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Los niños y la educación en casa

2012 febrero 21
por Pilar R. Quirós

 

La educación referida a lo que toda la vida hemos llamado buenos modales tarda en calar en los más pequeños. Tanto que hay que pedirles milles de veces que soliciten las cosas por favor, que den las gracias, que pidan perdón cuando han ofendido a un amiguito, que no se rían de las desgracias ajenas y que intenten compartir. Y un largo etcétera de situaciones en las que hay que estar encima de ellos. En constante supervisión. Efectivamente, lo más fácil es ‘enchufarlos’ a la tele o a las videoconsolas, pero entonces los padres a los que nos gusta ejercer y por eso nos hemos lanzado a la fantástica (pero muchas veces dura) tarea de tener hijos, no cumpliríamos con el cometido que hemos elegido.

 

Afortunadamente, muchas veces los hijos nos asombran. Algunas de ellas para bien. Aunque me da pudor contar escenas personales, voy a poner un ejemplo. El otro día discutíamos mi marido y yo (en muy buen tono) acerca de la logística de la interminable intendencia casera. No nos poníamos de acuerdo sobre un asunto y al final de la conversación se hizo un silencio. Así que mi hijo mayor, al que suelo ‘fustigar’ para que sea educado (algo poco convencional en los tiempos que corren) nos dijo: “Vale, papá y mamá, pues ahora os pedís perdón y os dais un beso”. Lo que siempre le decimos que haga con su hermana cuando se pelean (aunque sea dialécticamente). Así que, riéndonos mucho, nos pedimos perdón mutuamente y nos dimos un beso. Con la autocomplacencia del que nos había pedido el gesto. Buena lección, ¿verdad?

 

Pensamientos así de los niños, que se hacen en voz alta, nos deben hacer recapacitar sobre la capacidad que tienen para absorber lo que intentamos inculcarles, con mayor o menor fortuna. En realidad son como esponjas, aunque a veces pensemos que los esfuerzos son inútiles. No hay mejor prueba porque, cuando de verdad tienen ocasión, hacen patente la educación que están recibiendo. Y que tanto trabajito nos cuesta.