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LOCA ACADEMIA DE POLICÍA
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Francisco Griñán | 06-04-2006 | 23:16

por JUAN ANTONIO VIGAR. Acabo de leer que Torrente, ese pájaro de cuenta, ha volado hasta los Estados Unidos. Precisamente ahora cuando en Marbella ya no caben tantos ladrones de guante blanco con la solapa mugrienta. Marisol con sus reformas en las mollas y el chalé, la Marcos con su colección de cuadros y el Roca, como es debido, en su inodoro de animales disecados y un gran Miró en el retrete lucen ahora grilletes en sus manos de organdí. Torrente vivió en Marbella su misión de cinco estrellas y ahora muchos del consistorio andan más bien estrellaos después de saltar la liebre de tan tremenda cazuela. Como diría el buen Azcona, Rafael el guionista, “¡los muertos no se tocan, nene!” y tampoco el dinero cuando no es tuyo, ¡capullo!.

Volviendo a Torrente y a sus historias presentes, es cierto que se nos va al otro lado del charco en el que siempre suele meterse. Allí han comprado los derechos de este personaje que es, en sí mismo, todo un revés a la lógica y la vergüenza. Harry el Sucio dará así su testigo a Torrente el Cochino. New Line Cinema cree que este policía zafio y corrupto puede resultar chistoso en aquel país de mentes infantiles y corazones guerreros. Mike Bender -recordemos su guión para ‘No es otra estúpida película americana’- y Doug Chernak serán los encargados de poner la hamburguesa, los espirituales y el Magnun (que no es un helado sino un pistolón candente) en la vida atlética -club rojiblanco de sus amores- de José Luis Torrente: el brazo tonto de la ley creado por un chico bien listo de nombre Santiago Segura.

Porque, aunque Torrente defienda entre eructos aquel ‘vale quien sirve’ del sumiso credo de la OJE franquista, su jefe, Segura, está convencido de que servir a sus propios intereses es lo único que de verdad vale. Por eso, sin otra ética ni ideología, el hábil Segura ha seguido engordando sus arcas con las tres entregas del obeso y abyecto Torrente: policía de tebeo y ladrón de libro. Si reírse siempre es bueno, aunque sea con las barbaridades de Torrente, lo malo es que muchos no sean conscientes de que, una vez fuera del cine, aquello de lo que antes se estuvieron riendo realmente no tiene ninguna gracia. Sobre todo los americanos que, padres siempre de la desmesura, pueden resultar en esto un poquitín hijos de puta.