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Fecha: marzo 9, 2014
Ellas
Antonio Javier López 09-03-2014 | 6:20 | 0

Las Buhoneras, en el CAC Málaga. Carlos Moret

Mi tío Paco me contó una vez que Matías Prats padre dijo durante una retransmisión en directo de un partido del Málaga que el balón había salido fuera de banda «a la altura de donde se sientan las encantadoras señoritas Mato». Eran mis tías abuelas, que encendían el cigarrillo, el coche y la grada cuando no era demasiado habitual que tres señoritas solteras regentaran un negocio solas, por su cuenta y riesgo. En aquella zapatería de la calle Caldelería se han quedado a vivir algunos de los recuerdos más hondos de mi infancia. Y me han costado algunos años y muchas tonterías caer en la cuenta de uno de los mayores privilegios de mi niñez: tuve la suerte de crecer rodeado de mujeres. Mi madre y mis hermanas, mis tías, abuelas y mis tías abuelas. Mujeres que trabajaban dentro y fuera de casa, cuya mayor demostración de fuerza era su jornada diaria, sin aspavientos. Mujeres que ahora tienen un día internacional como una excusa para detenerse un minuto a pensar. Y a mirar. Porque hay mujeres incluso más allá del Festival Miradas de Mujeres que se celebra este mes en todo el país y que tiene en la provincia su sede más boyante de la región.

Mujeres como Alba Blanco y Laura Brinkmann, que convierten su estudio de trabajo, Procesos Cruzados, en un nuevo espacio expositivo en la ciudad. Lo estrena Violeta Niebla con una exposición que es una delicia. La guinda de un edificio convertido en tarta artística, con Gravura como masa y base. Gravura, que también estrena proyecto esta semana. Gravura, con Paco Aguilar flanqueado por Marian e Inma. Más mujeres. Los palos que sostienen esa vela de papel grabado al que después de casi tres décadas por fin le han colgado una medalla. Otras mujeres, otros premios. Como exponer en un centro de arte. Las Buhoneras en el CAC con una propuesta muy chula y muy loca. Como ellas.

Alba y Laura, Inma y Marian, Las Buhoneras… mujeres además del Festival Miradas de Mujeres. Mujeres en el MaF, el invento del Festival de Cine para calentar el ambiente cultural en la ciudad unas semanas antes del certamen cinéfilo. Y a fe que ha conseguido la implicación de creadores visuales, músicos, escritores y poetas (ojo a Irreconciliables, previsto para la semana entrante) y colectivos diversos. El MaF ha obtenido esa complicidad generalizada no sólo pidiendo, sino también ofreciendo. Junto con las ayudas a la producción de películas previstas por primera vez en el festival, el MaF arrima el hombro (incluso algunos euros) en las propuestas que nutren su agenda. Un cambio más que significativo en un evento que primero dejaba la impresión de paracaidista extractivo para luego pasar a un estado semicomatoso, ensimismado en el chillerío adolescente como patente de corso y banda sonora. Ahora el festival parece lograr lo que no había conseguido –o ni siquiera buscado– en sus dieciséis años anteriores: la identificación de buena parte del sector cultural y del público de la ciudad.

Y justo ese proceso le queda por cumplir a la institución sociocultural más vetusta de la provincia: la Sociedad Económica de Amigos del País, a la que le ha faltado economía y le han sobrado amigos interesados. Después de 225 años de historia y de su vergonzante cierre por falta de financiación –para sus responsables no fueron suficientes los 20.000 euros anuales ofrecidos por Unicaja–, la Económica renueva su directiva y regresa a la agenda cultural con una exposición y un ciclo de conferencias. Por lo visto, guardaban un pellizquito. Además, en las incorporaciones a su junta rectora asoma un acercamiento a la Diputación y el Ayuntamiento capitalino, más proclives a subirse al barco del antiguo Consulado del Mar. El edificio es de la Junta de Andalucía, en cuyos despachos se barrunta la posibilidad de enajenarlo. La Económica puede ocuparlo mientras exista como entidad y mientras garantice su conservación, pero en este lamentable guirigay asoman motivos más allá de la custodia del patrimonio: dentro del socialismo –por llamarlo de alguna manera– andaluz, los de la Económica son montescos y los de la Junta, capuletos. Y aquello terminó regular. Así que en la Económica han debido pensar que si no se llevan bien con la familia, mejor arrimarse a la familia política.

Aunque lo que de verdad mola es crecer rodeado de mujeres.

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