img
Etiquetas de los Posts ‘

“Academia de Bellas Artes de San Telmo” “Sociedad Económica de Amigos del País” cultura Málaga

Informe para una Academia
Antonio Javier López 22-02-2015 | 1:40 | 0

José Manuel Cabra de Luna, al frente de la Academia de San Telmo. Carlos Moret

Hace ahora veinte años, José Manuel Cabra de Luna escribía en estas mismas páginas: «Málaga precisa de los centros generadores de cultura con la misma necesidad con que requiere de los puentes, los pantanos o la autovías. En ciudades como la nuestra la cultura ha de contemplarse también como una infraestructura productiva». José Manuel Cabra de Luna, abogado y coleccionista de obras de arte, creador él mismo de espíritu renacentista, firmaba el 23 de junio de 1995 el artículo ‘Autovías, pantanos, museos y otras infraestructuras’. Lo hacía para dar cuenta del nacimiento de la asociación que reclamaba para la ciudad una Facultad de Bellas Artes y un Centro de Arte Contemporáneo. Lo hacía, recordemos, en 1995, cuando aún faltaba mucho para parecer tan encantados de habernos conocido como nueva potencia cultural. Al fin y al cabo, desde aquella reivindicación venida de lejos hasta que abrió sus puertas en un aulario de prestado la Facultad de Bellas Artes pasó justo una década. El centro de arte contemporáneo tardaría ocho años en llegar.

A Cabra de Luna hay que alabarle un gusto siempre exquisito, como su conversación y su trato. Hay que reconocerle también su fotofobia sincera a la hora de medrar por un puesto al calor del foco público, lo que no le ha impedido, más bien todo lo contrario, trabajar para la consecución de diversos proyectos en favor de la ciudad, de su ciudad, a la que sirve con afán más demostrativo que posesivo. A Cabra de Luna le han tirado los tejos desde la política muchas (muchas) veces, las mismas que ha declinado la invitación con firme elegancia. La misma, también, que esta semana le ha llevado a sostener: «Una academia no es un grupo de amigos que se reúne».

Lo decía Cabra de Luna el día después de convertirse en presidente de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, una institución con 166 años de antigüedad que ahora busca nuevos bríos. Y quiso la casualidad, o la pura justicia poética, que las elecciones para la renovación de la Academia de San Telmo se celebraran en la sede de otra institución centenaria bien necesitada de ese mismo impulso renovador: la Sociedad Económica de Amigos del País.

El respeto intelectual que merecen los integrantes de ambas instituciones, incluso el afecto personal desarrollado hacia muchos de ellos, no debe ser impedimento –quizá constituya, justo, un argumento más– para constatar el paulatino alejamiento de la Sociedad Económica y de la Academia de San Telmo respecto a la vida cultural de la ciudad. Un activismo que pretende recuperar la nueva junta presidida por Cabra de Luna, que ya tiene experiencia en comerse marrones más o menos similares.

Al fin y al cabo, fue a él a quien llamó el Ayuntamiento de Málaga cuando tocó liquidar la fundación encargada de manejar aquella más que mejorable candidatura local para ser Capital Europea de la Cultura en 2016. Justo el año que viene. Y parece que fue hace un siglo. O dos. Como aquellos años en los que uno tenía que echar mano de la Sociedad Económica para ver, por ejemplo, aquellas figuras yacentes de Jesús Marín hechas con jirones de neumáticos, sus siluetas en llamas trazadas en una habitación a oscuras. Marín ahora enseña Escultura, justo, en la Facultad de Bellas Artes de Málaga. Esa que reivindicaban hace dos décadas desde las páginas de este diario.

Cabra de Luna se pone al frente de la Academia de San Telmo de la mano de gente como Rosario Camacho, Ángel Asenjo o Francisco Carrillo. Y suena bien. Comparten con el resto de la nueva directiva  el reto de devolver la Academia a un activismo cultural que parecía haber olvidado. Quien lo conozca seguro que intuye un plan bien trazado por su parte, un ‘Informe para una Academia’, por recordar aquel cuento de Kakfa en el que un mono amaestrado llegaba ante el sanedrín para contar su extraño caso desde la jaula hasta el aula. Y, al final, el mono confiesa: «Si de un vistazo examino mi evolución y lo que fue su objetivo hasta ahora, ni me arrepiento de ella ni me doy por satisfecho». Y parece escrito por –y para– Cabra de Luna.

Ver Post >