vertido en ellos debe florecer. Tanta Esperanza que llevan dentro se les debe de notar…

Los de siempre estamos hablando de ir al Tívoli, a celebrarlo. ¿Recuerdas lo bien que lo hemos pasado allí siempre? Pues este año igual, mi novia. Reiremos, nos montaremos en lo que podamos; y comeremos y calmaremos la sed. Y disfrutaremos. Sobre todo disfrutaremos.

¿Sabes? Espero que cada paso que dé en esta vida me ayude a acercarme a ti un poco más…

Buenas noches, mi novia. Te quiero. Siempre.

De armarios, malecones y papeles… ¡siempre papeles!

Hola mi novia. Hoy es sábado. Junio ya. Aprovecho para cambiar la ropa de los armarios…Sube cajas, limpia cajas, saca la ropa del armario… Menudo trajín. A la niña hay cosas que aún le valen. Pocas, pero algo es algo. Al niño nada le sirve. De hecho le he pasado varias camisetas mías, para que se ponga, mientras le compramos ropa nueva. Hay que renovar todo su armario este verano. Y me temo que el invierno que viene otro tanto.

En una pausa veo en el periódico que Silvio Rodríguez- sí, nuestro Silvio- ha cantado en Nueva York. “Ojalá” “Te doy una canción”…Y yo he volado tras él, no a esa ciudad, si no a otras. A un viaje, a un malecón, a unas voces y unos acentos tan cercanos que parecía mentira tener que cruzar el Atlántico para oirlos. He volado a unas playas y a una foto que aún –y para siempre- guardo en un cajón y en mi corazón. He volado junto a tí, como cada vez que puedo escaparme, a contarte cómo nos va la vida. Cómo te sigo echando de menos o cómo río y disfruto en el trabajo y con nuestros amigos. No hay mucho más que contarte; que a nuestro hijo está mejor con los cambios de esta semana – ¡¡ ha sacado un siete en el examen de Inglés…!!- y que se siente muy “controlado”. No me extraña, con tanta gente a su alrededor pendiente de él, el pobre. Y que nuestra hija, casi sin darse cuenta ella, está cambiando…

No hay mucho más que contarte…Bueno, sí… que estuve en Hacienda – sí, otra vez liado de papeleo…- para nuestras declaraciones ¿y sabes qué? que para ellos –para la Administración, para las leyes tributarias, para la burocracia sin fin- tu y yo no convivimos juntos el año pasado. Los nueve maravillosos meses de amor y de cuidados, de lágrimas y de cariño que vivimos el pasado año, para ellos no existen. La vida no cotiza. La intensidad de aquellos nueve meses no tiene base imponible. Las lágrimas, los besos, los abrazos y las despedidas no son bienes desgravables. ¡Los pobres, qué poco saben de la vida! Nos separan mi vida –que no tu muerte, porque los que sabemos, sabemos que tú no has muerto, si no que yo sigo vivo- y nos separan los papeles…Otra vez nos separan. Tu muerte, a veces, es una separación diaria, cotidiana, interminable. Un adiós continuo e inacabable. En fin, hacienda somos todos, hasta los difuntos. Solo que a ellos, además, se les niega en los papeles la vida que de verdad tuvieron el año anterior…

Hasta luego, mi novia guapa, mi novia linda, mi novia preciosa… ¿no era así aquello que me decías…?

El primer arañazo..

Buenas noches, mi novia. Acabamos de llegar de cenar en casa de Juanma y Mónica. Hemos estado las tres familias habituales, y como siempre, hemos pasado un rato muy agradable. Como siempre, andabas por allí cerca. Discreta, callada, pero presente…Yo, a pesar de los chistes y de las bromas, noto cómo se acerca el día 25… Y al verlos, a los cuatro, tan juntos, tan unidos, tan amados, tan cercanos, no puedo evitar el añorarte. No puedo evitar recordar la última vez en su casa, con el salmorejo, con la sidra, con las risas de los seis…

Y la vida va, mi novia, avanzando. Ya no a tu paso, si no al paso de otros, al mío –bueno, a veces creo que ya ni al mío, que parece que me arrastran las circunstancias y bandeo la situación como puedo- al paso de tus hijos; al paso que nos marca la misma vida y sus circunstancias.

La vida sin ti que continúa; más vacía y más sin sentido a veces, pero sin detenerse por nada ni por nadie. Supongo que así debe ser, aunque solo sea por nuestros hijos. La misma vida que a ti te abandonó, nos arrastra y nos lleva hacia adelante. Nos empuja, por suerte a veces, para no enloquecer, para que los vivos no muramos con nuestro pasado. Para que tus cenizas, no me lleven al ritmo de la olas una y otra vez al mar, a tu lado…donde tanto añoro estar.

Hoy –ya Domingo- no tengo un buen día, la verdad. Con el 25 cada vez más cerca y con mis padres… bueno, ya los has visto y los has oído hoy…

Y para colmo, acabo de hacerle un arañazo al coche tremendo, en el parking público, bajando al segundo nivel…me gustaría decirle cuatro cosas al que diseñó la rampa de bajada. O le daba al coche por delante o le daba por detrás…Resultado…en el lado derecho chapa y puerta hundida y arañada, maneta inservible y un cabreo de los míos… Pedí por supuesto el libro de reclamaciones y el vigilante –muy amable, por cierto; debe de estar acostumbrado ya- me acompañó a ver los daños del coche… Y lo que más me enfadó era que toda la curva estaba llena de arañazos y de trozos de pared y de plásticos arrancados, pero en ningún sitio te advertían de la dificultad de la bajada ni de la curva tan cerrada que hay que dar…O de que simplemente hay coches que no pasan… ¡es increíble la desidia y el desinterés! El único interés que demuestran es coger cuanto más dinero mejor…

¿Pero sabes? Solo es un coche; al menos eso me repetía continuamente esperando a que me dieran los papeles de la reclamación… Me sigues calmando en esos momentos en los que sabes que me subía la ira y podía perder los papeles… ¡me has enseñado tanto…! ¡y me has dejado tanto…! Tanto casi como te has llevado contigo; te llevaste mi alma, mis risas de muchos meses, mis mejores besos y abrazos, te llevaste a ese jovenzuelo, al que hiciste hombre, te llevaste mi coleta y mis gafas redondas de sol, la minifalda que tanto me gustaba verte, te llevaste mis miradas furtivas, mi espiarte en tu sueño, te llevaste tu perfil al contra luz de la ventana, con la leve luz de la madrugada, y que tanto me gustaba mirar y admirar mientras dormías…

Ya llega el 25 mi novia; y mi ánimo lo nota. Sabemos que pasará; que es cosa de un par de días nada más. Pero son días nublados, plomizos, pesados y grises. Una especie de gripe del ánimo, contra la que aún no tengo vacuna… Será que aún estoy enfermo de tu amor…

Te quiero mi novia, mi vida, mi amor… No te olvides.

Entre la playa y el cielo

Y a mí enterradme sin duelo

entre la playa y el cielo…

J.M. Serrat

“Entre la playa y el cielo”, mi novia, te voy a dar buena vista.

Ayer regresé a Maro, mi novia. No iba solo. Venían algunos de nuestros íntimos. Venía tu hermana, venía tu amiga de escaparates y de sueños infantiles. Venían nuestros íntimos. Venías tú. Venían, para que no estuvieras sola, unos mechones de pelo y una foto llena de esperanza, llena de tí y de mí, llena de sueños, de sonrisas y de promesas. Llena de porvenir. Un porvenir ya pasado que ayer nos devolvió a Maro. A un colchón hinchable, a unas olas que nos revolcaban, a unas risas y a un verano de juventud, en el que tu y yo, aún éramos tu y yo, sin ni siquiera imaginar que un día seríamos un maravilloso “nosotros”.

Ayer nos reunieron los recuerdos, la ceniza y el amor.

Yo, como soy un hombre de callados escritos, de letra enamorada, -y tambien de risa fácil, y algo bufón y jaranero cuando se tercia el momento- no supe qué decir. Dejé que hablaran otras lenguas y otros corazones. Hay quien me dice que, a veces, lo que callo expresa más que lo que digo. Mi silencio es tu sonrisa, son tus besos, tus abrazos, los días de tu vida, tu amor por tus hijos. Mi silencio te abraza y te acoge y te acuna; te besa los labios y acaricia tu rostro. Mi silencio es tu mirada. Mis silencios son tus días y tus noches. Los que fueron y los que ya no serán.

En Maro. Allí estarás entre acantilados, retamas y chumberas, entre olas y olor a salitre, entre el bullicio veraniego y el olvido otoñal. Con todo el horizonte ante tí. Y verás pasar los días y las noches; verás amaneceres y ocasos, besos y abrazos, juegos y risas. Y nunca sola.

Y pronto, el cielo, mi novia.

Las golondrinas…

Ya volvieron mi novia. Las golondrinas. Y con ellas la Primavera. El cielo tiene ya otro color, es más azul, y está plagado de puntos negros que revolotean incansables, alegres, vivaces, salpicándolo de vida con su vuelo y sus sonidos. Tus hijos salen a jugar a la calle después de hacer los deberes y merendar, con la luz de la tarde, con los días más largos. Nacho está enorme; ya tengo que ir a comprarle ropa, pues se le queda corta casi toda. La niña tambien crece, a su ritmo, ya sabes. El endocrino nos dijo que nos quedáramos tranquilos, que no ve ningún problema ni cree que necesite tratamiento, así que ya ves, todo va más o menos bien.
¿Y yo? Bueno… ya sabes. A ratos. A ratos te hecho de menos, y a ratos no puedo estar sin tí. Y es que seis meses es mucho tiempo sin tí. Muchas comidas, muchas siestas, muchos paseos, muchos viajes al supermercado, muchos madrugones sin ti. Muchos besos de buenas noches por tí, mi novia…

Por cierto, feliz aniversario…

¿Recuerdas aquél día? Ya sé que sí… era una pregunta retórica. Cuando bajabas del coche, con todos esperando -incluído yo- en la escalinata de la Iglesia, lo primero que me dijiste fue “¡No me digas nada… que estoy horrorosa…mira qué pelos!” No. Estabas radiante. Luego, ya en el coche que yo mismo conducía -¿un chófer? ¿para qué necesitamos un chófer?- de camino al banquete, y ya más relajados, nos reíamos de nosotros mismos, tan arreglados, tan peripuestos. Tú tan de peluquería, con toda la cabeza llena de arroz y de ganchillos -¡Dios santo, cómo podían caber tántos ganchillos en una cabeza!- y yo, todo trajeado.
Y luego el “protocolo” para entrar en el salón… que si esperamos primero en una salita aparte a que llegaran todos los invitados -“¡pero si lo que queremos es estar con ellos…!”- que si la foto posando -eso estuvo bien… es casi la mejor foto de la boda- que si la música nupcial al entrar al salón con todos de pie aplaudiendo… Al final, el pobre “maitre” nos dejó por imposibles al ver el poco caso que le hacíamos.

Lo mejor fue al final. La de vueltas que dimos buscando el “hotel maravilloso” al que estábamos invitados para descansar nuestra noche de bodas… Fuimos de Benalmádena a Torremolinos y vuelta de nuevo…hasta que un taxista nos indicó…-”Eso no es un hotel, son unos apartamentos que se alquilan y están en Torremolinos”- ¿Serían las cinco de la mañana cuando por fín llegamos? caímos muertos en la cama para, de pronto, levantarnos sobresaltados a las siete con una escandalera terrible por los pasillos…Una excursión de jubilados que se marchaba cargando maletas… Parecía un desfile militar, !solo faltaban las cornetas! Así que nos levantamos y nos fuimos a casa de mis padres, a descansar algo… ¡Vaya noche de bodas…! Bueno, pasaron más cosas esa noche ¿recuerdas? pero quedan para tí y para mí…

Feliz Aniversario, mi novia, mi vida, mi amor… Por cierto ¿querrías casarte conmigo?

Seis meses ya…

Seis meses ya mi vida, mi novia, mi amor…


Tengo una mesita de noche vacia,

una almohada sin huella,

una mella en el alma

y el corazón sin calma.

Tengo un andar cansino,

un camino polvoriento,

¡y una sed…!

Tengo un reloj que se paró,

tengo una sonrisa enamorada,

tengo mil recuerdos atrapados en un beso,

tengo una despedida,

y un porvenir incierto

¡Tengo tantas lágrimas!

Tengo mil dudas,

y tengo una certeza.

Tengo dos verdades…

Tengo la pereza de tu ausencia,

Tengo, la prisa inquieta del amante,

tengo, por delante, mil y un pasos

hacia tí…

Buenas noches, mi novia. Descansa…Que tengas bellos sueños…

Un sueño

Hola mi novia…¡por fín he soñado contigo…! ¡y por dos veces seguidas…! Cinco meses para estar junto a tí, oir tu voz y coger tu mano, aunque fuera en sueños… El primer sueño ha sido como si nunca te hubieras ido; como si estos últimos cuatro años no hubieran existido; tú y yo, de vuelta a aquél país donde estuvimos hace unos veinte años, y hablando de cómo había cambiado el paisaje; donde antes había desierto, soledad y campo abierto, ahora había luces, edificios, ruido y tráfico… Lo que más me impactó al despertar fue, no el hecho de soñar por fín contigo, si no la normalidad que vivíamos en el sueño; nunca te fuiste, nunca enfermaste…todo borrado de un plumazo… una normalidad que ahora se me antoja anormal por completo…¡ojalá, mi vida…!


El segundo sueño fue algo más raro… habías salido, sin despedirte, a una reunión, y yo salí con los niños a reunirme contigo, al lugar donde estabas trabajando… Llegamos y allí estaban muchos conocidos; algunos me preguntaban por tí.. “No sé, aparecerá en cualquier momento” contestaba yo… Entonces al rato apareciste tú. Venías a mi encuentro como si nada y me comentabas algo y yo te respondía, un poco molesto, algo así como: “¿Así me saludas, sin un beso ni nada? Hasta que no me des un beso no te contesto …” Y entonces sonreías, me besabas y yo era feliz y sonreía… Será que echo de menos tus labios…

Por cierto, el otro día me llamó tu compañero y amigo, con el que trabajabas en los grupos de apoyo; me dijo que el grupo que le ayudaste a crear, el de autoayuda y terapia para mujeres con cáncer, había crecido y había decidido constituirse en asociación… Y que le han puesto tu nombre, mi novia…Que me llamaba él, porque no sabían si me iba a gustar o no… ¡cómo no me va a gustar que tu nombre ESPERANZA, vaya de boca en boca, de cartel en cartel, de pared en pared, invocando cariño, consuelo, coraje, ayuda, lucha y esperanza… Solo les pido que cada reunión vaya presidida por una enorme sonrisa. Porque en definitiva, aparte de todo lo anterior, eres una inmensa, rotunda, profunda, sincera y, ahora, eterna sonrisa…


Sonríeme mi novia; porque mientras tú me sonrías y me beses, la vida me sonreirá y me besará… y yo me seguiré acurrucando junto a tu hueco, esperando tu beso de buenas noches sabiendo que llegará...

Te quiero mi novia…

Madre, es el nombre que los niños dan a Dios…

Hola mi novia. No sé por qué esta noche estoy algo triste.

No ha pasado nada especial, solo que te echo de menos… Será el haber salido de viaje sin ti por primera vez; o será mi primer cumpleaños sin tí; será que a tus hijos les gusta ver los videos de cuando eran unos bebés, y en ellos aparecemos los dos –y sobre todo apareces tú- hablándoles, dándoles de comer, bañándoles y cambiándoles los pañales… Salen diciendo sus primeras palabras, llamándonos con esa media lengua que tienen los bebés y mirándonos, como si fuésemos todopoderosos. Hace años oí una frase “…Madre, es el nombre que los niños le dan a Dios”, y a veces, en esos vídeos, es sentencia cierta.

Salen jugando en la nieve, mientras tú les llamas y te ríes con sus gracias. Salen disfrazados de pastorcillos, de galanes, de bailarines o de angelitos en tantas obras infantiles… Salen soplando las velas de muchas tartas, mientras suena tu voz, “¡Cumpleaños feliz…!” Salen empapados, de tu mano, en aquella piscina que pusimos en la terraza, y que tanto disfrutaron. Salen persiguiendo a los gatos, en Coria, con los pañales caídos y salen, medio dormidos, comiendo con los ojos cerrados… Y siempre tú. Con tu voz de fondo, o tu imagen en primer plano. Riendo, bañando, amamantando y amando a tus hijos. Y a veces, miras a la cámara fijamente, y parece que me miras a mí, como haces ahora desde la foto que tengo delante…mi novia. ¿qué más puedo decirte, que no sepas ya, que no te haya dicho ya?

Esta soledad sin estribillo,

este andar atolondrado,

este ir de ciento, una amarillo

este colgar como un pendulo,

entre uno y otro lado

este cuento de hadas sin varita mágica,

sin perdices ni colorín colorado

esta trágica comedia,

esta inmensa enciclopedia de amor que me dejaste,

con tantos volúmenes por acabar,

este barco de papel,

cargado de garabatos,

estos ratos de locura

esta foto en negro y blanco,

velada y desenfocada,

este cuadro sin pincel,

estas gafas para un ciego

que no te puede ver.

Diario SUR

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