Morir sin nada
6 de marzo: Un hombre de 50 años se suicida cuando iba a ser desahuciado. 16 de febrero: Un hombre de 68 años se suicida al perder su casa por una deuda. 13 de febrero: Un hombre de 55 años es encontrado ahorcado en su vivienda al hacer efectivo su desahucio. 12 de febrero: Un matrimonio de jubilados se suicida después de recibir el aviso de desahucio. 11 de febrero: Un hombre de 56 años se suicida cuando su casa iba a ser subastada. 8 de febrero: Un hombre, de 36 años, casado y con un hijo, se suicida tras ser desahuciado. Y así una lista dolorosamente interminable, de la que es tabú responsabilizar políticamente a nadie. Son víctimas silenciosas, anónimas, gente que murió por su mala cabeza, en una triste esquinita de un diario local. Sin molestar.
198 personas murieron el 11-M. Desde la misma mañana del atentado se señalaron responsables políticos, y se sigue haciendo continuamente, a cuatro columnas. Desde la propia política, desde la ciudadanía y desde la prensa, esta misma semana. Y las asociaciones de víctimas tienen un enorme peso político y mediático y han influido no poco en la política en los últimos años. Y tenemos asociaciones de víctimas de derechas y de izquierdas. Y no hay ningún reparo en relacionar esas muertes con decisiones políticas, aunque sea con argumentos de lo más especulativos y peregrinos. Sin embargo hay un reparo absoluto en relacionar los suicidios con los desahucios y con la política. Desde ambas trincheras. Inexplicablemente. No está demostrado que en todos los casos se hayan suicidado por los desahucios, te dicen. Demostrado. Tócate las narices.
Los muertos del terrorismo se los lanzan a la cabeza sin ningún pudor, y los reviven, y los abanderan y los honran y los lloran. Los muertos de los balcones se entierran sin honores, a paletazos de tecnicismos, encíclicas de Merkel, falso izquierdismo, lágrimas de coña y duda metódica. Intentando simplemente que parezca que mueren por nada en vez de que mueren sin nada. Absolutamente nada. Ni siquiera un triste autor intelectual. ¿Quién no quiere que se paralicen los desahucios?
Hago siempre el mal. No por maldad, sino por no destacar