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“La Casa Invisible” Museo Málaga Aduana “David Escalona” “Álvaro Escalona” arte cultura Thyssen exposición

Se me hace bola
Antonio Javier López 04-10-2015 | 1:40 | 0

Álvaro Escalona, talento premiado en Oporto.

Sirve el monitor en bandeja de entrada 2.732 mensajes sin leer, como los libros dejados a medias en cualquier rincón de la casa, ahora reunidos en una pequeña columna de lomos blancos y primerizos. ‘Bésame mucho’, ‘Un regalo para toda la vida’, ‘Se me hace bola’… Como se hace bola esta primera semana posvacacional, cuando todos los días son lunes y el lunes hay que esperar un par de horas a que el alcalde digiera un asunto que se le hace bola desde hace ocho años: La Casa Invisible. El colectivo ocupa un inmueble municipal desde la primavera de 2007 y ve cada vez más cerca la cesión del edificio, sobre todo desde que su posición se ha reforzado en el seno del propio Ayuntamiento de la mano de los concejales de parte de la primera parte de la parte contratante de Podemos. La Invisible suma alianzas entre la oposición y el alcalde intenta comandar el asunto antes de que le pase por encima. Tanteos entre la oposición, juegos de pies y manos en los primeros asaltos de la legislatura. Si algo ha demostrado el alcalde en el cuadrilátero político es su madera de buen encajador, su capacidad para vencer por agotamiento del rival, su mandíbula de hierro en una cara de ser más bueno que el pan.

Ir a por pan a Escalona, en la Alameda de Capuchinos, y llevarte una bolsa de castañas serranas. Más de una vez ha estado al otro lado del mostrador Álvaro Escalona, esta semana en el atril de la Casa de la Música de Oporto. Una fuga de Bach, una seguiriya y una orquesta de 300 músicos en un concierto celebrado con motivo del Día Mundial de la Música. Álvaro es hermano del artista David Escalona, al que ha acompañado con su música en exposiciones maravillosas como ‘Polvo de avispas’ o ‘Para qué quiero pies’. Álvaro y David comparten una risa contagiosa y un talento descomunal. Álvaro (Domínguez) Escalona se fue a Portugal con una Erasmus y acaba de recibir allí el premio a la mejor composición de la velada organizada por la Escuela Superior de Música de Oporto, donde sigue completando su formación iniciada en Málaga, entre el Conservatorio y la panadería familiar. Ahora quiere mezclar los verdiales con «técnicas espectrales y sustracción de sonidos». Y lo dice con la misma tímida modestia de su hermano, como quien ha llegado a la serena conclusión de que el convencimiento en el trabajo propio es mayor, más hondo, que el miedo a no ser entendido.

Cuesta entender que alguien coloque unas elecciones generales un 20 de diciembre, aunque no cuesta imaginar el alivio de más de uno al echar cuentas de las semanas previas a la cita electoral en las que no se podrán organizar inauguraciones oficiales. Eso daría margen –y coartada– para posponer el estreno del Museo de Málaga en el palacio de la Aduana, que hasta la fecha mantienen para este mismo año el Gobierno central y el regional. Claro que siempre quedará el apaño de una apertura parcial. Después de 40 millones de euros gastados en la reforma del edificio y de otro buen puñado invertido en la rehabilitación de las piezas, cuesta imaginar que en Madrid y Sevilla vayan a renunciar a semejante foto.

A renuncia huele lo sucedido en el cambio de programación del Thyssen. El patronato del museo de Málaga aprueba la muestra ‘Antonio López y el realismo madrileño’, luego la cancelan, la cambian por otra de carteles inaugurada el viernes y por el camino el Thyssen de Madrid anuncia una que se llama ‘Realistas de Madrid’. Y ni en Málaga ni en Madrid explican con claridad lo sucedido. Desde la capital sólo defienden que la suya no tiene nada que ver con la nonata en Málaga, aunque ambas compartan artistas y discurso. Pero ahí terminan los argumentos. Y queda la sensación de que son lentejas, que aquí nos comemos con pan duro. Y se hace bola.

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