Ofú
Si la única patria del hombre está en su infancia, Paki y Rafa son monarcas de un vasto imperio. Su trono es de cartón; sus armas, cucharas de madera; sus coronas, estrafalarios sombreros y su ejército, un batallón de soldados que no levantan un metro del suelo. Da igual. Mejor, incluso. Porque su reino no es de este mundo. Está en la cabeza de quienes los observan con ojos y bocas como platos. Hambrientos de historias, de leyendas, de imágenes que no tienen delante pero están ahí. Existen. Sólo hay que dejar de pensar. Creer. Convencerse de que la vida diaria esconde lugares alucinantes, personajes fantásticos. Magia. Esta semana, Paki y Rafa nos recuerdan que la justicia siempre tarda y a veces llega. Ellos han enseñado a soñar a cientos de niños en la librería Li-bri-tos. Cada sábado a mediodía, sus funciones se transforman en una fiesta. Nadie sabe cuántos lectores presentes y futuros, cuántos amantes de la literatura, del cine o de la música les debemos. Ni cuántas sonrisas. Ni cuántas preguntas necesarias pero incómodas para los mayores, que nunca entienden nada. La onda expansiva de la risa, el rumor de su fantasía inagotable, ha llegado a los oídos de los gestores del Teatro Cánovas, que con buen ojo han fichado a esta pareja de actores malagueños para estrenar un ciclo de cuentacuentos en la Sala Gades, su espacio alternativo. Paki y Rafa son la cara, la voz y el alma de la compañía Ofú-Teatro. Buen nombre. Y buena suerte.
Una pizca de suerte hay que incluir en la receta para convertirse en Capital Europea de la Cultura. Tampoco hay que desdeñar ingredientes como el trabajo, la diplomacia y el sentido común, pero no nos desviemos. Iba el asunto por la carrera hacia la distinción comunitaria. Sigamos. Resulta que el Ayuntamiento anuncia ahora el (re)nacimiento de la fundación que debe encauzar el proyecto. Hace casi tres años ya dijeron que los estatutos estaban redactados, luego cambiaron la fundación por la Oficina para la Capitalidad, más adelante nombraron como asesor a José Francisco Martín del Pozo (cuyo trabajo, por cierto, está dando muchos y buenos resultados) y ahora regresan a la fundación. Dicen que es el momento. Además, quieren incluir en esa institución a entidades públicas y privadas de la ciudad, desde Unicaja y la Confederación de Empresarios hasta la Junta, la Diputación o la Universidad. En estos casos, se entiende que el ‘compromiso’ también es presupuestario, faltaría más. Renace la Fundación Málaga 2016 y el gobierno municipal anuncia otro fichaje: el gestor galo Paul Chevillard, quien debe concretar y redactar la candidatura malagueña.
Y aquí surge una duda. Se supone que para esos menesteres, el Ayuntamiento ya había embarcado a cinco notables de la sociedad local: el arquitecto Salvador Moreno Peralta, los catedráticos Rosario Camacho y Pedro Rodríguez Oliva, el abogado y artista José Manuel Cabra de Luna y el también letrado José María Davó. Cada pocas semanas, en la mañana sabatina (como los cuentacuentos de Paki y Rafa, pero bastante más temprano) han acudido a la Casona del Parque para poner en común sus ideas con los responsables municipales. Llevan casi dos años de reuniones y guardan celoso silencio sobre las conclusiones a las que han llegado. O no.
Ahora entra en escena Chevillard, encargado de dar forma al proyecto. Otras ciudades que compiten con Málaga han encomendado esa misma función a profesionales más que reconocidos en el mundillo cultural patrio. Santander ha fichado a Rafa Doctor, ex director del Musac leonés y responsable de la pasada (y exitosa) Noche en Blanco madrileña. San Sebastián cuenta con Santi Eraso, antiguo director de Arteleku y prestigioso promotor cultural. Dan ganas de suspirar. Ofú. El nombre de Chevillard, la verdad, nos suena menos. Habrá que esperar. El resultado de sus acciones dictará si la decisión y la inversión (de entrada, 50.000 euros) han merecido la pena.

