Lunar
Hace unos días, alguien con muchos estudios en la NASA pulsó un botón. Y la sonda espacial ‘Lcross’ salió disparada a 9.000 kilómetros por hora, perforó la superficie del cráter Cabeus, confirmó la existencia de agua en su interior y nos dejó a todos mucho más tranquilos. Sucedió en la Luna, creciente en el cuarto cultural de la semana.
Proyecto Lunar. Es el nombre entre lírico, metafísico y marcial que las consejerías de Innovación y Cultura le pusieron hace ya varios años a una iniciativa que pretende convertir las (buenas) ideas culturales en (buenos) negocios. En Málaga, el asunto ha cuajado en La Fábrica de las Ideas, un espacio en el que se han instalado cuatro compañías jóvenes y locales dedicadas a vivir de su creatividad y su esfuerzo: REA Danza, Antena Music, Haimakeh Production y La Habitación de Kate. En La Fábrica viven esta cuatro y reciben asesoramiento otras 18 firmas. Tienen trabajo por delante los astronautas del Proyecto Lunar. Veamos el Directorio General de Empresas del INE (está en la web del Ministerio de Cultura, www.mcu.es). El año pasado, Andalucía acogía el 11,4% de las empresas culturales del país. El porcentaje es el mismo que en 2004, baja dos puntos respecto al año anterior y representa la mitad (o menos) de las cifras ofrecidas por Madrid o Barcelona. Habrá quien esgrima que, con las mismas tablas en la mano, el número de empresas culturales ha crecido en Andalucía desde que se puso en marcha el Proyecto Lunar: de 6.772 se ha pasado a las 8.014 censadas el año pasado. De acuerdo. Pero en cuatro años, Andalucía no ha variado su aportación al conjunto nacional en este aspecto. Cierto que ninguna comunidad ofrece cambios notorios en este periodo. Mal de muchos. Además, el Proyecto Lunar da un servicio necesario, se centra en el asesoramiento y, al final, su apoyo puede no ser suficiente para que una empresa se mantenga a flote. Y menos con la que está cayendo. Lógico. Pero el balance deja poco espacio para lanzar las campanas al vuelo. Aunque el vuelo sea espacial.
El Proyecto Lunar también participa en el Festival de Cine Fantástico, que estos días celebra su edición número 19. El satélite blanquecino protagoniza además un ciclo de proyecciones del certamen, que a duras penas logra la visibilidad que bien podría merecer su completa agenda de actividades. Ramón Reina es el encargado de insuflar vida a este encuentro. Él y su exiguo equipo se esfuerzan por ofrecer propuestas interesantes en cada edición. Casi siempre lo consiguen. Este año se les cayó del cartel Max Von Sydow. Lástima. Vino en su lugar Susan George. Bueno. Fancine es una apuesta de la Universidad y en ella participan la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento; sin embargo, para contar sobre el papel con tanto apoyo institucional, la repercusión del festival resulta, como poco, mejorable. Y es una pena.
Y de un festival a otro. De una pena, a una esperanza. O una extrañeza. O ambas. Resulta que uno de los mandamases del Ministerio de Cultura en política cinematográfica defiende que el escaparate de la industria nacional debe ser el Festival de Málaga. No el de San Sebastián. Ni el de Valladolid. Ni el de Huelva. Ni el de Sitges. Aunque todos esos vayan por delante en la asignación presupuestaria de su departamento. Entre el millón de euros que se deja en Donosti y los 50.000 que afloja en Málaga media un abismo demasiado evidente como para salvarlo con buenas intenciones. El mensaje tiene un valor estratégico innegable. Se agradece. Pero los escaparates se pagan. Y aquí, las cuentas de Cultura dejan un borrón. Un lunar.
Foto: Salvador Salas.

