Efecto llamada

Calor en pleno invierno. Un fin de semana largo, con inicio de minivacaciones para los escolares, y un tiempo que invita a escapar al campo y a la playa. Es el primer puente del año y el clima dará la primera alegría al sector turístico. Con más o menos ocupación, según el segmento turístico, lo cierto es que se ha tomado la temperatura a la demanda y se ha podido comprobar como hay más ganas de salir que el pasado año. Este termómetro se generaliza a toda la oferta y pone de manifiesto que cuanto más se elaboran las propuestas de viajes más calan en los turistas potenciales. Es decir, queda claro que la situación impone vestir y revestir las estancias en los hoteles con más servicios o alternativas de ocio.

Es evidente que el sector no puede vivir de los puentes o de fines de semana con posibilidad de ser tematizados, como el de San Valentín. Pero siempre es mejor sumar y pensar que unos pocos hacen un mucho. En esta dinámica trabajan ya hoteleros de la Costa, que están convencidos de que hay que buscar turistas en mercados que están dando una buena respuesta y dejar de depender tanto de un solo país como el Reino Unido, que levanta cabeza en comunidades como la valenciana, pero que sigue resistiéndose en la andaluza.

Los primeros datos del Gobierno sobre la evolución de Andalucía en el escenario internacional advierten de que el sector no se puede dormirse en los laureles. Mientras España capta más viajeros, Andalucía reduce su cuota. Falta saber si a cambio de unos turistas que gastan más. Ojalá.

Hora de cambiar el rumbo

Dicen los hoteleros de la Costa del Sol que el invierno además de duro se está haciendo muy largo, y eso que aún queda mucha tela que cortar hasta la llegada de la Semana Santa, que marcará el pistoletazo de inicio de la temporada alta. Para colmo de males este año habrá que esperar hasta el final de abril para esta primera gran avalancha de turistas.

Mientras tanto, las semanas pasan y en la Costa se nota que hay más hoteles cerrados por temporada que otros años, con lo que eso impacta en los servicios vinculados al turismo y en la propia vida de municipios al completo. También crecen, sobre todo en Internet, las gangas para pasar unos días en el litoral malagueño, aunque de puertas para fuera el sector mantiene el discurso de que no hay que jugar con los precios. Pocos reconocen que ven en esta estrategia la única salida para dar calor a las habitaciones de sus hoteles.

Lo que sí se generaliza es la advertencia de que no se puede afrontar otro invierno así, y ya van tres. Pero los turistas no caen del cielo, por más que las aerolíneas siguen apostando por establecer vuelos directos hacia Málaga y las administraciones refuerzan las acciones de promoción directas al consumidor, a operadores y ‘on line’. Ha llegado la hora de cambiar la dinámica y pensar en clave de globalización, es decir, como un conjunto empresarial. Hay que trabajar bajo el prisma de destino y hacerlo con productos ajustados a la demanda y aprovechando singularidades como contar con una estación de esquí a poco más de una hora de la playa.

Más brillo a las playas

Las playas son el gran reclamo turístico de la Costa del Sol. Es la joya de una corona que el pasado año atrajo a 8,8 millones de viajeros, que gastaron en sus vacaciones en torno a 8.600 millones de euros. Más de siete de cada diez turistas que eligieron la provincia de Málaga para pasar unos días de asueto lo hicieron motivado por la oferta de sol y playa. Un volumen de visitantes que impone y más en unos tiempos en que hay que mimar como nunca a los viajeros.

Los más de 6,3 millones de personas que se desplazan hasta el litoral en busca de una oferta de ocio merecen contar en estas instalaciones con los mejores y más variados servicios. Por supuesto que antes que nada hay que garantizar al máximo un buen estado de las aguas que tanto ansían los turistas. Pero además hay que proporcionarles el mayor abanico de alternativas en las que pasar los mejores ratos desde los grandes hasta los pequeños. Es de agradecer el dinamismo empresarial y de determinados municipios de volcarse con nuevos proyectos con los que volver a ser pioneros en el Mediterráneo. En tiempos de crisis esta efervescencia debe contar con el respaldo siempre que todos ellos se lleven a cabo bajo el prisma de la excelencia y la calidad.

Las playas es lo mejor de la Costa y es momento de sacarles brillo y de darles nueva vida con alternativas que se conviertan para los viajeros en verdaderas experiencias junto al mar. Las normas habrá que cumplirlas pero estas no deben impedir que el litoral se reinvente al compás de los nuevos turistas.

Con el IVA al cuello

Ver para creer. En un momento en el que el consumo necesita estímulos, el Gobierno anuncia para cuadrar las cuentas una subida del IVA que deja al sector con el agua al cuello mientras el resto de competidores nadan relajados tras la reducción e incluso exención de esta tasa.

El discurso de que los ricos hagan un esfuerzo en época de recesión para garantizar las prestaciones sociales no encaja con la penalización al consumidor, más o menos acaudalado, vía IVA, que grava en uno o dos puntos, según el subsector, la factura del viajero. ¿Pero no había que estimular el consumo? ¿No sería mejor recortar el gasto y revisar ayudas que no sacan a nadie de pobre?

El sector está que trina. Lleva años pidiendo al Gobierno justo la medida contraria a la aprobada. Y las distintas administraciones, que en este caso comparten siglas políticas, aplauden la subida. Lo cierto que es que tras un duro invierno, un verano peor que el pasado, y un final de año con más sombras que luces, el incremento del IVA viene a ser la puntilla que frena la recuperación, aseguran los empresarios.

Si se atiende al significado de rico del diccionario de la Real Academia Española, el turismo no es un sector adinerado, sino una industria sólida que resiste a fuerza de sacrificios todos los envites. Tampoco son empresas opulentas, sino negocios forjados a base del trabajo de cientos de miles de empleados. Quizá sea porque encaja en la acepción de ser noble o de estimable bondad. Tanta que no se hace valer. Qué sin sentido encarecer los precios cuando no se vende ni barato. Los efectos están por ver.

A por ellos, los turistas

El turismo ha dejado de funcionar con piloto automático. Los operadores ya no llenan hoteles ni las agencias venden todo lo que publicitan en sus catálogos. Pero además tampoco las ferias o las campañas al uso tienen el impacto de antaño. Empresarios y administraciones tienen claro que hay que dar un giro. Se abre una nueva era que está marcada por las alianzas estratégicas con operadores, aerolíneas y hoteleros. La unión de esfuerzos entre distintos gobiernos, organismos y sector privado se hace imprescindible y será la clave del éxito.

Ya no es suficiente con disponer de una web, sino que es preciso tener esta página bien posicionada en los grandes buscadores. Es la época de saltar a las tan en boga redes sociales. Ahí se mueve el viajero y ahí hay que ir a buscarlo. Son los nuevos retos en los que ya se trabaja. Conviene dejar de pensar en lo mal que va todo para centrar las fuerzas en trabajar, codo con codo pero sin darse codazos, para mejorar. Si se apoya al turismo se apoya a la economía. El sector debe estar preparado para atraer y fidelizar al nuevo turista y el Gobierno debe pensar en no poner nuevos obstáculos, como gravámenes impositivos, en el camino.

La crisis ha venido a acelerar los cambios en la forma de viajar y a consolidarlos. Después de esta recesión mundial pocas cosas van a seguir siendo igual que antes, por eso hay que apostar por abrir la mente y amoldar las estructuras y los costes empresariales al viajero del siglo XXI. Los avances tecnológicos permiten ahorrar no sólo en recursos energéticos sino en la gestión integral de los negocios. Estas son las herramientas para competir. La tabla de salvación no es vender barato. Que no cunda el pánico. A por ellos: los turistas.

La evolución de las ferias

A simple vista, la sexta edición de la Feria Internacional de Turismo Cultural, que cierra hoy sus puertas, puede parecer que ha ido a menos por eso de que el número de expositores se ha reducido. Nada más lejos de la realidad. En estos eventos el tamaño no importa. Los tiempos cambian y estas muestras están abocadas a evolucionar hacia encuentros profesionales de alto nivel que sirvan a los destinos para trazar las estrategias correctas en cuanto a los productos y la comercialización de los mismos.

Nadie puede seguir pensando en mantener vivos estos eventos para que los hoteleros saluden a los operadores que les llenan las habitaciones o para firmar los contratos de temporada. En un mundo global, en el que la firma electrónica está a la orden del día y el correo electrónico ha terminado con un universo de desayunos y almuerzos de trabajo, las ferias de turismo tienen que modificar sus objetivos y dejar de ser más o menos importantes por el volumen de expositores y de metros ocupados.

No se trata de contar visitantes al peso sino de organizar encuentros profesionales de peso. Eso es lo que ha ocurrido este año con la feria de turismo cultural en la que las actividades programadas han reunido a gurús del turismo y expertos en las últimas tendencias. La pena es la ausencia notable de responsables de las administraciones y de las asociaciones empresariales durante unas ponencias en las que se dice lo que hay que decir y no lo que todos quieren oir, tal y como explicó Joan Gaspart, presidente de Husa Hoteles, tras alzar la voz contra administraciones por la gestión de la promoción y contra los empresarios por no asumir el coste de ésta como una inversión. Hay que tomar nota porque el pez que no se mueve se lo lleva la corriente.

Nueva temporada

Arranca un nuevo año académico con portátiles en las mochilas, y un nuevo curso político, marcado por el papel de Robin Hood del Gobierno de elevar los impuestos, dice que a los que más tienen para dar prestaciones a los que no disponen de ingresos. En turismo se dan los últimos coletazos a la etapa de máxima actividad en la que los objetivos se han cubierto a base de ofertas y gangas de última hora. Los empresarios se afanan ahora en preparar una temporada baja en la que más de uno patentaría el bolsillo mágico del famoso Daraemon para sacar del mismo una maquinita con la que atraer turistas.

La Costa encara con demasiadas incertidumbres una etapa en la que, además de promoción, será necesaria mucha imaginación para conseguir dar vida a unas instalaciones hoteleras en las que las cajas hacen agua y eso que acaban de saldar el verano. Septiembre ha llegado sin adoptarse ninguna de las medidas que los hoteleros querían tener ya atadas. Las semanas vuelan y el sector advierte de que las fuerzas flaquean tras un año de declive en que pocos han levantado cabeza.

Como las prisas no son buenas conviene sentarse ya a planificar una temporada baja en la que puede sorprender, o no, el impacto de los ‘brotes verdes’ de economías como la del Reino Unido o Alemania. También hay que concentrarse en el nuevo filón turístico del Plan de Turismo Senior con el que llegarán a Andalucía viajeros jubilados de países del Este que descubrirán que es posible disfrutar de la playa en la Costa cuando en sus ciudades quitan nieve cada mañana para salir de sus casas.

Oportunidades hay muchas, pero son más los frentes abiertos que se pueden zanjar para prevenir males mayores. Manos a la obra que ya hasta los niños comienzan a hacer sus deberes.

El salvavidas español

LOS españoles se han mantenido fieles a la Costa del Sol. Este verano se han convertido en la tabla de salvación de un sector que ya no está al margen de la crisis, sino que para cumplir con las expectativas ha tenido que vender en los meses de mayor actividad del año a precios de recesión. La estrategia ha sido muy meditada, pero inevitable. Los empresarios son conscientes de que con ello se aproximan más a la tempested que azota la economía española, que no consigue perder fuerza y que dejó el pasado mes de agosto a más familias de la cuenta en casa y provocó que la mayoría de las que se lanzaron a darse una escapada lo hicieran a salto de mata y hacia donde daban más servicios al menor coste.

Lo mejor es que el litoral malagueño se ha beneficiado del factor proximidad y ha cautivado a muchos de los andaluces que buscaban playas en las que sofocar el calor. También ha sido el destino de más de un ciudadano de la provincia que ha apostado por un hotel de la Costa del Sol para solidarizarse con el sector y contribuir a mejorar unas cajas de las que comen demasiadas familias en la provincia. Eso sin olvidar los clientes fieles de Madrid, País Vasco o Cataluña, que con un ajustado bolsillo han apostado a caballo ganador: la Costa, un destino en el que el descanso y el ocio están asegurados.

Superado con mejores indicadores de los presagiados los meses álgidos del turismo, el sector encara septiembre como una asignatura difícil de aprobar y a la que para colmo de males se le ha sumado el adelanto del curso escolar, una medida que condiciona la salida de quienes acostumbraban a salir en esta primera quincena. Sin embargo, es mejor no adelantar acontecimientos. Como en la vida misma, siempre hay un lado positivo. La esperanza está en el salvavidas español.

Con la miel en los labios

NO es la primera vez que el Gobierno celebra un Consejo de Ministros monográfico sobre turismo, pero sí que se pone tanto dinero en juego. Esta industria es en la actualidad la piedra angular de la economía española y la que apuntala el mercado de trabajo. Algo así han debido entender en el Gobierno cuando han aprobado un paquete de medidas por valor de mil millones. Lo que parece que no ha llegado a calar es que Andalucía es el primer destino turístico para los viajeros españoles, esos que salvan esta temporada y de las pocas zonas españolas que mantiene la mayor parte de su oferta abierta todo el año. La reflexión viene a cuento de que de este mil millonario presupuesto, cien millones nacen con el nombre de ir destinados en exclusiva a Canarias y 78 millones a Baleares, comunidades que también se beneficiarán del resto de ayudas del plan aprobado en el Consejo de Ministros. Se echa en falta una partida propia para Andalucía. Al menos la Costa del Sol, por eso de ser un destino maduro, consiguió ser mencionada en el Consejo.

Quizá el Ejecutivo no está al tanto de que si el año pasado por estas mismas fechas esta columna arrancaba asegurando que julio se despedía con más gloria que pena, en esta ocasión se invierte la frase. Si por aquel entonces se advertía de que la recta final del año se perfilaba más empinada que la subida a Alpe dHuez, la de este periodo, aún con la experiencia de haber escalado este pico sin morir en el intento, se presenta con un nivel de altitud que ya provoca desmayos. El sector ya ha lanzado sus primeras propuestas, pero visto lo visto, se requiere más vehemencia. La hoja de ruta hay que marcarla por nuevos derroteros para que los empresarios andaluces no se vuelvan a quedar con la miel en los labios.

Sin levantar cabeza

Fue en junio de 2008 cuando la cacareada crisis económica empezó a dejar huella en el turismo, que hasta entonces daba muestras de ser una isla ajena a los vendavales que sacudían ya a sectores fuertes como la construcción o la industria del automóvil. Desde entonces, y ya superado el ecuador de la primera avalancha de turistas del año, los empresarios de todas las industrias relacionadas con el turismo no han levantado cabeza. El verano tampoco ha conseguido animar en los niveles acostumbrados al destino Costa del Sol, y eso que es uno de los mejor parados en comparación con los batacazos que registran zonas líderes como la islas Canarias y Baleares o Cataluña y la Comunidad Valenciana. Sin embargo, no conviene caer en el dicho de que mal de muchos consuelo de tontos. No es el camino.

La ruta hay que volverla a trazar. Ya no se sabe ni cuántas veces en el último año el sector se ha visto obligado a dibujar nuevos escenarios en los que siempre se repite el fondo gris de la incertidumbre permanente.

Julio, agosto y septiembre están marcados por los profesionales como los meses en los que es imprescindible recuperar la actividad perdida para enjugar las pérdidas acumuladas. La primera quincena de julio ha encendido las alarmas. La respuesta de españoles y de los extranjeros es inferior a la esperada, a pesar de que la barrera se había bajado a los niveles del pasado año en los que ya se registraron descensos, no como los actuales, sobre el ejercicio anterior.

No hay tiempo que perder. Así lo entiende el sector, que ya se ha puesto manos a la obra para reclamar las ayudas que consideran vitales para mantener abiertos los negocios este invierno. Las respuestas deben ser también rápidas porque de no actuar, lo peor para la economía local y andaluza estará por llegar.