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“Alianza Francesa” cultura Málaga cine arte exposición “La Térmica”

Alianza
Antonio Javier López 08-11-2015 | 2:20 | 0

No lleven a los niños a la exposición de Antoine D'Agata. Francis Silva

Toda la mañana pretendiendo la ficción, y al releer te sale la memoria. Ahora no es por la mañana, ya es noche cerrada aunque a estas alturas de la tarde, hasta hace apenas un par de semanas, aún entraba claridad por la ventana de la Redacción. Eso también es memoria, como la que trae la frase del principio, escrita por la poeta Elena Medel no sé cuándo. Lo sabe la pantalla del móvil después de acariciarla durante un rato, de arriba abajo, con la yema del pulgar, como a una lamparita mágica. «Elena Medel (@MedelElena) twitteó a las 4:29 PM on mié., oct. 14, 2015: Toda la mañana pretendiendo la ficción, y al releer te sale la memoria». Y a siete personas les gusta eso.

A estas líneas les pasa algo parecido a menudo. No es que busquen la ficción –aunque esta semana andaban intrigando con las confesiones entre García Márquez y Kapuscinski a cuenta de lo inventado en sus crónicas–, pero se acaban encontrando, casi siempre, con la memoria. La mía desemboca en un piso estrecho de un edificio viejo de una callejuela perpendicular a la calle Larios, entre mesones con sillas oscuras en la puerta y bizarras escenas de caza en los cuadros colgados en el interior de los salones. Un par de tardes por semana, subía aquella escalera en espiral y me sentaba en una silla con tabla para escribir como salida de una ortopedia con poco sentido del humor. En mi cabeza, en mi memoria, la Alianza Francesa sigue allí. Así que allí me he ido en varias ocasiones durante los últimos meses, cada vez que nos han convocado para una exposición, una conferencia o alguna otra cosa en su nueva sede de la calle Beatas, a la que llego como el viejo que no reconoce la casa del pueblo convertida en alojamiento de turismo rural.

De la mano de su nueva sede, pero sobre todo de un impulso renovado, la Alianza Francesa se va erigiendo en eso que llaman un «agente cultural». Lo lleva siendo desde más de dos décadas, si bien ahora toma el primer plano de la agenda y de los focos. Ahí estaba el viernes el estreno de la edición número 21 de su Festival de Cine Francés con el glamour de la alfombra roja y la sonrisa de Lola Dueñas. El día antes, la Alianza participaba en la primera exposición en España de Antoine D’Agata, el fotógrafo de Magnum no apto para mirones milindrosos. Putas, yonquis, inmigrantes y otros paisajes desolados en La Térmica, donde la Alianza Francesa ha encontrado calor cómplice después de presentar allí la encantadora muestra sobre Mafalda procedente del Festival de la Historieta de Angulema.

La Alianza salta de las exposiciones a las representaciones teatrales, del Albéniz al Pompidou, donde este año estrena en su festival una sugerente sección de documentales venidos del otro lado de los Pirineos. Por cierto que el papel de la Alianza no es nada desdeñable en el desembarco del Pompidou, por más que sus representantes hayan optado hasta la fecha por un discreto y elegante segundo plano. Y justo por ahí asoma uno de los peligros en la creciente y atractiva presencia de la Alianza Francesa en la cartelera cultural de la ciudad: la tentación de convertirse en una nueva covachuela de amiguetes para darse coba los unos a los otros y, de paso, hacer negocios.

Y en esa sombra no se esconde una ficción. Es la memoria.

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