Diario Sur

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CAMINO A LA PERDICIÓN
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Francisco Griñán | 26-02-2011 | 15:48

Por JUAN ANTONIO VIGAR. Me da miedo la guerra. Pero aún me da más miedo la gente que la hace. Que la hace suya. Aquellos que solo saben ver la vida por la mirilla de un rifle de precisión y muerte. «Esta es la historia de un hombre que disparó un rifle durante muchos años. Cuando ya no lo tuvo, descubrió que, hiciera lo que hiciera en la vida: construir una casa, amar a su mujer o cambiar los pañales a su hijo, siempre movería las manos como su tuviera un rifle entre ellas», confiesa el soldado Swofford: un joven marine, francotirador y víctima en aquella primera guerra del Golfo. Un ‘jarhead’ (cabeza bote) sin nada en el cerebro excepto la obsesión por vivir matando. En el verano de 1990, Anthony Swofford era un chico de 20 años que, siguiendo una tradición familiar de hombres de guerra, llegó al desierto de Arabia Saudí para proteger unos pozos de petróleo de alto interés estratégico para los Estados Unidos. Allí vivió su infierno de arena y aburrimiento, lejos de las balas y el peligro, trazando los surcos de su camino de locura y perdición. En 2003 publicó un libro que, conteniendo sus vivencias de esa época, no tardó en convertirse en un ‘best seller’: un retrato agresivo, desde el otro lado del espejo, de la siempre complaciente ‘American Beauty’. En lo narrativo, ‘Jarhead. El infierno espera’ es una película vigorosa filmada desde la óptica de los propios soldados -abundante cámara en mano y visión subjetiva en sus enfoques- y concebida desde el homenaje explícito a títulos como ‘La chaqueta metálica’ -su prólogo revisa la obra de Kubrick-, ‘Apocalypse Now’ -la película que se proyecta a los marines para encender su patriotismo- y ‘El cazador’ -su visionado por los soldados da rienda suelta a una secuencia de gran ferocidad sentimental-. Sus actores principales, Jake Gyllenhaal -una mirada melancólica llena de expresividad-, Peter Sarsgaard y Jaime Foxx, aportan fuerza dramática a un relato afilado y brutal. Sin embargo, conceptualmente, ‘Jarhead’ cae en el tópico de terminar exaltando aquello que debiera criticar. Su falta de militancia por la paz es la estética propicia para la guerra. Sus personajes solo viven porque quieren matar. La guerra se convierte así para el director Sam Mendes en una sublimación positiva del odio de los hombres, en un destino trágico sobre el que termina arrojando una inaceptable mirada compasiva. En la guerra hay que estar siempre en la trinchera de la paz, la vida y la esperanza. Que aunque también sea verde, nunca servirá para tejer uniformes de campaña.