Árboles que comen CO2
Lo preguntaba varios meses atrás, ¿cuáles son los árboles más adecuados para comerse el CO2? (con vistas, claro, a utilizarlos en mi terreza). Y un biólogo con buen criterio me contestó que eso está en función de la masa forestal de la planta y de su aguante a la polución. Ahora, una compañera del periódico Málaga Hoy responde a mis dudas con un reportaje que tiene mi más sincera enhorabuena, y en el que cuenta, por ejemplo,
que las jacarandas, una de las especies más distribuidas en Málaga, son capaces de neutralizar los gases contaminantes que producen 1.405 vehículos al día.
El ficus (este es famoso, incluso se comercializa como ‘tragahumos’), el plátano de sombra (por su resistencia), el brachichiton, la acacia y la tipuana son otras de las especies más frecuentes en los barrios malagueños, mientras que el olmo y el naranjo aparecen con menos frecuencia. Y da la casualidad de que son también, junto a otras varias, las más aptas para contrarrestar la contaminación atmosférica de la ciudad.
Solamente las palmeras, que en los últimos años adornan la mayoría de las avenidas de la capital, “no son muy eficaces debido a su escasa biomasa, según el catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, Enrique Figueroa, que ha realizado recientemente un estudio sobre la importancia de la vegetación en la lucha contra el cambio climático.
Según el estudio de este grupo de investigación, un árbol de 20 años absorbería el CO2 emitido por un vehículo que recorre entre 10.000 y 20.000 kilómetros (cada uno libera 200 gramos por kilómetro), mientras que una hectárea arbolada urbana produce al día el oxígeno que consumen seis personas.
Por ejemplo, un plátano de sombra, como los que hay en el Paseo de los Curas, con unas 6.000 hojas puede absorber en un día hasta cinco kilos de gases de efecto invernadero. Esto supone que en una calle donde haya plantados 50 árboles de este tipo, mayores de 20 años, existe una superficie captadora de dióxido de carbono de 400 metros cuadrados.
Las especies vegetales absorben dióxido de carbono gracias a la fotosíntesis, proceso por el que absorben este gas para transformarlo en carbono que queda fijado a sus tejidos. Además, tienen la capacidad de liberar oxígeno a la atmósfera en función de su tamaño, extensión y duración, o según el agua y nutrientes que necesitan.
Pero no hay que olvidar que los árboles y plantas son también productores de CO2. María del Mar Trigo, profesora de Biología Vegetal de la Universidad de Málaga, explicó que la vegetación devuelve dióxido de carbono a la atmósfera cuando respira “al igual que hacen los seres humanos”. La diferencia es que el balance entre lo que producen y absorben los árboles “siempre es positivo”, de ahí que se consideren sumideros naturales de gases de efecto invernadero.
PD: Sólo faltaría añadir los beneficios acústicos (antirruido), de limpieza, estéticos y biogeneradores de los árboles. En fin, como siempre digo: TERRAZAS VIVAS YA! JARDINES EN LAS CUBIERTAS DE TODOS LOS EDIFICIOS!

