Mi colega Carmen Posadas afirma en su última columna del suplemento dominical del grupo Vocento que está harta de hombres metrosexuales, que ella los prefiere de toda la vida, con pelo legionario en pecho y sin pendientes; y que no estén todo el día queriendo tener un lado femenino. Eso sí, el único anhelo masculino que exculpa es el de poder dar a luz un hijo.
Afortunadamente cumplo casi todos los parámetros exigidos por esta uruguaya: no tengo ningún interés en depilarme y –supongo que por el miedo que me infundió mi padre prohibiéndome la entrada en casa si aparecía con un pendiente- todavía no me ha dado por perforarme los pabellones auditivos. Igualmente, estoy moderadamente satisfecho con mi género y lo único que verdaderamente envidio de una mujer es su capacidad para albergar una vida en mi vientre: materia viva que, obviamente, no tenga origen en la afición por la cerveza. Sin embargo, me temo, Carmen, que aunque el padre que acabo de citar si se llama Mariano, yo no me llamo igual; y ni mucho menos he sido o soy Gobernador del Banco de España.
Además, la cosa no queda ahí, ya que tampoco soy –no sé si por suerte o por desgracia- ni creo que seré el Sr. –o Sra.- Thomas Beatie, más conocido como el primer hombre embarazado: el único que creo que si ha podido materializar este deseo maternal masculino. El señor/señora Beatie ha tenido el privilegio de dar a luz una niña mediante parto natural. Menos natural, eso sí, ha sido su paso de la mujer que era al hombre que es, a base de quitarse los pechos e inyectarse hormonas viriles durante años. Beatie ha jugado con ventaja, se ha ido acercando físicamente al varón que siempre se ha sentido mentalmente, pero se ha guardado un as en la manga, o más bien en su barriga, que le ha permitido hacer uso de su matriz cuando ha llegado el momento, un momento que más de uno hemos deseado pero que nos vamos a quedar con las ganas.
Sea como sea, habrá que darle la bienvenida a esta pequeña y tener en cuenta que si el día de mañana se hace un ídolo de masas al igual que Iker Casillas, la calle habrá que dedicársela, en este caso, “al padre que la parió”.

