Osasuna se lo ganó a pulso

TERMINAR un partido con ocho hombres es un ‘handicap’ excesivamente grande en el fútbol de hoy. Aunque tu rival sólo tenga diez jugadores y no once. Eso le pesó y le pasó a un Osasuna que vio cortada su habitual dureza (permitida desde hace años con total impunidad por los colegiados de turno) con tres justísimas expulsiones, mientras que Clos Gómez no pudo inventarse más que la roja directa a Jesús Gámez en una acción que, honestamente, sólo merecía, como mucho, una cartulina amarilla. Pero es que después de lo de Pepe, o le ponemos freno a esto o nos cargamos la historia. El Málaga, con superioridad numérica, no tuvo mayores problemas para conseguir tres puntos de oro para sus aspiraciones, impensables al comienzo de la temporada, de conseguir un puesto en Europa, pero debió machacar al rival y no pasar los apuros de los últimos minutos… Osasuna pierde muchos enteros cuando no puede desarrollar su habitual fútbol-dureza, y el Málaga, pese a sus minutos de flaqueza tras el 0-1, que permitió que los locales se pusieran por delante en el marcador, consiguió atenazar en el segundo tiempo a los navarros, quienes, excesivamente nerviosos ante la posibilidad del empate, acabaron perdiendo por la actitud virulenta de Josetxo y de Vadocz, que se vieron las caras con Puñal y con Camacho, también expulsados. No se puede jugar al fútbol así. Sobre todo si hay un árbitro que no lo permite. El Málaga jugaba y dominaba y los nervios atenazaron a un rival que le sirvió la remontada en bandeja, ayudados, eso sí, por la incorporación visitante de Luque y de Salva, que están pidiendo a gritos su incorporación en la titularidad blanquiazul. Además, la pesadilla que era Juanfran, por las expulsiones, había desaparecido, y entonces el peligro se desvaneció en los navarros. El Málaga, agigantado, superó a su rival y ganó con escaso margen de diferencia para las ocasiones de que dispuso, y encara con un optimismo importante la recta final de un campeonato que pasará a los anales de la historia del equipo de La Rosaleda, sea cual sea su final. 2-3 y punto. O sea, tres puntos de oro y un camino que sigue ilusionando. El próximo sábado, ante el Deportivo, un encuentro decisivo. Ahí hay que echar el resto. Hay que tomarlo como una final; así de fácil.

Auténtica pesadilla

JAMÁS había deseado tanto que terminara un partido del Málaga como el de ayer. Les juro que hubiese firmado el 4-0 con el que se llegó al descanso, porque o la cosa cambiaba mucho o nos iban a dar una paliza de esas que sirven para los anales. Y es que el peor de los Málaga posibles apareció en Barcelona para enfrentarse con el que seguramente es el mejor equipo de fútbol del mundo; pero no sólo fue eso, sino que además se presentó con bajas que sin duda le pasaron factura, sobre todo Baha y Weligton, y por supuesto Duda. Si unimos que aún uno no sabe qué sistema fue el que desplegó el equipo de Tapia, nos sale el 6-0 final, y gracias, porque la verdad es que Goitia evitó al menos cuatro goles más…

Desde el principio se notó que no era ‘nuestro’ Málaga. Al menos, al que nos hemos acostumbrado esta temporada tan hermosa, que no se puede truncar por un partido, porque el mejor escribano echa un borrón, lo que no quita para que se diga que el Málaga ayer fue una caricatura de equipo, un juguete en manos de un todopoderoso Barcelona.

El Málaga se echó atrás desde el pitido inicial, dejó la pelota a su rival (justo lo que dijeron todos que no iban a hacer), y los hombres de ataque estaban a 60 metros de Valdés. Encima, el centro del campo no existió. Enfrente, los Messi y compañía abrieron pronto ‘la lata’, a los 19 minutos, con un Málaga que acusó el miedo escénico.

Pena que el Málaga, el equipo que mejor fútbol ha desplegado esta Liga junto al Barcelona, haya naufragado así. No esperaba una victoria ni siquiera un empate, porque el Barcelona es mucho Barcelona, pero tampoco una goleada. Puede que no venga mal. Incluso para algunos jugadores que parecen más pendientes de los posibles precontratos que van a firmar (o han firmado) con otros equipos para la próxima temporada.

Tarde para la historia

Nos faltó la guinda del Unicaja, y mira que estuvimos a punto, pero era demasiado pedir… ¿O no? Lástima, nos faltó ser campeones de la Copa del Rey de baloncesto para salir a la calle y disfrutar una noche mágica en la plaza de la Constitución. Y miren que la cosa empezó bien, con ese ‘súper Málaga’ destrozando al Valladolid, aunque en el segundo tiempo a más de uno nos puso el corazón, por no decir otra cosa, en la garganta. El Málaga tenía una papeleta difícil en Pucela, y allí demostró su categoría y su excepcional momento. Estamos en puestos europeos y a tres puntos de la ‘salvación’, que los expertos marcan en 42 puntos.

El Valladolid es un equipo recio y batallador, con un par de elementos más que destacables, pero este Málaga de Tapia está en órbita, es un equipo en estado de gracia y en media hora campeaba un 0-2 en el marcador más que justo, con un comienzo de partido fulgurante que Luque materializó con un extraordinario gol antes de que se cumplieran los 10 minutos. En el 29, Apoño, experto como pocos en esta historia, consiguió otro gol de penalti, justísimo, y todo parecía coser y cantar. Y lo habría sido si el bueno de Baha no hubiese fallado otro gol de los que claman al cielo, que ya van demasiados. Necesita una pasada por el banquillo sencillamente porque no está atinado y hay otros compañeros que sí.

Tras el jugadón de Duda, Baha erró lo increíble, y eso y el descanso le dieron alas a un Valladolid que cercó la meta de un Goitia excepcional. La suerte se alió con el Málaga y dos palos seguidos nos evitaron el soponcio. El Málaga de la primera parte se quedó en Martiricos y apareció un equipo medroso que cedió terreno. Menos mal que Nacho, con clase e inteligencia, culminaba un gran contraataque para dejar las cosas claras. Pena de la Copa del Rey. ‘Chapeau’ para el Unicaja.

Segunda parte para la historia

EN los anales de la historia del Málaga C. F. quedará este partido ante el Almería como una gloriosa página en la que se relatará una épica remontada. Del 0-2 tras 45 minutos de pena, un 3-2 con otros 45 minutos para la gloria: era el mismo equipo, pero no. La incorporación de Salva y Duda metió al Málaga en el partido y al Almería en el ostracismo. Los rojiblancos no se llevaron un carro de goles porque Dios, la suerte, Baha y Alves lo evitaron…

Nadie en el descanso podía imaginarse lo que ocurriría después. No era por el 0-2, ya contundente por sí, sino por el juego que el Málaga ofrecía, que era ninguno. Miguel Ángel y Nacho no encajaban en un equipo que echaba demasiado de menos a Apoño y a Duda, con un Almería que pronto demostró su mejoría de la mano de Hugo Sánchez, y que se basaba en Ortiz y las subidas de Bruno, feliz por la mala tarde su oponente en la banda Nacho. Total, que el Almería se creció y logró dos goles, el segundo extraordinario, y el Málaga no había llegado ni una sola vez a puerta… No contaba nadie con un hecho que cambiaría la tortilla: el excepcional momento de Salva, que en los entrenamiento se ‘sale’ y que de lejos es el máximo goleador del equipo en los partidillos entre semana. Junto a él, Duda, que incluso cojo es uno de los mejores jugadores de la Liga española hoy por hoy. Los jugadores visitantes se miraban unos a otros con cara de asombro, la misma que me imagino que se les quedó no sólo a los seguidores y directivos rojiblancos que alardearon de primera parte en el descanso, sino incluso de quienes llamaban por teléfono, como el alcalde de Almería, a sus colegas del Ayuntamiento de Málaga, para jactarse del ‘baño’… Baño, sin duda, el que le dio el Málaga de Tapia en el segundo tiempo, porque a los 20 minutos ya podía ir el marcador con un claro 4-2. Baha, empeñado en fallar goles sin nadie en la línea de gol (no estaría mal que entrenara esa jugada de empujar el balón, lo mismo que los jugadores de baloncesto entrenan los tiros libres) y Alves (teatrero y chulesco, pero magnífico portero) y la mala suerte no lo permitieron, pero nadie ni nada podía frenar el vendaval blanquiazul en unos 45 minutos para la historia. ¡Viva el Málaga!

El Málaga responde con clase

TENÍA este partido mucho morbo. No sólo porque el 4-0 del partido inaugural de la Liga escocía entre los malagueños, sino porque además, por una vez, desde Madrid habían mirado al sur los sesudos periodistas deportivos y habían comenzado a clamar las excelencias del equipo de Tapia. Había, pues, ganas de que llegara el encuentro para ver quién se llevaba el gato al agua, aparte de que Aguirre, según cuentan, se jugaba su continuidad. Vayamos por partes. Empecemos por el final. El empate fue tan justo como injusto, y uno y otro, o sea Málaga y Atlético de Madrid, dispusieron de ocasiones de gol para haber ganado, pero no estuvieron finos. Goitia (sobre todo este) y Leo Franco estuvieron muy bien, y la defensa del Málaga estaba más cómoda que la visitante. Sin embargo, fue el Málaga el que más clase y ganas puso sobre el terreno de juego. El Atlético, aparte de sus individualidades, muy al estilo del ‘Vasco’ Aguirre, puso muchísima dureza, la misma que el colegiado consintió.

El Málaga no desentonó ni decepcionó, todo lo contrario, pero anduvo menos afortunado que en otras ocasiones a la hora de la verdad, con Baha que falló un gol clamoroso a pocos minutos del final. Hubiese sido la repera, pero no hay que rasgarse las vestiduras por el empate, ni mucho menos. Este Málaga tiene mucho juego en sus botas, y un peligro evidente. Apoño y Lolo dieron otra tarde magistral. Forman la pareja del centro del campo más en forma del fútbol español, y el malagueño además está con una seguridad que le valió un gol y casi otro, tras el disparo que salió fuera por centímetros tras la ocasión de Baha. Fue un buen partido, con mucha táctica y mucho en juego, aunque pareciera que no. Por momentos, incluso, fue un encuentro de mucho fútbol, de jugadas primorosas, de acciones individuales de alta escuela y de muchos quilates (Queiroz se fue entusiasmado con Duda y sorprendido por Eliseu, y eso que este último no estuvo como en otras tardes)… En suma, la gente, pese al empate, se fue orgullosa de este Málaga que está ahí arriba por méritos propios y que sorprende a los que piensan que desde Despeñaperros para abajo sólo existe Sevilla. El equipo de Tapia estuvo a gran altura. Ya sólo eso es para estar felices y orgullosos… ¡Ay, Baha…!

El carbón quedó para otros

Temía el parón navideño porque el Málaga estaba en racha y estos descansos, ya se sabe, suelen pasar factura a quienes navegan bien y sirven para que respiren los que van mal. Por eso y por las características del rival, el Sporting, un equipo de ‘la liga’ del Málaga, que tras quitarse de encima el sambenito de cenicienta de los primeros partidos en su retorno a Primera, era una de las revelaciones. Lo que había en juego era mucho, porque la victoria era de una importancia tremenda para ambos.

El Málaga fue el que ganó y lo hizo bien. Respondió el equipo de Tapia, muy ordenado, con una defensa seria y contundente, posiblemente por la ayuda inestimable que significa Lolo, que además logró el gol de la victoria y que demostró que está llamado a ser un jugador importante en la élite del fútbol patrio. En base a su seriedad atrás edificó esta vez el triunfo el Málaga, que debió haber sentenciado mucho antes de que el pésimo Iturralde, de infausto recuerdo tras su lamentable arbitraje en el Bernabéu, diera el pitido final un segundo después de un posible penalti a Luque.

Pese a Iturralde, al Sporting y al parón navideño, turrones y mantecados incluidos, el Málaga estuvo sereno, ordenado y fuerte. Dio sensación de equipo, sin duda el mayor mérito de Tapia, que ayer incluso acertó en los cambios, lo que dice mucho en favor de quien no suele tener habitualmente un buen ‘ojo clínico’ en tales menesteres.

El Sporting me gustó. Es un equipo alegre y joven, con un excelente entrenador, con un Diego Castro que debería estar en el Málaga si los que ustedes y yo conocemos (ya saben, Mendoza ‘and company’) no hubiesen aparecido nunca por Martiricos. Frente a este rival, el Málaga estuvo en su onda, y además fue siempre superior. Hizo méritos para la victoria. El gol vale tres puntos. El equipo sigue arriba, cada vez más lejos de los puestos de peligro y dando una imagen de seriedad encomiable. La pena es que nos hacen muy poco caso fuera de Málaga. No sé por qué del equipo que menos se habla para las cosas buenas en los medios de comunicación nacionales es del Málaga, y eso que es sin duda el once revelación de una ‘liga de las estrellas’ que comienza a estar muy harta del Barcelona y del Madrid. Por lo menos en lo que se refiere a la atención de los gurús períodísticos deportivos de este bendito país llamado España.

Baño sin recompensa

EL Málaga de Antonio Tapia le dio un baño de mucho cuidado al Santander de Muñiz, y, sin embargo, por esas cosas que tiene el fútbol, el marcador final registró un empate injusto a todas luces. Si un equipo mereció la victoria en El Sardinero ese fue el Málaga, que pudo sentenciar el partido y que, como ya le ha ocurrido en más de una ocasión esta temporada, perdonó en exceso: una pena. Jugar bien es difícil en el fútbol de hoy, pero encima jugar bien y no ganar es penoso… Vamos, un mal rato, porque viendo el encuentro por la pequeña pantalla no hubo duda alguna, el Málaga dio un repaso a un Racing que, sin duda, tuvo que acusar el partido de la UEFA ante el Manchester City.

Muñiz tiene que ponerle una vela a la Patrona cántabra, porque ayer les echó una mano de esas que no se olvidan. Bueno, la Patrona y el colegiado, que permitió que los locales acabaran con once jugadores cuando Colsa y Marcano se debieron ir a la calle mucho tiempo antes por sus entradas bruscas y a destiempo, que terminaron con Eliseu retirado en camilla. Pero aún así el Málaga debió machacar a su rival y perdonó en exceso, y porque Duda no tuvo su día y el segundo tiempo de Baha fue para olvidar, porque si no, ni un milagro hubiese evitado la derrota santanderina.

Muñiz conoce a este Málaga a la perfección, y sin embargo el que conocía al Racing al dedillo por su planteamiento fue Tapia. Encajó las piezas ‘de repuesto’ en un equipo que está dando mucho más resultado del que esperábamos casi todos (aunque ahora todos levanten la mano lo que acabo de decir es una verdad como un templo) y que llegaba con las sensibles bajas de Calleja y Miguel Ángel. Nacho y Lolo cumplieron a la perfección, y una internada del primero con un centro de época sirvió para que Baha lograra un golazo. Justa recompensa a un primer tiempo magnífico, sin alardes espectaculares, pero que marcó claramente las diferencias. El Racing no llegó a Goitia ni una sola vez, y el Málaga jugaba con un sentido y una inteligencia que hacían presagiar más goles.

El segundo tiempo mantuvo la tónica, aunque en los primeros minutos Colsa debió irse a la caseta tras una alevosa patada por detrás a un malaguista, pero las tarjetas caían del lado del Málaga por las protestas, airadas y sin sentido de Hélder por mucha razón que llevara (que la llevaba). El Racing no jugaba ni un pimiento, pero en el fútbol hay que estar despiertos en todo momento y, por supuesto, no se puede perdonar lo más mínimo: en una jugada a balón parado, un saque de esquina, con Goitia ‘anclado’ en la raya de gol, la pelota llegó a la cabeza de Varela y lograba el empate. Nos temimos lo peor, pero el Málaga no se descompuso y fue aún más superior que antes. El 1-2 se resistía, y como la pelota es cosa de difícil ‘entendederas’, en la penúltima jugada, Colsa pudo marcar el gol del triunfo local, pero esta vez la Virgen de la Victoria nos echó la mano a nosotros.

Ensaimada agridulce

Cuando el Málaga marchó al vestuario en el descanso, la verdad es que todo aquel que viera el partido pensaría que se iba a comer una ensaimada mallorquina con regusto y con suficiencia, pero al final se agrió y casi nos da la tarde. Y es que el Málaga hizo ayer en Palma un espectacular resumen de la actual campaña liguera: unos magníficos 45 minutos iniciales y un segundo tiempo para olvidar, de auténtico desastre. Tal fue el despropósito del equipo blanquiazul en los últimos 45 minutos que Webo parecía un Ronaldo en sus mejores épocas, y Weligton acabó por desquiciarse y cuajar una penosa actuación. Pena de empate, que es un buen resultado pero que sabe a poco… claro que si nos guiamos por lo que pasó tras el descanso, es un milagro. Vimos al Málaga potente, veloz y peligroso que se adelantó dos veces, y que además ofrecía una imagen de suficiencia que hacía que todos pensáramos en una clara victoria. Pero no contábamos con el golazo de Josemi, ni con el desquiciante segundo tiempo, pero en fútbol no se puede dar un partido por ganado ni por perdido.

Tapia revolucionó la defensa. O sea, que no estaba a gusto con lo que había visto en los últimos partidos. Goitia sustituyó a Arnau y Cuadrado a Hélder Rosario; sinceramente, este segundo cambio lo entiendo poco, sobre todo porque cuando Weligton no está con su ‘compañero’ de siempre, se pierde en un mar de dudas; suyos fueron dos fallos consecutivos que dieron el 2-2 a los locales, pero también su escaso acierto en una tarde negada. Claro que el segundo tiempo del Málaga fue para olvidar: se olvidó del contraataque, se ‘perdieron’ sin saber por qué Eliseu, Duda y Adrián, y Miguel Ángel y Apoño parecía que se habían ido a ver a Verdasco conseguir el punto de oro de la Davis. Curiosamente, tras 20 minutos de absoluto poderío local, Eliseu pudo materializar en la primera jugada de contraataque de este periodo el 1-3. Pero en el fútbol, quien perdona muere de gloria…, o sea que un minuto después, Webo se hacía con el balón ‘cedido’ por Weligton y empataba. Eso sí, al final, cuando el 2-2 parecía inamovible, Pérez Burrull nos pegó la patada y se comió un clarísimo derribo a Eliseu dentro del área cuando iba a remachar a gol… Otra más en la frente, que llevamos una temporada para morir.

El mal rato de Rubinos

Cuando Hélder Rosário consiguió el gol del empate al límite del tiempo reglamentado, Rubinos Pérez se tuvo que llevar un mal rato… Reconozco que con la alegría del gol, no lo observé por si hizo algún gesto de rabia… ¿Dios mío, qué tiene que hacer el Málaga para conseguir que un árbitro no que lo beneficie, simplemente que no le perjudique! El arbitraje español pasa por un momento lamentable, pero lo que le está ocurriendo al Málaga es absolutamente intolerable: ¿qué habría ocurrido en este país si el Madrid o el Barcelona hubiesen soportado los dos últimos arbitrajes que el equipo de Tapia ha padecido? ¿Qué pena de fútbol, qué lástima, qué competición menos neutral la que estamos viviendo! Y encima los árbitros que en su día fueron los peores de la categoría, hoy convertidos en mediocres comentaristas deportivos, dirán, por ese falso corporativismo, que fue una buena jornada arbitral… Miren, Rubinos fue nefasto y perjudicó al Málaga lo que no está en los escritos: en el segundo gol visitante, en claro fuera de juego; en las amenazas con la tarjetas, en las faltas no pitadas, en la forma de aplicar la ley de la ventaja, en la nula capacidad de impartir justicia que ayer desarrolló sobre el terreno de juego. ¿Pero lo hizo a cosa hecha? No creo, no… lo que pasa es que es más malo que el aceite de ricino, pero ahí está y ahí seguirá, como Iturralde. En fin, que el fútbol, menos mal, hizo justicia en La Rosaleda y el Málaga salvó un punto. Mereció la victoria, sin duda, pero ganarle al Villarreal ayer era misión casi imposible, primero por la gran calidad del equipo de la ciudad levantina, y segundo porque estaba Rubinos… Duda, Apoño… su gran encuentro no obtuvo la recompensa de la victoria, sobre todo cuando el Málaga arrancó en cada tiempo con un gol en contra, el primero en un nuevo error de Arnau (sigue nervioso y sin sitio, aunque por lo que vimos en Mallorca no es fácil su relevo), y el segundo en una clara posición incorrecta. Eso sí, fue un partidazo. Todos brillaron menos el nefasto colegiado…

Salir así tras hacer tres goles…

JURO por lo más sagrado que nunca he estado a punto de comerme un portátil como anoche viendo el Madrid-Málaga a través de Bad TV, que no me pregunten qué es, sino para qué me sirvió: ver aunque a trozos y con descompensación entre imagen y comentarios el partido del Bernabéu. Estoy en Londres, y todo hacía prever que por Sky Channel iba a poder verlo, pero decidieron dar un partido de rugby. Pues eso, al portátil y a disfrutar y sufrir a partes iguales, porque el Málaga mereció y debió ganar, pero nos quedamos con la miel en los labios. Pocas veces un equipo se irá de vacío tras haber logrado tres goles, y eso le ocurrió al Málaga, tras realizar uno de sus mejores encuentros de su historia allí.

De todas formas, aparte de que a Higuain se le apareció no sólo la Virgen, sino los doce apóstoles, ganarle a un grande hoy es misión casi imposible. Iturralde es un pésimo colegiado que se mantiene en la elite. Cosas de la vida. Pero ustedes saben lo que les digo y por qué se lo digo. Se arrepintió lo que no está en los escritos de la expulsión de Sergio Ramos, quien, definitivamente, ha perdido la cabeza, y eso influyó y de qué manera en el encuentro. Si hubiesen hecho falta cuatro máximas penas, Iturralde, no lo duden, las hubiese señalado… Bueno, en contra del Málaga, claro.

El Málaga salió de vacío tras haber sido mejor. Mucho mejor. Pero Arnau no está en su mejor momento. Se vio la pasada semana contra el Barcelona y ayer se repitió. Es una pena, pero es así. Lleva unos partidos como muy nervioso y eso se le nota no sólo a él, sino a toda la zaga. El Weligton del Bernabéu no fue el de otras jornadas, también porque no se fía de quien hay detrás de él… La madre de San Pancracio… El Málaga pudo ganar y perdió. Quizás también pecó de poca ambición, pero… ¿qué equipo puede esperar hoy marcarle tres goles al Real Madrid en su casa? Extraordinario Málaga, pero aunque jugamos como nunca perdimos como casi siempre, mal consuelo del pobre.

Lástima de partido, porque este Málaga no puede permitirse el lujo de desperdiciar oportunidades como la que se esfumó… Eso sí, nadie puede dudar de que jugando tal como lo hizo, las victorias seguirán llegando y la permanencia no será ningún problema. Ahpra bien, hay que hacer de nuevo unos retoques, porque la máquina blanquiazul tiene de nuevo unos cuantos fallos en su engranaje.

Pena de partido, pena de derrota y lujo de equipo. Jugó el Málaga como pocas veces lo ha hecho en Madrid, pero el Real se encontró con Iturralde y con Higuaín, y con tan letal dúo era muy imposible conseguir nada positivo. El presidente del Málaga tiene que llegarse a la Federación y pegar un puñetazo encima de la mesa porque ya está bien. No son arbitrajes descarados, pero sí tremendamente influyentes. Pena de fútbol español, con tan buenos jugadores y árbitros tan rematadamente malos…

Diario SUR

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