img
UNA HISTORIA INMORTAL
img
Francisco Griñán | 10-07-2007 | 13:34

Por JUAN ANTONIO VIGAR. Hay historias de época que permanecen siempre contemporáneas. En sus páginas se contienen personajes que trascienden del papel para hacerse de carne y hueso en otros tiempos y culturas. Este es el caso de la obra de Jane Austen: una escritora del XVIII con corazón de sufragista que hizo de la literatura su mejor arma de mujer. Una novelista que, desde la delicadeza y el respeto, dibujó a la mujer moderna en la frontera del nuevo siglo y el pensamiento contemporáneo.
Escritora de precisas descripciones, revelador costumbrismo y luminosos diálogos, su obra ha servido de frecuente inspiración para el cine y la televisión. Habitualmente para filmes pictóricos donde un exaltado romanticismo y emotividad maquillaban el vigor de sus palabras. A excepción de ‘Sentido y sensibilidad’, cuya adaptación al cine, realizada por Ang Lee en 1995, es un sobresaliente reflejo de la fuerza narrativa de esta escritora de prosa callada y sonoras rebeldías.
Se suele aceptar que ‘Orgullo y prejuicio’ es su mejor novela. Publicada en 1813, contiene una apasionante historia de amor nacida de un desencuentro. Entre la risueña e inquieta Lizzy Bennet -una joven «antisocial y taciturna», según el personaje- y el sombrío y atormentado Sr. Darcy: símbolo de una Inglaterra de nobleza caduca y altiva burguesía. Aunque abundan las versiones televisivas de ‘Orgullo y prejuicio’ no se había adaptado fielmente al cine desde 1940, con Greer Garson y Laurence Olivier como pareja protagonista y el prestigioso escritor Aldous Huxley como adaptador. La nueva versión de Joe Wright -experimentado realizador televisivo y cineasta debutante- es todo un modelo de perfección en lo visual, narrativo y argumental. La película nace de una cuidada y respetuosa adaptación del texto de Austen y crece con unos excelentes intérpretes entre los que destacan la joven Keira Knightley -fresca sensualidad e intensidad romántica- y el veterano Donald Sutherland: un Mr. Bennet de porte humilde y distinguido ademán. Relato y trama se acompasan con precisión al latido de la propia historia, desde los largos planos-secuencia que abrazan a los personajes y coreografían el bullicio de sus fiestas y galanteos, hasta los expresivos encuadres del pensamiento amoroso y la fortaleza visual del gran cine romántico.
Hoy, cuando algunas mujeres deben caminar otra vez bajo el burka de su invisibilidad social y otras muchas han de seguir soportando los mil dolores pequeños de una vida discriminatoria, resulta recomendable esta historia inmortal donde una joven consiguió ser mujer sin morir en el intento.