Prólogo
Las Chicas del Óleo es un ensayo dentro de un ensayo que se busca y se define fuera de su propio contexto, el mundo de la pintura, la escultura y el Arte. El texto avanza entre una excelsa documentación para seducirnos e interrogarnos precisamente por lo que se extiende más allá del texto: la mentira de argumento y la historiografía. Las Chicas del Óleo se nos presentan como un acercamiento a grandes pintoras y escultoras, silenciadas o no, de la Historia del Arte. Se vuelve luego el texto coqueto como los retratos que Vigée-Lebrun pintase de la no por todos querida María Antonieta para, de un plumazo, resumirse en unas pocas líneas y volver más tarde a levantar el vuelo y demostrarnos con sencillez y maestría las líneas del claroscuro con unas pocas palabras. Vuelven mujeres que se retratan en tonos ocres y se encarnan con un libro en la mano para, sólo algunas líneas después, descubrirnos en otra nueva esencia esta vez más documental, esta vez si cabe más auténtica y vivaz, mordaz siempre, de lo que ha sido la gran mentira de la más bella de las mentiras: el Arte.
Juega el texto con nosotros y ahora nos ataca desde el más presente de los pasados, en una constante vuelta de tuerca que se retuerce impávida para presentarnos en medio de aquella turba de 1789. El marqués de Sade, desde la Bastilla, inicia su discurso. Viste probablemente peluca y ya las borlas de su traje burdeos estás cansadas. La muchedumbre destrozará la gran cárcel a dentelladas, a palos… al democrático cántico de “no hay pan, no lo hay”. Ya lo sabía ese hombre con problemas llamado Luis XVI. Robespierre espera con su guillotina. Otros describen ya el horror de la escena.
Es el mundo que está por llegar y el mundo que Las Chicas del Óleo habrá de descubrir en la metafórica gestación de dos épocas tan distantes en el tiempo que llegan a tocarse en esta obra que se tilda de ensayo y que se aboca definitivamente a la reflexión y hacia el lienzo, exploración profunda siempre del otro lado de la realidad. Tintes de palabras que ya son Historia e historias que no por falsas han dejado de ser verdaderas. Laten pinceles y cinceles de los que ya yacen sin haber nunca muerto, de las que ya caminan entre las falsas mentiras nunca tramadas en realidades…, como fantasmas que atormentan la razón de los poderosos y mentirosos y viles y traidores a su tiempo y su religión, a su género también.
A su especie finalmente.
Es éste un texto que habla de cenizas y de la libertad perdida en celebrada fecha trágica.
Es éste un texto que por muchos querrá ser olvidado.
Y que nunca podrá ser olvidado.
Martín Cid, fumador.
Leer sobre la autora:
Ver foto de la portada con un cuadro de Elisabeth Vigée-Lebrun, pintora personal de la reina María Antonieta de Francia
http://isabeldelrio.files.wordpress.com/2010/04/las-chicas-del-oleo.jpg


