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“Feria del libro” Málaga cultura literatura libros

De libro
Antonio Javier López 04-05-2014 | 4:20 | 0

La Feria del Libro, bien concurrida el primero de mayo. Carlos Moret

Tiene la ciudad –todas las ciudades, supongo, pero esta me pilla más a mano– una ‘intelligentsia’ más o menos cultural aquejada de cierto trastorno bipolar como de maltratador agazapado, con su ‘te pego porque te quiero’ y otros argumentos por el estilo. Gente que llora la muerte de un cine en el centro sin recordar la última película que vieron en él, que reniega del ‘mainstream’ pero no de la piratería, gente ‘cool’, leída y viajada, que nunca te dirá que ve en la tele una serie de ficción española. Hasta ahí podríamos llegar. Ahora se lleva zurrarle a la Feria del Libro, que tiene muchos (muchos) aspectos mejorables, pero que también deja cierto margen para un razonable optimismo.

A la cita cabe reclamarle una mayor atención a los jóvenes autores, en especial, a la estupenda generación de poetas que campa por estos lares. Cristian Alcaraz, Violeta Niebla, Alejandro Robles, Laura Franco, Sicarusa Bravo o Alejandro Díaz del Pino, por citar algunos nombres de memoria. La gente de Cienfuegos organizó a finales de 2012 el ‘happening’ poético ‘Las solas’ y acudieron más de cien personas, por poner otro ejemplo a vuela pluma. Ese caudal creativo debería encontrar acomodo en un programa a menudo ensimismado, con cierto aire tristón como de equipo de Mourinho, en el que también faltan firmas con verdadero tirón popular de ámbito nacional, casi siempre vinculadas a las grandes editoriales del país, que apenas pasan de puntillas por la cita libresca. Porque tampoco conviene llamarse a engaño, la Feria del Libro tiene como primer objetivo vender libros, como sucede con Arco en el mercado del arte. Eso sí, a una y otra iniciativa hay que pedirle una propuesta atractiva y de calidad que acompañe su legítima vocación comercial.

Justo por eso cuesta entender algunas decisiones de la organización de la feria; en especial, el prolongado cierre de las casetas de dos a seis de la tarde. Como hora del almuerzo no está mal. Durante la jornada festiva del primero de mayo y los fines de semana, el programa recorta el paréntesis media hora, ganada al cierre. Pese a todo, ya que la presencia en la feria supone un notable esfuerzo laboral y logístico para las librerías y las editoriales –dejemos aparte el capítulo institucional– presentes en la cita, parece de libro que ese arreón se aproveche al máximo durante los doce días que dura la feria. Dicho sea sin ánimo de animar a la exploración laboral ni a la insolación profesional.

Porque gana hospitalidad y sombra la Feria del Libro en el Palmeral de las Sorpresas. Me contaba entre los defensores del traslado a la plaza de la Merced, pero los primeros paseos por la dársena portuaria –el año pasado por estas fechas andaba (es un decir) con la pierna izquierda escayolada hasta la rodilla– me han persuadido de esos planes. El palmeral ofrece una notable oferta de restauración y descanso a escasos metros de las casetas que hace más apetecible la visita, brinda el apoyo operativo de la Sala Iniciarte para las presentaciones –aunque convendría limar el detalle de las sillas de plástico modelo ‘comunión en los Montes de Málaga’–, representa una zona de notable tránsito de la que pueden favorecerse los expositores sin motivo para avergonzarse por ello y amplía el radio de propuestas culturales más allá del núcleo duro del centro histórico de la ciudad. Hay vida más allá de la calle Larios. Incluso del Paseo del Parque. Y junto al cambio de ubicación física, la mudanza en el calendario aleja el fantasma de la canícula y aprovecha el rebufo popular del 1 de mayo de la próxima Noche en Blanco.

Quedan carencias por resolver, cierto, pero, como decía estos días uno de los libreros de la feria, «la función hace al órgano». Si una familia va de paseo por el palmeral y se encuentra las casetas, si tiene el acierto o la suerte de toparse con un cantajuegos en la Pequeteca y ahí empieza a picar el gusanillo, bienvenido sea.

Hay motivos para pedirle más a la Feria del Libro, pero también para remar en ese barco. Ya tenemos el varadero bastante lleno.

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