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Thatcher y su papel de madre

2012 enero 24
por Pilar R. Quirós

 

 

Imposible sustraerse a la lectura que se hace del papel de madre de Margaret Thatcher en el filme ‘La Dama de Hierro’ que, lejos de entrar en sus luces y sombras, tiene un tufillo machista. Uno de ellos, muy acusado, es cuando la eligen diputada y se tiene que marchar a su puesto mientras sus hijos la llaman llorando y corriendo detrás de su coche para que no se vaya. Y el automóvil continúa su camino. ¿Por qué siempre el ‘abandono’ de los hijos se les imputa, como si fuesen casi delincuentes, a las mujeres que hacen carrera pública? Es más, casi al final de la película, cuya interpretación Meryl Streep borda, y que no hay que ser un crítico de cine para barruntar que huele a Oscar, una de sus reflexiones (entre líneas) es si su familia fue feliz cuando ella tuvo tantas responsabilidades como primera ministra. Y ahora, en su vejez, es cuando Maggie  analiza si todo mereció la pena. Siempre desde la visión de no haber aportado a su familia todo lo que le demandaba como madre. ¡Qué losa!

Dejando a un lado su aportación buena o mala a la política de su país, ¿por qué se les juzga siempre a las mujeres si son capaces de compatibilizar el trabajo y la familia y a los hombres simplemente ni se les tiene en cuenta? ¿Hasta cuándo la familia va a ser coto exclusivamente de las mujeres hasta el punto de hacerles sentir mal cuando triunfan en otros aspectos de su vida? Muchas han estudiado durante años o se han dedicado con devoción a su oficio, al que adoran. O simple y llanamente necesitan trabajar para sacar adelante a su prole. ¿No podemos nosotras también desarrollar nuestra faceta profesional sin que nos miren de reojo porque tenemos hijos y no nos dedicamos al 100% a ellos? ¿Por qué la típica frase que le hacemos los periodistas a todas las mujeres que triunfan es cómo concilia su vida profesional con la familiar? ¿A ellos alguna vez le han preguntado algo así? Mientras sigamos pensando que la familia es una institución que compete única y exclusivamente a la mujer les estamos negando a los padres su parte de implicación y obligación, que también les reportará enormes satisfacciones. Y a los niños tener un gran referente que les cuida en todas sus facetas y se preocupa por ellos. Y cómo no, posibilitaremos que las mujeres podamos desarrollar nuestra vertiente profesional y no sentirnos eternamente culpables. Porque ¿no nos lo merecemos?

Pero mi reflexión no tiene nada que ver con el desarrollo de la película en sí, que muestra muy bien los sentimientos de la dama de hierro y las percepciones de su vida en la vejez, o al menos las imagina, ya que ella nunca las ha expresado.