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“Instituto Municipal del Libro” Ayuntamiento Málaga cultura

Off the record
Antonio Javier López 21-06-2015 | 1:40 | 0

Alfredo Taján, cuyo contrato expira en diciembre. Salvador Salas

El pudor, el orgullo y la simple petulancia se esconden tras la costumbre de emplear una lengua distinta a la materna para trasladar determinados sentimientos, como si el ‘sorry’, el ‘I love you’ y el ‘please’ sirvieran para descafeinar una disculpa, un amor o un ruego. En este negocio abunda la expresión ‘off the record’ para resumir y dar cierto halo de misterio al ‘Te lo cuento, pero no lo puedes publicar’, un runrún que desde hace meses venía arreciando con la muerte anunciada del Instituto Municipal del Libro, certificada esta semana por los nuevos-viejos rectores municipales.

En pleno velorio, al echar la vista atrás, la historia del Instituto Municipal del Libro explica mucho de lo que nos ha pasado en la última década. Aquí ya teníamos un Centro de la Generación del 27 a cargo de la Diputación Provincial, también la única sede central de una institución regional con el Centro Andaluz de las Letras, pero el Ayuntamiento quiso lo suyo, prometió el Instituto en las elecciones de 2003 y lo creó en mayo de 2004. Para ese medio año tuvo un presupuesto de 120.000 euros; en este, la mitad de esa cantidad.

En una provincia con un millón y pico de habitantes ha habido durante más de una década tres organismos de tres administraciones dedicados a lo mismo. Ahora el Ayuntamiento de la capital le firma el finiquito al Instituto y a su director, Alfredo Taján. Sé de Alfredo mucho antes de conocerle, por aquellos cuadernillos de poemas de la colección Newman que heredé hace años y que mantengo descoloridos y manoseados en la esquina de una estantería sueca. Además, Alfredo es hermano de tinta en estas mismas páginas, locuaz y enjundioso conversador y uno de los más deliciosos cultivadores del ‘off the record’ que he conocido. Todo eso congela el gesto de la barra espaciadora y, sin embargo, después de varios días dándole vueltas, no encuentro un argumento de peso para defender la pervivencia del Instituto Municipal del Libro, para sostener que lo hecho hasta ahora por el Instituto no puede ser asumido sin grandes traumas por el propio Ayuntamiento, más allá de la discriminación positiva –y por tanto injusta– de rasgarse las vestiduras y las teclas por la desaparición de una institución cultural. Porque el auge y la caída de esa misma institución han sido consecuencia y ejemplo de una estrategia de externalización de la gestión pública de la oferta cultural, sobre todo, por parte de la municipalidad.

Así, las principales instituciones culturales con cargo al presupuesto local (el CAC Málaga, el Museo Carmen Thyssen, el trío Pompidou-Museo Ruso-Fundación Picasso, el Festival de Cine, el Teatro Cervantes y el cadáver exquisito del Instituto Municipal del Libro) operan con un grado de autonomía que a menudo deja el control municipal muy cerca del mero formalismo. Ahora en el Ayuntamiento quieren recortar puestos y gastos y lo hacen donde resulta más fácil, en cultura, pero también donde había más para elegir. A la caída del Instituto se suma la integración del Teatro Cervantes y del Festival de Cine en una sola entidad, con la más que probable designación del director de la cita cinéfila, Juan Antonio Vigar, como responsable del nuevo organismo y la salida de Charo Ema del primer teatro de la ciudad. Vigar ha saneado el festival, lo ha acercado a la ciudad con propuestas como el MaF o el ciclo de cine de verano, ha cuidado el oasis del Albéniz en la cartelera local y ha urdido, año tras año, un certamen serio y solvente, no sólo en las cuentas. Un dinamismo que se ha echado de menos al frente del Cervantes en los casi ocho años que Ema ha estado al frente del principal teatro de la ciudad, donde ahora parece que se le apagan los focos.

Focos que esta semana han girado hacia Rosa Aguilar, exalcaldesa, exconsejera y exministra repescada para manejar la cartera de Cultura –sin aditivos– en el nuevo gobierno de la Junta de Andalucía. Y han querido los dioses y diosas de la política, por decirlo en su jerga, que sea Aguilar quien esté al frente del tramo final y crucial de la recuperación del Museo de Málaga, al que seguimos esperando abierto en el palacio de la Aduana para finales de este mismo año hasta que se demuestre lo contrario. Gira la puerta del poder y deja a la nueva consejera frente al mayor pufo de la historia reciente de su nuevo departamento, del que ella misma receló como alcaldesa: el Espacio Andaluz de Creación Contemporánea en Córdoba, 27 millones de euros sin estrenar, con la plaza de director desierta después de un concurso fallido y el espacio terminado y cerrado desde casi dos años.

Y ni una explicación coherente, ni una excusa si quiera. Aunque sea ‘off the record’ y en inglés.

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