Horas después de asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos sigo sin encontrar las palabras necesarias para expresar las sensaciones vividas durante este día inolvidable. Pido disculpas si no os hago llegar en estas líneas los sentimientos que aparecieron en cada momento.
He tenido la suerte de disfrutar de cosas realmente importantes para mi vida personal y mi carrera profesional. He gozado con los títulos del Unicaja, la Korac, la Copa, la Liga; asistí a algo único como la entrega del Premio Príncipe de Asturias; me han dado homenajes que agradezco y tengo en el corazón, y he acudido a todo tipo de celebraciones.
Pues bien, la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín ha sido algo indescifrable, inenarrable, impensable, increíble, en una palabra. No creo que me equivoque mucho si digo que todos los de la delegación española sentimos algo parecido, pues vi sus caras y su forma de comportarse, de comportarnos, y todos expresábamos idénticas emociones.
Teníamos que desfilar en filas de nueve personas cada uno, con tres chicos de rojo, tres chicas de amarillo y tres chicos de rojo, y ese paseo que debía ser marcial duró muy pocos segundos. Que nos perdonen, pues nos salió de dentro, no fue nada intencionado ir cada uno por su lado.
Que nos excusen todos los voluntarios que no se cansaron en indicarnos que debíamos mantener el orden, pero era imposible, era un momento soñado, un momento para guardar toda la vida.
Nos dijeron que no se podía grabar nada, y allí estábamos más de doscientos deportistas españoles con nuestras cámaras inmortalizando cada instante.
No debíamos abandonar nunca la pista, y corríamos a las gradas a saludar a todo el mundo.
No es que nos negábamos a hacerles caso a los pobres voluntarios, es que el corazón palpitaba muy fuerte para que la razón se impusiera a la lógica… el sentimiento de felicidad se desbordaba.
Cómo no sería la cosa que en un momento determinado me vi desfilando con la representación de Barbados, junto al abanderado, los dos allí saludando juntos. En fin, pido perdón. Y está grabado en vídeo…
Todos sufrimos el enorme calor padecido, y todos y todas estábamos empapados en sudor. Eso fue lo peor; eso y las horas de espera. A las seis de la tarde nos recogieron en autobús para llevarnos al pabellón donde se celebrará las pruebas de gimnasia. Allí esperamos hasta las nueve menos cuarto de la noche, cuando nos dirigimos al estadio olímpico. Empezamos a andar poquito a poco acercándonos hacia la entrada para desfilar… ¡A las diez y cuarto de la noche…!
Como hay tantos chinos, durante todo ese tiempo, miles de voluntarios hacía todo tipo de trabajo, como el de avituallamiento, igual que en el ciclismo.
En fin, una experiencia inolvidable.
Como anécdota, justo cuando íbamos más o menos por el centro del estadio, coincidimos a lo lejos España y Croacia desfilando, y vi a Sandro Nicevic, él me grababa a mí y yo a él, pegándonos voces a lo lejos…
Es como cuando vas por la Villa Olímpica y ves un polo rojo, te cambia la cara, te sale una sonrisa y palabras agradables. Y es que toda España es un equipo, comes con un boxeador, desayunas con las de natación sincronizada, meriendas con no sé quien.
Ah, se acerca el debut de la selección española de baloncesto (8.30 de la mañana del domingo hora española, frente a Grecia), y estamos deseando empezar a jugar pues ha pasado mucho tiempo del último encuentro.
Hasta otro día.