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“Cementerio Inglés” “Cementerio de San Miguel” Málaga patrimonio cultura

Tus muertos
Antonio Javier López 10-05-2015 | 1:20 | 0

Tumbas con cemento por encima junto a las que conservan las conchas en el Cementerio Ingles. Juan Miguel Pérez

Hay una camiseta blanca, quizá sepia, en el fondo de algún armario como superviviente de las mudanzas y del paso del tiempo, de las jornadas de limpieza y del olvido. La compré hace casi veinte años (¿veinte años?) en París y tiene mal estampada en la pechera una imagen de la tumba de Jim Morrison en Père Lachaise. Allí esperan tumbados a la eternidad Balzac y Bizet, Isadora Duncan y Delacroix, Edith Piaf y Modigliani, Wilde y Proust, María Callas y Georges Perec. Y nada de eso importaba al final de la larga Rue de la Roquette coronada como un Alpe d’huez adolescente. Llegar sin resuello a la tumba de Jim Morrison cuando tu clase hace cola bajo la torre Eiffel, dejar un paquete de tabaco y una botella de vino del supermercado junto a la piedra gris donde hay velas y poemas y flores y frases escritas en idiomas increíbles.

El Cementerio Inglés, también el de San Miguel, podrían ser nuestros Père Lachaise. Lugares hermosos con parques y lápidas y personajes históricos y con historias, con jardines y silencio como máquinas del tiempo detenido en medio del ruido y la furia del cemento y el asfalto de la ciudad. El Cementerio Inglés y el de San Miguel podrían ser un lugar de peregrinación donde escuchar cómo Trinidad Grund quiso ser enterrada allí con el mismo vestido y el mismo abrigo que llevaba puestos durante el naufragio en el que murieron sus dos hijas, la recacha donde admirar la tumba de los Heredia-Livermoore esculpida por el mismo artista italiano escogido por Napoleón para pasar a la posteridad, el parque donde aprender que el General Torrijos reclamó el orgullo militar de ser él mismo quien diera la orden de abrir fuego frente al pelotón que le iba a fusilar en la playa de la Misericordia junto a hombres como Robert Boyd, «héroe romántico» según su lápida, que mira hacia media docena de enterramientos en el suelo donde antes había conchas marinas y ahora cemento blanco.

El Cementerio Inglés tardó demasiado en ser declarado Bien de Interés Cultural y ahora sabemos que tampoco ha servido de mucho para ponerlo a resguardo de quienes lo cuidan. Quienes gestionan el cementerio no se han encomendado ni a Dios ni al Diablo antes de echar unas cuantas capas de cemento sobre media docena de tumbas del XIX. Tienen entre manos un Bien de Interés Cultural, así que tendrían que haber presentado un informe donde se explicase qué iban a hacer, cómo iban a hacerlo y qué materiales pensaban usar por el camino. Esperar el dictamen de la Comisión Provincial de Patrimonio y obrar en consecuencia. Pero no. Pensaron que todo aquello era mucho lío, que las tumbas estaban hechas polvo y que para ayer ya era tarde. Incluso en el peor de los calendarios posibles en una administración pendiente del cambalache de votos en Sevilla, el trámite administrativo más largo habría sido más corto que el tiempo que esas tumbas llevan rotas. El mismo día que se daba cuenta en estas páginas de la intervención en el Cementerio Inglés se presentaban los técnicos de la Junta de Andalucía para detener la chapuza, los rectores del camposanto admitían que se habían pasado de frenada y el asunto empezaba a reconducirse.

Queda la sensación de que el patrimonio se custodia casi siempre a posteriori. Llega de nuevo estos días la certeza de que faltan sensibilidad en los despachos y recursos a pie de calle para que esta tierra no deje morir su único edificio renacentista (el Convento de la Trinidad); para que a cada poco no haya que reponer la valla insuficiente que intenta proteger el asentamiento fenicio de donde venimos todos los de por aquí (el Cerro del Villar); para que no hagan la cobra en el Ayuntamiento siempre que se les pregunta cuánto dinero dedican a la recuperación de nuestra única necrópolis del XIX conservada en su integridad (el Cementerio de San Miguel); para que alguien muestre algún reparo por haber ensolado una tumba de mediados del XIX.

Y si apenas dan para buscar turistas y euros, también los tienen ahí. Sólo tienen que cuidar un poco a sus muertos, que también son los tuyos.

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