Sí a seguir modernizando Andalucía

Los andaluces tenemos ya un nuevo Estatuto, una norma que ha contado con el apoyo mayoritario sin paliativos de aquellos andaluces que se han acercado hasta las urnas. Es cierto que la participación no ha sido la esperada, pero no es menos cierto que la Andalucía de hoy -afortunadamente- no es la de 1980. Andalucía ha abandonado ya el subdesarrollo con el que vivió los primeros años de la transición democrática, situándose actualmente en los parámetros de la sociedad del bienestar, y al mismo tiempo nuestra comunidad se encuentra a la vanguardia del Estado, no como hace un cuarto de siglo, en donde se nos negaban los mismos derechos que a las denominadas comunidades históricas.
Los que no vivieron aquel referéndum, y que hoy sí han ido a votar, nos demandan que no añoremos el pasado, sino que miremos al futuro, porque aunque saben que somos hijos de una Andalucía de emigración y de pobreza, prefieren que la aprobación de este Estatuto suponga entrar en un territorio para la esperanza y el cambio, no para la nostalgia.
Las nuevas generaciones de malagueños y malagueñas quieren que el futuro se construya en base a este Estatuto moderno y dinamizador, y nos piden que desarrollemos los nuevos derechos que presenta, tanto los sociales como los económicos, tanto los relativos a la vivienda, la educación de calidad o la sostenibilidad del desarrollo.
Este Estatuto, legitimado por ese abrumador triunfo del sí, nos da la posibilidad de seguir modernizando nuestra comunidad, de solucionar los problemas reales de los andaluces, y ese es el resultado de este proceso de reforma: el mensaje claro de que queremos seguir mirando hacia delante, porque tenemos los instrumentos necesarios, y sobre todo, sabemos a dónde queremos llegar y cómo conseguirlo.
Recogiendo el guante de los versos de Antonio Machado de que “lleva quien deja, y vive el que ha vivido”, los andaluces siempre hemos sido conscientes de que había que luchar mucho para conseguir lo que a los demás les era más fácil, pero por eso mismo hemos sabido superar todos los obstáculos que se nos han presentado. Ahora, cuando somos igual que los demás, ni más ni menos, tenemos ya un nuevo Estatuto que nos permitirá seguir modernizando nuestra tierra.

Un ‘sí’ ilusionante

Nos encontramos a pocas horas de que la ciudadanía dé con su voto una respuesta a este Estatuto de Autonomía para Andalucía. Quisiera, a modo de síntesis, decir por qué voy a votar sí:



  • Voy a votar sí porque este Estatuto no es sólo plenamente constitucional, que lo es, sino también porque refleja muy bien el concepto que tenía la Constitución de 1978 en cuanto a la creación de un Estado autonómico y descentralizado en el marco de la nación española.


  • Voy a votar sí porque se aumentan las cuotas de autogobierno con más competencias, y con más capacidad, por tanto, de poder codecidir nuestro presente y nuestro futuro.


  • Voy a votar sí porque ha tenido un amplio respaldo político. En Andalucía el 95% de las fuerzas políticas lo amparan y en Cortes Generales el 98%.


  • Voy a votar sí porque se consolidan los avances sociales alcanzados y se incorporan nuevos derechos ciudadanos para una nueva generación.


  • Voy a votar sí porque se profundiza en la calidad de nuestra democracia, con el principio de igualdad entre hombres y mujeres, impregnando todo el Estatuto de Autonomía.


  • Y voy a votar sí porque se dan respuestas eficaces a la nueva realidad de esta Andalucía pujante.


Creo que todos debemos sentirnos satisfechos y orgullosos de haber desarrollado un instrumento jurídico que va a propiciar un nuevo impulso a esta modernización de Andalucía. Ahora sólo falta tu ‘sí’ el domingo.

El domingo 18 tenemos un reto en doble sentido

Por un lado, el compromiso personal de cada uno de los andaluces y las andaluzas para formar parte de nuestra pequeña historia, en este caso votando afirmativamente a un buen Estatuto capaz de establecer el marco jurídico para la Segunda Modernización de Andalucía y que nos permita a nuestra Comunidad alcanzar los niveles de bienestar, libertad y de solidaridad de los territorios más avanzados de nuestro entorno europeo.
Pero también es un reto desde el punto de vista colectivo, porque una participación importante certificará el prestigio y la fortaleza de Andalucía dentro del Estado español. Somos una Comunidad de referencia y con un proceso de actualización en la reforma estatutaria siempre decisiva (lo fue la vez el 28-F y lo tiene que ser éste).
Por tanto, nuestro objetivo debe ser conseguir la máxima participación posible. No entraré en un baile de cifras y pronósticos, sino en la necesidad de que las urnas tengan un amplio porcentaje de votos afirmativos y que nos van a permitir un mayor peso político de nuestra tierra. Por tanto, no valen excusas ni titubeos: compromiso sí individual, compromiso sí como colectivo, como pueblo que hemos sabido entender y aprovechar la oportunidad de autogobierno tan bien como cualquier otra autonomía o mejor, si cabe. El domingo tiene que haber respuesta individual y colectiva. Ese es mi anhelo.

Un Estatuto que nos da nuevas competencias y más autogobierno

El Estatuto que vamos a votar el domingo es un Estatuto lleno de ambición que pretende salvaguardar los intereses generales de los andaluces y andaluzas, y que nos sitúa en el nivel que nos corresponde por historia, por peso político, por demografía, en un lugar de privilegio. No queremos ser más que nadie, pero tampoco menos.
Siempre los socialistas hemos defendido que la reforma del Estatuto apurara al máximo nuestros derechos de autogobierno, pero que fuera respetuosa con la Constitución más larga de la historia democrática de nuestro país, la de 1978. A nuestra tierra le ha ido bien con nuestra autonomía, pues en este casi cuarto de siglo que hemos podido codecidir nuestro futuro es cuando hemos dejado atrás el subdesarrollo y nos hemos convertido, por derecho propio, en una comunidad autónoma de liderazgo en España. Estamos pues ante un Estatuto que no tiene nada que envidiar a ningún otro en materia de autogobierno, con más competencias, con los recursos financieros suficientes y con un papel institucional dentro del Estado español adecuado.
Y como nos ha ido bien con el autogobierno, ese Estatuto también recoge las competencias, algunas tan simbólicas como la gestión de las aguas del Guadalquivir que transcurren por territorio andaluz. Pero hay también nuevas parcelas de gestión autonómica, como la de los puertos y de los aeropuertos, la de meteorología o en materia de Justicia.
El domingo quedará, con el voto de todos aquellos andaluces y andaluzas, que vamos a ser muchos, consagrado un Estatuto con más autogobierno, con nuevas competencias y con más posibilidades para nosotros y nosotras.

El Estatuto garantiza el cobro de la deuda histórica

Antes de 18 meses una comisión mixta establecerá los criterios, el alcance y la cuantía que conduzca a eso que hemos denominado deuda histórica. Y que no es si no dar respuesta a lo que durante muchos años hubo de subdesarrollo, de falta de inversiones con nuestra tierra. Pero es que además el nuevo sistema de financiación que aparece en el Estatuto que votamos el domingo da un paso extraordinariamente importante en el tema de la inversión del Gobierno de la nación con nuestra tierra.
Y lo da desde el punto de vista de que durante los próximos siete años las inversiones destinadas a nuestra comunidad autónoma serán equivalentes al peso de la población andaluza sobre el conjunto del Estado. Esto nos beneficia, puesto que somos la comunidad autónoma más poblada, y necesitamos tener inversiones en torno al 18%, que es el porcentaje que tiene Andalucía respecto al resto de España en población.

Y aparte de crear una Agencia Tributaria andaluza, me parece muy importante en este capítulo de financiación garantiza no sólo la gestión económica de los fondos procedentes de la Unión Europea, si no también de los estatales que se canalizan a través de programas europeos. Estamos pues ante un nuevo compromiso en el sistema de financiación que nos va a permitir desarrollarnos más y mejor porque más son las inversiones y mejor distribuiremos los recursos nosotros, que somos los mejores conocedores de nuestra tierra.

Andalucía necesita voz propia no sólo en España sino también en la Unión Europea

Cuando aprobamos el pasado Estatuto nos quedaban muchas cosas por hacer, entre ellas formar parte de la Unión Europea. Nos habíamos dirigido allí para buscar puestos de trabajo, para emigrar, para alejarnos de nuestra tierra, nuestros familiares y de nuestra gente; hoy, 26 años después, recibimos otros y otras que vienen buscando un puesto de trabajo y formamos parte por derecho propio de la Unión Europea. Pues bien, allí queremos tener voz propia para defender nuestros intereses y para favorecer la necesaria integración de las políticas de las autonomías con las estatales y las comunitarias. Pero es que además participaremos en la formación de la opinión del Estado en los asuntos relativos a las competencias o los intereses de Andalucía, y que será bilateral sobre cuestiones que nos afecten exclusivamente. Pero aún hay más: hay que consultar al Parlamento de Andalucía previamente a la emisión de los dictámenes de Cortes Generales sobre las propuestas legislativas europeas en el marco del procedimiento de control tanto del principio de subsidiariedad como el de proporcionalidad que establece el Derecho comunitario.

El himno de Andalucía y Carlos Álvarez

Como todos sabemos, Andalucía tiene un himno propio que fue aprobado por la ley de su Parlamento y que fue un acuerdo publicado por la Junta liberalista de Andalucía en 1933. Estamos hablando de uno de los símbolos más importantes de nuestra comunidad autónoma. Cuando se escucha se siente siempre una seria emoción porque define muy bien en su letra las demandas históricas, tierra y libertad, e incluye un aspecto que va más allá de nuestra autonomía y nuestra solidaridad: por España y la humanidad.
En los años que estuve en la Delegación del Gobierno pasaron muchos intérpretes del himno, pero tengo una experiencia muy hermosa, y es la de nuestro tenor Carlos Álvarez. Estaba cantando en la Scala de Milán allá por el año 2002, le invité a que interpretara el himno de Andalucía en torno a la fecha del 28-F en el acto institucional que hacíamos en Málaga. No lo había hecho nunca, y se prestó voluntario: un buen pianista le servía para interpretarlo. Vino, lo interpretó y nos emocionó. El otro día me confesó que solamente había tenido dos momentos de nerviosismo antes de cantar en su vida: uno en la boda de su hermano y otro este día.

El Estatuto favorece el ejercicio del derecho constitucional a una vivienda digna

Vivimos en una provincia que se ha visto salpicada por unos excesos de especulación urbanística, alejándose del uso social que debe tener siempre el urbanismo. Por tanto, se construyó mucho y en algunos sitios mal. Se construyó mucho y subieron más que nunca las viviendas.
La Ley del Suelo de Andalucía obliga a que el 30% de suelo urbanizable tenga un destinatario único, aquellas personas que tienen dificultades para el acceso a la vivienda. En ese compromiso está nuestro Estatuto, y para ello pone el énfasis en velar por el uso eficiente y sostenible del suelo, a fin de evitar la especulación urbanística y la configuración de áreas urbanas y sostenibles. Este Estatuto tiene un texto extraordinariamente innovador en materia de sostenibilidad y calidad de vida, y en el que tenemos unas enormes potencialidades para un desarrollo sostenible, con energías renovables y un uso racional de los recursos tanto en el agua como en el suelo, como hemos dicho anteriormente.

Estabilidad y calidad, los retos del empleo

Desde la aprobación del anterior Estatuto hasta el día 1 se han creado en Andalucía más de un millón de empleos, y el reto que el gobierno andaluz se había propuesto para esta legislatura de tres millones de ocupados ya ha sido superado. Por tanto, estamos en una buena posición puesto que nuestro crecimiento económico ha sido superior durante los últimos 14 años a la media de España y de la Unión Europea.
La posición de la mujer en el mercado laboral ha pasado también del 19% al 41%. Pero si todo esto es verdad, no lo es menos que sigue habiendo paro y que tenemos que seguir en esta línea de modernización productiva para que la competitividad económica y el desarrollo de Andalucía pase por reducir la precariedad y la temporalidad de su mercado laboral.
El Estatuto define muy claramente políticas específicas de inserción laboral, de promoción profesional, deformación y reducción de la precariedad y la siniestralidad que tan trágicas consecuencias ha tenido. Por tanto, la salud laboral y la seguridad de los trabajadores y trabajadoras será uno de los criterios para la contratación y las subvenciones públicas según la nueva norma que vamos a someter a aprobación el próximo día 18, en el que también se escritura el diálogo y la concertación social, así como la conciliación entre la vida familiar y la laboral.
También se destaca la protección de los derechos laborales y sindicales y se pone énfasis en impulsar una ley que regule las políticas de apoyo y fomento del trabajo.

La mujer, la imagen del cambio en Andalucía

El artículo 15 de este Estatuto que el próximo día 18 sometemos a votación dice textualmente: “Se garantiza la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los ámbitos”. En el Estatuto vigente sólo había un artículo vigente a la mujer; en el actual hay 17 dedicados a apuntalar la igualdad de género. Se impone la protección de las víctimas de violencia machista, se exigen medidas de discriminación positiva a favor de las mujeres, y se exige además la paridad en las listas electorales en el Consejo de Gobierno de la Junta, en los órganos consultivos, y en todos aquellos sitios donde se tomen decisiones.
Pero si hay algo que define bien este cambio es el de la mujer. En 1986 (hace 20 años) de cada 100 adultos, 35 no sabían leer, y de ellos 25 eran mujeres. Hoy el 54% de los andaluces universitarios son féminas. Hace 25 años sólo el 13% de las casadas trabajaban fuera de casa, y ahora lo hace el 40%. Por tanto, ha cambiado el estatus social de la mujer, pero pensamos, y de ahí la apuesta estatutaria, que hay cosas todavía por hacer como son a igual trabajo igual salario, porque las andaluzas siguen cobrando un 24% menos que sus compañeros con igual cualificación, y dedican más de tres horas que nosotros a las tareas del hogar.
Así pues, a las mujeres, que son 142.143 más que los hombres en el censo andaluz, les pido especialmente el ‘sí’ en la aprobación del Estatuto, y también a todos los hombres que hemos hecho de la igualdad un hermoso compromiso.

Diario SUR

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