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“Gerald Brenan” Málaga cultura Arco arte museos

La caminata
Antonio Javier López 02-11-2014 | 1:20 | 0

Ilustración incluida en 'Diarios de la Gran Guerra' de Gerald Brenan

Esperaba su entrada en la batalla de Somme en una pequeña casa de Bus-les-Artois que nadie quería porque guardaba en el interior de la chimenea un obús sin estallar. Le daba igual. Lo importante era el pequeño huerto para cultivar verduras. Lideraba un comando de reconocimiento después de haber servido en el 48º Batallón Ciclista de Su Majestad. Un inadaptado al frente de los inadaptados, un oficial herido en combate al que sacaron del bolsillo de su chaqueta un ejemplar ensangrentado de ‘Little Review’ con poemas de T. S. Eliot, que soñaba con ir a pie desde Inglaterra hasta China. «La caminata», llamaba a semejante proyecto. Lo recuerda Carlos Pranger en el prólogo de los ‘Diarios de la Gran Guerra’ que acercan a un Gerald Brenan vigoroso y joven, aventurero y un poco atormentado, como cualquier aspirante a poeta que se precie. Un perfil bien distinto de ese Brenan de bata y cigarrillo que ha calado en el imaginario colectivo local. Pocos han hecho tanto y tan bien como Pranger por la revisión de la figura de Brenan, con sus luces y sombras. Su poesía, su pasión por Dora Carrington o sus cuadernos de combatiente ofrecen aportaciones inéditas hasta la fecha que han visto la luz de la mano de Pranger en la editorial Confluencias, ahora huérfana de su pasión y su talento.

En las fotos de esta semana Pranger suele ocupar el segundo plano, la línea de sombra bajo el sol de justicia poética en la reapertura de la Casa de Gerald Brenan como centro cultural. Más de una década de trámites y más de un millón de euros de inversión ven sus primeros frutos de enjundia. El proyecto coordinado por Silvia Grijalba se ha ganado el voto de confianza. Lo va a necesitar ante algunos de los retos que tiene por delante: la incertidumbre en el calendario con una iniciativa municipal supeditada al resultado de las elecciones locales a medio año vista, la necesidad de conciliar la ambición nacional e internacional con la identificación local y, sobre todo, la capacidad de articular una propuesta capaz de atraer al perezoso público cercano desde el fuero capitalino hasta Churriana. Otra caminata.

El camino de vuelta han emprendido las tres galerías malagueñas que pegaron a las puertas de Arco, la mayor feria del país dedicada al arte actual. El comité de selección de la cita madrileña deja fuera a JM, Isabel Hurley y Yusto/Giner. El miedo a caer en el chovinismo provinciano podría desaconsejar el cabreo, pero las tres reúnen criterios objetivos para estar en la feria, tanto por la calidad de sus respectivos discursos, como por el interés de buena parte de los artistas que representan. Su valía es análoga o superior a la de muchas de las salas incluidas en un listado despeñado al sur de Despeñaperros: sólo dos galerías andaluzas, ambas operan en Sevilla. Y no se trata de apretar entre los dientes la bandera del agravio provinciano, se trata de reflexionar sobre los motivos por los que tres salas periféricas con propuestas homologables al nivel medio de Arco han quedado fuera de la cita, se trata quizá de encontrar el equilibrio entre la confianza y la autocrítica para aprender de los errores y reivindicar con argumentos los méritos propios. Se trataría, al cabo, de analizar ese discurso satisfecho por la llegada de tantos museos mientras la mayoría de los creadores y de los gestores culturales malagueños –no sólo artistas y galeristas– las pasan canutas.

La cultura no debe convertirse en un invernadero nutrido sólo con dinero público, cierto. Es necesaria la profesionalización de las llamadas ‘industrias culturales’, de acuerdo. Pero también cabe reivindicar una labor institucional de siembra más allá de los injertos de relumbrón. Porque debajo de esas flores de alquiler seguirá quedando el páramo regado por el esfuerzo de quienes cada día emprenden la caminata de hacer cultura y pretenden vivir de ello.

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