En el libro de Francisco Pérez Fernández, “Daimiel, geografía de un pueblecito manchego”, podemos leer: “Daimiel es un oasis en la estepa de
El oasis de Daimiel, como bien dice el autor manchego, está condicionado a la existencia del agua. Ello es del todo cierto hoy. Las Tablas de Daimiel, declarado parque nacional en 1973 y que es el más pequeño de los de España, pero de gran riqueza floral y animal y que se considera como uno de los ecosistemas más valiosos del planeta, está completamente seco y la vegetación expira junto con la fauna. Más que seco, está en llamas. Fuegos espontáneos han prendido en sus entrañas desde que los ríos Guadiana y Cigüela, sus padres acuáticos, dejaron de regar sus encantos con el agua de la vida. El Parque es ahora un desierto donde las barcas, melancólicamente adormecidas sobre el lecho cuarteado de la laguna, añoran tiempos pasados. Aquí y allá se abren enormes bocas que vomitan humo. El seno de la tierra se ha convertido en un averno de hogueras impetuosas. Las manos invisibles de la sequía han prendido el carbón de sus calderas profundas. El Parque agoniza entre hervores.
Si no se remedia pronto la situación, trasvasando agua de otros ríos, España y el mundo tendremos que llorar amargamente la pérdida irreparable del Parque de las Tablas de Daimiel, el pequeño gran oasis de
(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

