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REQUIEM POR EL PALACIO DEL CINE
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Francisco Griñán | 24-05-2010 | 22:21

Por FRANCISCO GRIÑÁN. Cary Grant abrió la puerta. El actor fue el primero en pasear su garbo socarrón por la pantalla de una sala malagueña de nombre y apellido majestuoso, Palacio del Cine. Ese es la denominación que recordamos los de mi generación, aunque los que tienen memoria histórica dirán que, al igual que la peseta es antes que el euro, su título legítimo es cine Capitol. Con esas letras en su fachada de la calle Mármoles nació la última gran sala de la década de los cuarenta. Proyectaba las películas de la Metro y la Warner, aunque de aquello hace un par de décadas que sólo quedaba el esqueleto y un bingo. Ahora ni eso.
Fue visto y no visto. De pronto, la esquina entre Armengual de la Mota y Mármoles se ha quedado diáfana. Sin recuerdos arquitectónicos. A los que les asalte la melancolía ya sólo les queda acudir a la hemeroteca de SUR o al indispensable libro de María Pepa Lara ‘Historia del cine en Málaga’. Porque el Palacio del Cine, perdón, Capitol representaba un modelo desfasado del ocio que, obviamente, debía ser reemplazado o redefinido. El problema es que estos equipamientos culturales no tienen secuelas de su propio patrón, sino que son sustituidos con usos muy diferentes. Sólo hace falta echar un vistazo alrededor de este cine y comprobarlo. La vecina sala Cairy es hoy grandes bloque de viviendas que además han multiplicado la edificabilidad. Más población por metro cuadrado y menos espacios para todos los públicos. Una operación demasiado habitual para un casco urbano cada vez más congestionado y menos amable.