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Cinco niños y dos colegios

2011 diciembre 14

Llega corriendo. Se sienta un poco acelerada porque, como todos los días, ha hecho un recorrido de casi infarto, sorteando el tráfico y los minutos que vuelan para orquestar una logística familiar que es digna de cualquier gran empresa multinacional. Con la diferencia de que en su casa, Eva Tevar es la directora, la secretaria y hasta la conductora, ya que su marido, Manuel, entra a trabajar a las 8.00 de la mañana y no sale hasta bien entrada la tarde.

Como todas las mañanas, esta madre de familia numerosa ha levantado a sus cinco hijos a las 7.30 horas para vestirlos, darles el desayuno y montarlos a todos en el coche. La primera parada es la de Lucía, a las 8.20 horas en el colegio Cerrado de Calderón, que entra antes porque cursa segundo de Secundaria. La segunda es la de su hijo Manuel, a las 9.00 al centro concertado El Monte (en la barriada de la Victoria), donde realiza sexto de Primaria; y la tercera, de nuevo en el Cerrado de Calderón para desembarcar, con todas sus mochilas y bártulos, a Pedro y Daniel, que hacen cuarto y primero de Primaria; y a Eva, que ha empezado este año primero de Infantil. Todo este recorrido lo hace salvando obstáculos, intentando aparcar donde puede y llegando casi todos los días tarde al dejar a los tres menores cuando el tráfico de vuelta en el camino Nuevo se torna insoportable.
A mediodía vuelve la odisea. A las 13.00 horas, recoge a Lucía y a Pedro en el Cerrado, y va veloz a recoger a Manuel, que sale de El Monte a las 14.00 horas, les da de comer en media hora y les lleva de nuevo a los dos mayores al Cerrado porque tienen que entrar a las tres. Ya por la tarde solo le queda volver a recoger, al final de la jornada, a sus cuatro hijos en el colegio Cerrado de Calderón. Manuel ya está en casa y no puede realizar actividades extraescolares en El Monte porque Eva ya no tiene tiempo material para recogerlo. Misión imposible.
Después de este ajetreo, hasta difícil de redactar, la pregunta del millón es: ¿Por qué todos los hijos de Eva no están en el mismo colegio, máxime cuando se supone que la Junta de Andalucía prima que los hermanos estén en el mismo centro, y premia a conciencia a las familias numerosas para que así sea? Pues porque cuando esta familia se mudó de casa hace dos años, cuatro de sus hijos entraron sin problemas en el Cerrado de Calderón, pero para el segundo, Manuel, no hubo plaza porque en el curso al que debía pasar, los alumnos sobrepasaban los 25 de ratio en las cuatro clases habilitadas. Así que este estrés vital en la vida de Eva lleva activo casi un año y medio.
Esta progenitora, con buena voluntad ha presentado escritos a la Delegación de Educación e incluso ha llegado a hablar con el delegado sobre su asunto. Pero la contestación oficial es firme y rotunda: «No hay plaza porque no podemos decir que se contradiga la ley», a lo que añaden que la Delegación «no puede obligar a un centro a que admita un alumno más, pero si el centro lo hace por su cuenta es correcto».
En este punto toca explicar que las competencias en materia educativa son de la Consejería de Educación y que el colegio Cerrado de Calderón está concertado, lo que quiere decir que se sufraga con fondos públicos. Por lo tanto, es obvio que la máxima competencia sobre lo que se haga en este centro en relación a las plazas concertadas es de la Junta.
En manos de Educación
Fuentes del colegio Cerrado de Calderón subrayan que no tienen potestad para admitir a Manuel cuando en las cuatro clases de sexto de Primaria en las que podría entrar hay más alumnos de los recomendados por la ratio «pero que si la Junta lo autoriza no tendríamos ningún inconveniente en hacerlo; eso sí hay que tener en cuenta que también hay otros cuatro niños en la misma situación».
Educación indica, con cierta seguridad, que el próximo curso escolar, en el que Manuel tiene que pasar a Secundaria «probablemente tendrá plaza». Pero el asunto se torna serio cuando la ratio en Secundaria es de 30 alumnos por clase, y ya en sexto de Primaria alguna de las cuatro aulas pasan este número y otras lo rozan. Ante esta tesitura, que tiene visos de tener pocas soluciones es cuando un ciudadano de a pie se plantea que las normas están para cumplirlas pero que a veces, algunas veces, la realidad supera con creces lo imaginable y lo aceptable, y que es entonces es cuando debe imperar el sentido común.