ADIÓS PUES
Mi pequeña vaca,
anoche yo misma quise ser tú.
Transformé mi cuerpo para, voluptuosamente,
sentir tus colmadas ubres y el sabor
de la clorofila entre mis dientes.
Quise ser tu latido,
cada movimiento tu movimiento,
un recuerdo que rumiaba,
una vez más.
Añoro aquellas noches de lecturas interminables,
las pasiones compartidas entre volutas de humo
y risas cómplices.
Olvidábamos toda incomprensión
y nos multiplicábamos en cada verso,
siendo piel de cada uno de los millones
de seres que pueblan la tierra.
Quise alcanzarte, vaca,
fui capaz de tomar todas las drogas
para producir tu imagen amada.
Vacié las estanterías de todos los supermercados
para sumergirme en tu blanca leche,
puro jugo con el que tantas veces me saciaste.
Compré acciones de las grandes compañías lácteas,
fui a todos los campos, las granjas
y nada conseguí.
Ninguno era tu cuerpo,
ningún mugido, tu mugido soñado.
Vaca mía, vaca perdida.
Rompo el pasado con mi desesperación.
Parto en busca de otros mundos,
abandono toda ilusión para encontrarme,
vaca propia, nombre propio, en esa novedad.
Helena Trujillo Luque
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