cronica de Lost Planet -2

Primera parte aqui : http://blogs.diariosur.es/playerid/2014/12/10/juego-lost-planet/

Lost Planet : Mucho pervertido veo por aquí.

A veces hay veladas referencias que te hacen pensar en que algún que otro japonés está un poco enfermo de la cabeza: una nube con forma de falo por aquí, un par de peludos huevos de Pascua por allá… Pero lo de Lost Planet es de juzgado de guardia. A ver, que levante la mano el LISTO que propuso matar a los Akid disparándoles en el CULO . Sí, has leído bien: Wayne sobrevive buscando culos por descampados. Claro que suena mal, pero si te gustó Shenmue bienvenido a bordo, marinero. El caso es que gracias a esto los combates resultan curiosos. Como digo el punto débil de los Akrid suele ser su sonrojado culo : allí acumulan la energía tan necesaria para sobrevivir en los helados parajes. La excepción es el Akrid que os decía antes: ¡tiene un glande gigante dentro de la boca ! Al tener el punto débil en salva sea la parte, los combates con jefes finales  se convierten en una especie de pelea de perros buscando dañar el hoyito 18 del adversario. Evidentemente esto no es la Ostra Azul y los bichos guardan con celo su trasero, pero a una buena ración de tiros, granadas y lanzacohetes no hay culete que se resista.

Ya he comentado que el sistema de combate es bueno, pero un poco lento en ocasiones. Se echa en falta algún botón que dirija nuestra atención a los puntos calientes de la partida, algo que en RIFT, por ejemplo, estaba muy bien conseguido. Se montan unos follones de cuidado a veces y no sabemos ni de dónde vienen los tiros. Acabamos como puta por rastrojo, volando de explosión en explosión sin poder ni movernos.

Para evitarlo contamos con un arsenal desperdigado por ahí de fusiles, escopetas, granadas (por fin un juego en el que las granadas son rápidas y útiles), fusiles de plasma, rifles de francotirador y lanzacohetes. Además podemos usar las armas de los robots, desmontarlas y armar la de San Quintín, aunque resultan muy pesadas. Por cierto, ¿he hablado de los robots?

Roboses. Robotos. Robós.

La verdad es más bien son exoesqueletos  como el que usaba Ripley para demostrar quién era la zorra con más huevos en Aliens en Lost Planet . Suelen estar enterrados bajo la nieve, aparcados en zona azul o en hangares y podemos usarlos para matar más y mejor. Lo cierto es que su control, tosco y servomecánico, mola mucho: la sensación de peso y solidez es perfecta y avanzar con ellos por la nieve disparando a todo lo que se mueve te hace sentir un puto dios. Además están cargados de cohetes, láseres, sierras y ese aparato tan caro que hace “piiiiiiiing”, para hacer más variada la fiesta. Suelen pegar unos saltos tremendos e incluso planear para pasar algunas fases de leve plataformeo. Eso sí, consumen mucha energía y a la que te descuidas, te dejan seco de calor y la lías. Como un Copaturbo cuando lo revolucionas en la M30 . Ver : https://www.youtube.com/watch?v=EXdtGcybnDY

Aún así, los combates entre robots suelen ser apasionantes. La pantalla se llena de humo, chispas, tiros y explosiones. Una vez cogido el tranquillo del control, la cosa se pone muy emocionante. Acabar un combate de final de fase con tu robot jodido, humeando, y mandar a tomar por culo a tu enemigo de un certero pepinazo es bastante orgásmico.

Hay unos cuantos modelos. Los básicos se caracterizan por la agilidad y capacidad de salto, son los más comunes y los más prácticos para imponer nuestra férrea disciplina. También hay algunos que se transforman en otra cosa : uno de ellos se convierte en una moto de nieve y otro, el más molón, ¡en un TANQUE! Lástima que el control de estas dos formas sea tan tosco, desmerece un poco. Aunque claro, a un tanque se le perdona todo .

Los jefes.

Todas las misiones se estructuran como un camino hacia el jefe final de Lost Planet . En algunas de ellas deberemos combatir también contra un jefe intermedio, lo que hace la bonita cifra de dos jefes finales por fase. Mucho jefe para cosa buena, pero Capcom sabe lo que hace y no decepciona. Los combates son duros, apasionantes y consisten básicamente en averiguar la mecánica con la que hacemos daño. Muchas veces se trata de disparar a un punto concreto, y en ocasiones deberemos debilitar sus defensas hasta descubrir el punto de máximo daño. Estas batallas no resultan excesivamente difíciles: en nivel normal no nos plantearán más que unas cuantas repeticiones. Los jefes destacan por su enorme tamaño y por estar ocasionalmente acompañados por otros enemigos menores que convierten el combate en un auténtico desmadre de efectos gratuitos.

La nieve en Sevilla es una maravilla.

Gráficamente Lost Planet es de notable alto. Escenarios grandiosos con decenas de enemigos pululando, efectos a todo tren, chispas, humo y uno de los fuegos más realistas que he visto nunca. Es que parece que te quema las pestañas y todo. Lo más bonito son los parajes naturales, desfiladeros, riscos y barrancos nevados: una especie de Candanchú con cañones de plasma en vez de nieve. Los escenarios, muy amplios, lucen especialmente bien en los exteriores, mientras que los interiores, minas y complejos industriales, resultan bastante recurrentes. Es destacable el diseño de los robots —llenos de luces por aquí y por allá, como debe ser— y el diseño de los soldados enemigos, en un quiero y no puedo a lo Tron. Poco artístico, pero claro: si quieres mariconadas cómprate el Okami.

El online.

No lo recomiendo. Lo poco que he probado era un caos de japoneses, chispas, disparos y resurrecciones instantáneas, algo así como una mezcla entre el Proyecto Manhattan y Pearl Harbor. Sólo para masoquistas asociales.

En definitiva.

Es un buen juego, pero no un GRAN juego. Un despliegue gráfico brillante, pero que nos lleva por caminos transitados cientos de veces. Quizá el tratamiento de los robots y su acertado control le hagan subir unos cuantos enteros, pero no os engañéis : es un “tira p’alante” con jefes finales made in Capcom. Que si eres muy fan (otros comen cucarachas, gustos hay para todo) te gustará seguro, pero desde luego es el más prescindible de los imprescindibles de la 360.

 

 

 

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Diario SUR

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