Diario Sur
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Presente
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Antonio Javier López | 24-05-2014 | 18:28

Ahora que la vida se ha convertido en un ‘selfie’ podemos relajarnos y disfrutar. Ya no hay que ser, sólo estar, parecer, aparecer, estar presente. ‘The artist is present’, la performance de Marina Abramovic elevada a mito contemporáneo. La creadora serbia emana la fascinación de los iconos vivientes, de la obra original. Hace una semana hubo en la ciudad un debate sobre Estética. No se asusten, el asunto quedó acotado a una sala de museo. Allí, el catedrático José Jiménez aportó un diagnóstico fascinante: no vamos al Louvre a ver la Gioconda, vamos a confirmar que la Gioconda existe. Y un barrunte parecido debieron de sufrir quienes guardaron cola durante horas a las puertas del CAC Málaga para asistir a la inauguración de la muestra de Marina Abramovic. No acudieron a ver su obra, esa estará allí hasta finales de agosto, de martes a domingo, gratis total. Fueron a verla a ella, a comprobar que existe y a dar fe con sus cámaras y sus teléfonos móviles. Y casi dan ganas de volver a Baudrillard y la mercantilización del signo, de buscar en la leonera del estante ‘La pantalla global’ de Lipovetsky y Serroy. O mejor lo dejamos, que hoy ya tienen bastante con las elecciones europeas.

Volvamos con Marina Abramovic en medio del tumulto. Más de dos mil personas en una inauguración. Casi una performance. Abramovic ha convertido su mera presencia en objetivo artístico y de deseo para miles de seguidores que se acercan a ella como a los ídolos de la música o el deporte. Cuentan que se fletaron autobuses desde Granada para ver a la artista. Ella estaba presente y eso era más que suficiente. En rigor, la auténtica apuesta del CAC Málaga residía justo ahí, en el advenimiento de Abramovic durante unas horas, a modo de pequeña performance en sí misma. La exposición juega esa baza mitómana, ofrece mobiliario a modo de instalación, brinda las proyecciones de varios vídeos y documenta con fotografías algunas de sus acciones más célebres, una suerte de ‘Grandes éxitos de Marina Abramovic’ que encuentra su epicentro emotivo en la presencia de la artista y en la posibilidad de contemplar de cerca el trabajo de una creadora convertida en icono. Lo dice la revista ‘Time’.

Lo vivido el viernes con Marina Abramovic en el CAC Málaga sublima hasta el paroxismo lo ya visto en el antiguo mercado con los hermanos Champan, Miquel Barceló, Tracey Emin o Gilbert & George. Su fama les precede y les basta para presentar una propuesta de carril que aún así logra una resonancia mediática extraordinaria. La onda expansiva supera con creces el impacto objetivo del asunto y ambas partes parecen salir ganando en un escenario global de memoria de pez, a menudo más atento a la foto, la firma y el ‘selfie’. Eso no debe hacer olvidar que el CAC Málaga ha ofrecido exposiciones de gran calado, sobre todo por el hecho de haber sido capaz de programarlas en una institución con menos de diez años de actividad instalada en una ciudad periférica ajena hasta entonces al circuito del arte contemporáneo. Los proyectos en torno a Louise Bourgeois, Alex Katz, Gerhard Richter, Neo Rauch o incluso Anish Kapoor y William Kentridge no encontraron una hilera de espectadores perdida hasta el puente de la Aurora, pero brindaron una oportunidad magnífica para asomarse al trabajo de esos autores desde perspectivas poco transitadas hasta entonces.

El reverso de esa moneda es lo visto esta semana. En la culata del CAC luce una nueva muesca populosa y mediática. Sería demasiado cándido intentar regatear la trascendencia de operaciones como esta en el actual sistema del arte, como también resulta irrefutable que Abramovic reserva el trabajo que le ha valido la fama planetaria y un lugar en la historia del arte contemporáneo a instituciones como el MoMA neoyorquino o la Serpentine londinense, donde iniciará dentro de sólo tres semanas una nueva performance de 512 horas de duración.

Esa no es aún nuestra liga, pero ya es nuestro deporte. Estamos presentes.