img
Etiquetas de los Posts ‘

“La Casa Invisible” cultura Málaga

Invisible
Antonio Javier López 18-01-2015 | 1:20 | 0

La Invisible juntó a más de dos mil personas hace una semana. Ñito Salas

Llevo un par de semanas intentado no escribir este artículo, merodeando la columna como un animal enjaulado, como el sospechoso de regreso a la escena del crimen. Se me mueven incómodas las ideas entre lo que creo que soy y lo que a veces pienso que me gustaría ser. Busco una excusa en el entorno, en la herencia de la que hablan los políticos para justificar atropellos. Pienso en los efectos colaterales de mi educación burguesa y judeocristiana, en el daño irreparable de haber crecido en un entorno feliz y acomodado, rodeado de bienestar material y afectivo, convencido de una visión del mundo meritocrática sin excesos luteranos. Todo eso debe afectarte, me digo, mientras juego con la idea de escribir de otra cosa, porque mira que hay asuntos que llevarse a la tecla después de varias semanas cambiando noticias por pañales: el protagonismo local en la gala de los Goya, el pasito a pasito del Museo de Málaga, la feliz anomalía del festival de teatro, incluso la presentación esta semana de la Colección Museo Ruso. Pero nada de eso me sacia las ganas de meterme en el charco de La Casa Invisible.

Haremos un pequeño ‘flash back’ de contexto. La Casa Invisible es un colectivo que desde la primavera de 2007 ocupa de manera ilegal un inmueble de titularidad municipal, donde ha desarrollado una más que notable actividad sociocultural. El pasado 23 de diciembre –y cuesta creer en el azar de esa fecha– el Ayuntamiento de Málaga ejecutaba una orden de cierre del edificio por motivos de seguridad. La respuesta del colectivo consistió en juntar a más de dos mil personas en una manifestación y en la mayor campaña de micromecenazgo que se recuerda por aquí para financiar a escote las obras de reparación de su sede okupa. El viernes por la tarde se reunían los de La Invisible y los del alcalde. Quedaron en echar para adelante la restauración de la casa y dejaron para otro día la cuestión esencial: ¿cómo regular el alojamiento de una iniciativa de origen ilegal que ha demostrado su capacidad para generar una actividad atractiva, incluso necesaria? El Ayuntamiento quiere sacar a concurso el uso del inmueble y desde La Invisible defienden la cesión directa por el interés público de su propuesta. Sucede con peñas, cofradías y otros colectivos, explican. Y no quieren la propiedad, sólo el traspaso temporal.

Y encuentro argumentos razonables en unos y otros. Entiendo la renuencia municipal a dar carta de naturaleza a una situación creada por las bravas. Comprendo el respeto que se ha ganado La Invisible con su labor. Asumo el agravio a los comerciantes y hosteleros que (se supone) pagan sus impuestos para mantener abiertos sus negocios junto a un lugar donde se realiza una actividad comercial –de pequeña escala, pero comercial– sin haber pasado antes por ventanilla. Admiro el trabajo y el discurso intelectual de muchos de los que apoyan a La Invisible, como sospecho el calor encontrado allí por quienes han ido en busca de una plataforma para su lucimiento personal. Saludo la cesión del edificio y luego reculo ante el precedente injusto que eso supondría en mi visión del mundo capitalista. Entonces me avergüenzo de albergar sentimientos neoliberales, sobre todo cuando a diario nado en un caladero de progresía como es la cultura, la gestión cultural y las industrias culturales, siempre sensibles a las realidades alternativas y minoritarias, como todo el mundo sabe.

Comprendo que no lo tengo claro, así que intentaré hacerme invisible en este asunto y, mientras tanto, daré gracias de nuevo por ser el que hace las preguntas y no el que vende las respuestas.

Ver Post >