Volver para disfrutar la vida del barrio

(“Iglesia de San Lázaro” Sketch urban de Luis Ruiz, en Flickr)

Está socialmente comprobado: la capacidad de atracción de la Victoria aumenta conforme más años pases alejado de su ajetreado ritmo cotidiano. Forma parte de nuestros genes y su falta puede causar melancolía y tristeza.

Ese sentimiento no tiene nada que ver con los PGOU y planes parciales. Más allá de equipamientos siempre escasos y de servicios demandados siempre, el barrio tiene algo que nunca podrán incorporar los políticos: vida.

Parafraseando a Cela, si mal no recuerdo, paseando por una playa de Málaga, ¿se vive bien en la Victoria? ¿No se va a vivir bien? Si es donde vienen a morir los extranjeros. Y así es como una riada de “extranjeros” nacidos en el barrio que por circunstancias lo abandonaron buscando “el Dorado”, vuelven con canas y arrugas a disfrutar de esa vida, a recordar su infancia. Vuelven del Cerrado, del Cónsul o de Madrid y Almería, a reencontrarse con sus amigos de la calle. No vuelven para sacar el Martes Santo a la Virgen del Rocío y darse una “sobredosis” de barrio, vuelven para quedarse y sentirse victorianos hasta el fin de sus días.


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Diario SUR

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