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“CAC Vélez-Málaga” arte exposición Málaga cultura

En las afueras
Antonio Javier López 08-03-2015 | 1:20 | 0

Escultura de Paloma Navares expuesta en Vélez.

Puede que no tuviera la irrefrenable intensidad de un flechazo. Ése sucedió en la galería de Alfredo Viñas hace ya siete años. Aquellos angelitos blancos sin ojos, aquellas escaleras hacia ninguna parte… Un teatro de sombras cuyos hilos movía Chema Cobo, que meses después presentaba en el CAC Málaga ‘Out of frame’, un título fiel a la polisemia de su propia obra. La fórmula puede traducirse como ‘Fuera del cuadro’, aunque también alude a lo que sucede más allá de los márgenes del marco de una pintura o de la captura de una imagen digital (un ‘frame’). Porque en las obras de Chema Cobo lo que no se ve, lo que sucede fuera del cuadro, resulta tan importante como lo que sí se ve. No se trata de un truquito de mercachifle de la cosa del arte. Pueden visitar ‘Neightbours II’ en el CAC Málaga y comprobarlo. Hay un cuadro suyo.
Ahora el marco de la atención cultural en la ciudad parece perfilado por el perímetro del Cubo del Pompidou. Y en las afueras de ese foco y del mapa capitalino aparecen esta semana propuestas más que sugerentes. El Museo del Grabado de Marbella estrena un amplio proyecto en torno a Manolo Millares y el Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga presenta una colectiva sobre mujeres artistas con piezas de Marina Abramovic, Cindy Sherman, Paloma Navares, Carmen Laffón o Soledad Sevilla. Y no se trata sólo de aferrarse al clavo ardiendo de los nombres, porque hay buenas, por momentos muy buenas piezas. Y guiños para mitómanos. Por ejemplo, el vídeo de Abramovic que ahora puede verse en Vélez es la matriz de una de las fotografías (un ‘frame’) incluidas en la mediática antología que el CAC Málaga dedicó a la creadora serbia hace casi un año.
Un año. Siete. Siete años de Chema Cobo en Alfredo Viñas, casi siete también de Paloma Navares en la Galería Isabel Hurley, que se presentaba en sociedad en pleno erial de la crisis con las esculturas de Navares. Pétalos que parecen cuchillas. También en Vélez pueden ver una escultura suya, la deliciosa ‘Rojo de buganvilla. Heridas de amor. A Stefan Zweig, Kostas Karyotakis y María Polidori’ (2005).
Porque hay obras que son poemas desde el título. Y justo a eso se dedica el nuevo número de ‘Litoral’, a los poemas pintados, a los cuadros con versos. ‘Litoral’ sigue creciendo en las afueras de la grandilocuencia vacua, al margen del desafecto institucional que le debe dinero y más de una explicación. Una revista que no es una revista, sino un objeto, un seductor fetiche capaz de hacer salivar a los amantes de la belleza como al perro de Pavlov. Lanza ‘Litoral’ esta semana su número 258 como un mensaje en una botella en medio del océano de la farándula y del mal gusto. 258 milagros de ‘Litoral’, 258 exorcismos contra los demonios de la tecnología.
Un progreso que parece dejar fuera de las costumbres la manía de comprar discos. Pero ahí sigue Candilejas, al menos por ahora. Hasta que llegue la literal orden de desahucio sigue José Antonio Castañeda amarrado al mostrador de Candilejas como un capitán a su barco. Y en medio del naufragio, los músicos se afanan en sus conciertos. Porque las discográficas, quizá más que la piratería, han logrado que les salga más a cuenta vender una entrada que un disco. Y por aquí entre dos fines de semana han pasado Miguel Poveda, Ismael Serrano, Joaquín Sabina, Jorge Drexler y Kiko Veneno. Lo han hecho en teatros municipales y en salas privadas, en polideportivos y localitos. Lo han hecho, en muchos casos, en polígonos y salas perdidas de la mano de Dios, gracias a Dios. Y una ciudad que suma esa banda sonora en un rato de calendario merece un voto de confianza. Como ese amigo que dice que se muda a las afueras.

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