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EL REY DE LOS GRITOS
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Francisco Griñán | 26-04-2006 | 20:44

Por FRANCISCO GRIÑÁN. Ya hemos leído que Vigar tiene un lugar para ‘Monos como chita’. Su artículo cobra todavía más actualidad con el lío de los derechos humanos y simiecos en las conversaciones parlamentarias de sus señorías, que me recuerdan a aquella escena del senado de ‘El planeta de los simios’ en la que chimpancés, gorilas y orangutanes discutían sobre qué hacer con el animal Charlton Heston. Pero no quería hablar de esas monadas, sino del compañero de Chita, Tarzán, que, como su inseparable primate, también cumple años. Y muchos. Ni más ni menos que 95 desde que la literatura le diera vida, aunque fue el celuloide el que le grabó su principal seña de identidad: un inconfundible grito.
Su escaso vestuario -un taparrabos- y su cuerpo atlético son comparables a su reducido vocabulario, un déficit que los creativos de la Metro Goldwyn Mayer (MGM) solucionaron dotando al personaje de un singular grito -combinación de múltiples sonidos- que, cada vez que era lanzado por Johnny Weissmuller en un excelente ‘playback’, provocaba que hasta la última hormiga de la jungla se movilizara en ayuda del hombre mono. Pero aunque el cine se apoderó de este célebre personaje hasta el punto de convertirlo en un icono social, lo cierto es que su nacimiento fue literario.
Su ‘padre’ fue el estadounidense Edgar Rice Burroughs (1875-1950), un escritor tardío -publicó su primera novela a los 36 años, ‘Under the Moon of Mars’, un relato de corte fantástico- que, con sus primeras líneas, se topó con un personaje de ficción, Tarzán, que supuso todo un éxito editorial y provocó toda una cascada de cartas de lectores exigiendo nuevas aventuras. El héroe llegó colgado de la liana del mito y protagonizó 25 novelas originales, a las que también hay que unir medio centenar de películas y el doble de producciones televisivas, más de 10.000 cómics e incontables adaptaciones radiofónicas. Un éxito inapelable que convirtió a Burroughs en el escritor más rico de su época, aunque la fama y el dinero viniera acompañadas de dramáticos conflictos para su autor.
La fulminante repercusión de la novela original, ‘Tarzán de los monos’, acabó fagocitando los propios sueños de Burroughs, que renunció a sus ilusiones literarias para dedicarse a la producción en cadena de las aventuras del rey de la selva. Y aunque finalmente las obras de este escritor de Chicago se diversificó con otros títulos y personajes (publicó casi 70 relatos, de los que 25 trataban del hombre mono), la repercusión de su obra ha quedado delimitada a su creación más ‘salvaje’. A menudo se habla de la identificación paranoica de Weissmuller con Tarzán. No fue el único que arrastró esa carga. El propio Burroughs vivió y murió en un rancho californiano en torno al cual se construyó una ciudad en recuerdo de su creación. El nombre de aquel lugar es para gritar: Tarzana.