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La nota

2013 mayo 22
por M. Eugenia Merelo

A los ciudadanos solo nos dejan poner nota a los políticos cada cuatro años, cuando llega el momento más o menos puntual del arrebato de las elecciones. Como en otras cosas, los políticos juegan con ventaja y se pueden poner nota a si mismo cuando les interesa o les viene en gana. El alcalde de Málaga ha aprovechado el ecuador de la legislatura municipal para ponerse calificación y ha tirado de «una notita alta» para puntuar su gestión. Escribió el estadounidense Thoreau que es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse. Y Francisco de la Torre tiene síntomas de tener el cuello en exceso rígido para el sano ejercicio de flexibilizar las miradas.

Más o menos tenemos claro que la autoestima depende de lo que uno piensa de sí mismo y no de lo que piensan los demás. Y que en la vida todo cambia según el cristal con que las cosas se miran. También, que la botella se puede ver medio llena o medio vacía. Y que están los que ven una oportunidad en toda calamidad y los que encuentran una calamidad en toda oportunidad. El manual, más o menos, lo manejamos. Pero una cosa es mirar por un cristal con alegría y otra, pasarse con la lente de aumento. Y a Francisco de la Torre se le dispara el entusiasmo y el ego bajo el aluvión de datos con los que quiere avalar la excelencia de su mandato. No está mal exponer que hay dos nuevos parques caninos que con éxito ya están funcionando. Y nuevas marquesinas. Y nuevos contenedores soterrados. Los ciudadanos lo celebramos. Pero no es serio dejarse en el cajón de la Alcaldía proyectos que hoy son errores de gestión y que un día animaron el voto de los ciudadanos. Flexibilizando la mirada varias legislaturas atrás, la nómina de proyectos perdidos, truncados o abandonados no se queda corta: Tabacalera, Astoria, cubo del Puerto, Benítez, Baños del Carmen, auditoriun, parque urbano y funicular en Gibralfaro o soterramiento de la avenida de Cánovas. Muchos ni están ni ya se les espera. Puestos a buscar cristales, las dos legislaturas anteriores de nuestro optimista alcalde pueden leerse con otras gafas y advertir que se cerraron con solo dos ejecuciones: las remodelaciones de la plaza de la Merced y del Parque. Todo un hito, al que ahora sumamos, con entusiasmo y en el ecuador de otro mandato, los parques para mascotas.

A De la Torre le gusta darle al optimismo, que todos sabemos que es una cosa sabia. Pero también, que en la moderación está la virtud, y el alegre derroche del regidor municipal no borra ni los proyectos incumplidos ni sus errores de bulto, y hasta molesta a la inteligencia del ciudadano. Los años de gestión y el desgaste pasan factura. Al final, aplaudiremos la utopía pesimista y lusa de José Saramago: «Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay».

Contratos únicos

2013 mayo 15
por M. Eugenia Merelo

El comisario europeo de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, László Ándor, quiere que España contemple la implantación de un «contrato único abierto» para frenar el elevado desempleo, sobre todo, juvenil, y para acabar definitivamente con la segmentación del mercado laboral. Opina este comisario húngaro que hay mercados laborales donde hay un empleo excesivamente protegido, el de los contratos indefinidos, frente al modelo de los temporales. Parece que la idea de Ándor no ha sido seguida a pies juntillas por nuestro Gobierno, pese a estar entregado como está a la noble causa europea. Ahora que las carretas ruedan por el largo camino hacia el Rocío, que nada tiene que ver con el largo y difícil que recorre la economía española para crear empleo, la ministra Fátima Báñez está más iluminada que nunca y ha sentenciado que el contrato único no tiene cabida en la Constitución española. A la ministra de Trabajo le gusta evocar imágenes de altura. Hasta ahora, las ha sacado del marco celestial, pero empieza a inclinarse por el marco legislativo. Una virgen o una Carta Magna siempre sirven para enmarcar un argumentario sólido.

Este país no necesita que venga un comisario europeo para hablarnos de nuevas contrataciones. Fuera del plano religioso y normativo, aquí sabemos lo que no está escrito y podríamos crear una cátedra sobre la contratación única, un concepto que puede tener variaciones, depende de si lo explica un político español o uno europeo. Pero en cuestión de pactos laborales, en España nos movemos entre dos extremos: o no contratamos o contratamos de aquella manera, que es la forma que la política hispana y alegre entiende por contrato único. Lo sabe el exalcalde de Jérez Pedro Pacheco, al que le han caído cuatro años de cárcel por enchufar a dos compañeros de partido. El histórico dirigente andalucista ha sido condenado por su concepto particular de la contratación única: colocar de manera irregular a dos colegas del PA como asesores en sociedades municipales del Ayuntamiento de Jerez. Con la sentencia en la mano, Pacheco no debe estar tan seguro de que la justicia sea un cachondeo.

En modelos de contratación, tenemos en Bárcenas a un insuperable experto. Los contratos silenciosos del extesorero del PP se anotaban en unos papeles que cada vez son menos secretos, aunque dicen que todavía quedan unos cuantos ocultos en maletines. La relación contractual con la cúpula del partido era tan exclusiva, que cada cargo tenía su sobresueldo particular, una cantidad de ‘b’ que siempre llegaba en un sobre mensual y nunca llegaba a la contabilidad de Hacienda. Por mucho que diga Bruselas, Rajoy tiene claro que no se toca ni una coma del nuestro nuevo marco laboral porque, dice, su reforma funciona. Como siempre, el presidente ha sido demasiado parco en palabras y nos ha dejado con la duda de si los nuevos contratos llueven a gusto de todos, de los políticos y de los ciudanos.

El banquero no es Job

2013 mayo 1
por M. Eugenia Merelo

El ministro De Guindos está de acuerdo con que se retiren de la circulación los billetes de 500 euros. «No los he visto en mi vida. No sé ni cómo es», perjura el responsable de nuestra maltrecha economía. Quienes seguro que no han visto jamás el misterioso billete púrpura son los más de seis millones de desempleados que hoy celebran el Día del Trabajo sin nada de trabajo y mucha desesperación. Si marchasen todos esos ciudadanos en una manifestación harían del Primero de Mayo un multitudinario Día del Desempleo, un verdadero y desolador triunfo en las calles de todo el país, sin las grandilocuentes proclamas de los sindicatos, esos que ayer guardaban más silencio que de costumbre pese al vértigo de los datos. Igual, los dirigentes sindicales le han hecho caso a Rajoy y se han vuelto a armar de paciencia, que es todo lo que, a estas alturas del desastre, es capaz de pedir un señor presidente al 27,1% de su población activa en paro, al 57% de sus jóvenes menores de 25 años sin ocupación y a casi dos millones de familias con todos sus miembros en el dique seco laboral.

Una cosa es tener presente al santo Job y no lanzarse a las calles a matar políticos como ha hecho un señor desesperado y parado en Italia y otra muy distinta no sentir frío ni calor cuando un presidente, rodeado de una corte de ministros, asesores, secretarios de Estado, directores generales, subsecretarios, delegados, subdelegados y esa interminable nomenclatura que puntualmente cobra a final de mes su sueldo público sigue hundiendo el país en un pozo. No le faltaba razón al prolífico escritor Walter Scott, y el que sube una escalera debe empezar por el primer peldaño. Pero es que aquí no se ve escalera alguna, ni peldaño, al menos para subir. Para bajar nos han surtido con alegría y puntualidad exquisita en cada Consejo de Ministros.

Y esto va a peor. La evidencia la tenemos en Fátima Báñez. La ministra de Trabajo ya no taconea con optimismo la copla de la recuperación, ni se encomienda a la Virgen del Rocío, ni agradece el capote divino hacia la salida de la crisis. Ya no se emociona al lado de los almonteños ni al lado de los ministros. Ahora, la ministra admite que para crear empleo queda un camino largo y doloroso. Aunque no ha aclarado si ese camino pasa por Almonte. Ella habla del camino. Rajoy, de paciencia. Esa que no tienen los bancos para esperar que un ciudadano encuentre trabajo, tenga ingresos y no pierda su vivienda con una fría orden de desahucio. Tampoco la ha tenido el banquero impaciente que ha decidido de un día para otro dimitir y dejar su despacho del Santander con una jubilación de 88 millones de euros, más un seguro de vida de 11 millones. Pero está claro que el banquero no es Job. Ni falta que le hace. Ni tampoco es De Guindos. El banquero podrá ver muchos billetes de 500 euros en su largo y jubiloso retiro. Solo tiene que tener paciencia para poder contarlos.

Tecnopapa

2013 abril 17
por M. Eugenia Merelo

Málaga Valley, PTA o Soho. O también ‘Málaga suma’, esa campaña diseñada por el PP, convencido, como dice Elías Bendodo, de que «somos la capital económica, turística y tecnológica de Andalucía y que hay que tener claro que una Málaga fuerte es necesaria para una Andalucía fuerte». Fuerte para el PP, imparable para el PSOE. Estancada, en opinión de cada vez más ciudadanos. Pero a los políticos de esta ciudad y de esta comunidad les gusta sacar pecho y embriagarse con proyectos que aspiran a convertir Málaga en el ombligo del mundo de la tecnología, el arte, el diseño, el conocimiento, la sostenibilidad, la gestión multicultural, la innovación, el emprendimiento, el arte, la creación, el diseño o la innovación. Vamos, que nos salimos del mapa de Platón, que defendía que el conocimiento es el alimento del alma. Y aquí parece que preparamos un atracón.

  La innovación se quedaba antes en el panfleto y ahora no pasa del hashtag. Y una cosa es el capítulo de los proyectos y otro el de los incumplimientos, y los segundos siguen ganándole el pulso a los primeros para no romper la tradición política de pensar más en la propaganda y en el voto que en la gestión, la eficacia y el sentido común. El último capítulo en esa tradición lo escriben las tecnocasas, un proyecto anunciado hace ocho años por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga para recuperar el pulso de los arrabales del casco antiguo con la construcción de pequeñas viviendas públicas de bajo coste en régimen de alquiler, destinadas a jóvenes emprendedores que necesitasen un espacio para compatibilizar la vivienda y el lugar de trabajo. Incubadoras para el futuro de los que soñaban con empezar.

  El proyecto se queda en dique seco con mucha energía perdida, una docena de solares abandonados en pleno Centro Histórico y una treintena de propietarios sin cobrar el dinero de las expropiaciones. Demasiado fracaso y demasiada frustración. Pero no faltan las mentes brillantes y preclaras que predican que siempre hay un roto para un descosido y que están dispuestas a encontrar una salida al inmenso despropósito. IU quiere cambiar las tecnocasas por tecnopapas, sacarle rentabilidad a los suelos que han costado ocho millones del erario público convirtiéndolos en huertos urbanos. Después de años de burocracias y de demoras, ahora toca el momento de la celeridad y la Consejería de Fomento está ya en contacto con tres entidades vecinales y ecologistas para cederles la explotación de parcelas en las calles Victoria y Carretería. El gerente de la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA) defiende con entusiasmo que en los solares millonarios en los que se proyectó que brotase la innovación broten ahora los tecnohuertos. Definitivamente, tenía razón Einstein. Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Y aquí seguimos, evocando sin pudor a Platón y vendiendo sin sonrojo el empacho de conocimiento.

Tecnopapa

2013 abril 16
por M. Eugenia Merelo

¿Dónde está Cupido?

2013 marzo 13
por M. Eugenia Merelo

Batalló durante su eterna existencia con dos tipos de flechas. Unas de oro, para despertar los corazones, y otras de plomo, para inocular la indiferencia y el olvido. Ese era Cupido, hijo de Venus y de Marte, instalado desde tiempos remotos en nuestra cultura como símbolo del amor. Al amor apeló hace unos días el alcalde de Málaga para evitar la huelga de Limasa, como si Cupido tuviese poca faena fabricando sus flechas en el bosque y estuviese dispuesto a hacer horas extras y gratis para ablandar los corazones en el comité de empresa de Limasa. Los dioses también tienen sus convenios laborales, aunque tengan menos pluses que los empleados de la empresa malagueña. Si los responsables de la limpieza de la ciudad se empeñan en no ajustar sus sueldos y sus descansos al marco de una economía y de un presupuesto en crisis, no podemos exigir que una divinidad amplíe su jornada laboral por la cara, teniendo en cuenta que su antigüedad se mide en milenios y no en trienios, y eso no hay convenio colectivo que lo iguale. Eso sí, los dioses y los trabajadores de Limasa pertenecen a un privilegiado Olimpo en el que se heredan los puestos de trabajo.

Desde que Francisco de la Torre apeló al amor a Málaga para evitar la huelga de basura en Semana Santa se han sucedido en pocos días una convocatoria de huelga en unas fechas clave para el turismo y la economía de la ciudad, una reunión dominical y maratoniana que terminó sin ningún acuerdo, una ratificación de paro, una amenaza de ERE, y un laudo que le otorga parcialmente la razón a la empresa pero que cierra el camino a los despidos, de momento. ¿Dónde está Cupido? Sigue liado con sus flechas y no ha salido del bosque. Ni ganas que tiene. Y aquí andamos los ciudadanos, pendientes de una amenaza de secuestro y de un daño grave para la ciudad por parte de unos señores a los que el alcalde ama mucho. Tanto afecto les tiene que hace unos meses estaba dispuesto a poner en marcha Limasa TV y retransmitir al universo web imágenes de la eficacia y efectividad de sus labores de limpieza y así acallar las pesadas quejas de unos vecinos indignados por la mugre que empaña las aceras de esta Ciudad del Paraíso.

Los políticos abusan de apelar a unas emociones para poner proyectos en marcha, conceder privilegios y ganar votos y adhesiones. Y de otras diferentes para intentar solucionar los marrones. Si el amor fuese un compromiso registrado en el carné político, las cosas marcharían, sin duda alguna, de otro modo. Pero algunos solo se acuerdan del amor cuando la cosa se tuerce y se pone chunga. Y eso, no vale. El dios del amor ha pasado de la invocación de De la Torre para que bajen del Olimpo sus trabajadores. A ver a quién apela ahora el alcalde para que los ciudadanos no terminen rodeados de basura, añorando a Cupido y sintiéndose Diógenes.

La especie

2013 marzo 6
por M. Eugenia Merelo

El hombre es el peor enemigo de la especie humana. No es una moda o un capricho de los tiempos que corren, sino un hábito o una debilidad evidente desde el principio de todo. No hay más que recordar a Caín, que no tuvo otra ocurrencia que cargarse por envidia a su hermano Abel, sin importarle lo más mínimo el mal rato que le daba a Adán y Eva, ni tampoco la cólera de Dios, que ya sabemos que le puso como condena vagar por los valles de este mundo con su marca en la frente. A Caín no le importó nada, ni el precedente ni el ejemplo para las generaciones futuras. Y desde Caín, o desde antes, el hombre no ha dejado de fustigar a su propia especie: la ha esclavizado, la ha arrasado en guerras, la ha exterminado en cámaras de gas o la ha sometido bajo dictaduras, sin olvidar otros fastidios menores como robos, asesinatos, expolios, vejaciones o malos tratos. El hombre es un lobo para el hombre, dijo el comediógrafo latino Plauto, pero lo dijo allá por el 250 a. C y no tenía ni idea de lo que recogerían los libros de Historia en los siglos siguientes. Evidentemente, Plauto se quedó corto. La especie humana tiene una extraordinaria habilidad para fastidiarse a sí misma y, de paso, fastidiar todo cuanto encuentra a su alrededor.

La especie animal y la naturaleza tienen desde hace tiempo grandes defensores. Las asociaciones ecologistas llevan décadas luchando por salvar lo que queda de este planeta y preservar al menos un souvenir para las generaciones futuras. Ahora, la especie humana ha encontrado a su gran salvador, aunque en este caso no se pueda aplicar la sabiduría popular de que nunca es tarde cuando la dicha es buena. El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se ha eregido en un Greenpeace ministerial y beato y ha lanzado su particular campaña en defensa de nuestra especie. En un ejercido de darwinismo iluminado y reaccionario ha proclamado que el matrimonio entre personas del mismo sexo no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el ‘matrimonio natural’.

Dice que sus argumentos no son confesionales sino racionales, porque las uniones del mismo sexo no garantizan la pervivencia de la especie. Habla de argumentos racionales un ministro convencido a ultranza de que la virgen de Fátima ha tenido mucho que ver con el curso de los acontecimientos mundiales. Razón o fe. La razón apunta a que la especie anda vaga en eso de procrear porque no hay muchas faciliades: los poderes públicos en manos del PP no garantizan el trabajo, la educación, la vivienda, la sanidad ni el futuro. Porque no protege los derechos laborales ni la conciliación entre el trabajo y la familia. Y con este panorama hay que ser muy valiente para ponerse perpetuar la especie. Fe o razón. Tengamos fe. Quizás la especie no desaparezca. Y hasta puede que baje la virgen de Fátima para aumentar la familia y, de paso, revelar el misterio de la contabilidad millonaria de Bárcenas.

Habemus dimisiones

2013 febrero 27
por M. Eugenia Merelo

Tanto quejarnos de que aquí no dimite ni dios y, lo que son las cosas, el primero que va y dimite es el Papa. Todavía no sabemos si Dios ha aceptado su renuncia, pero Benedicto XVI parece que lo tiene claro. Debe ser complicado presentarle la dimisión a un ser divino porque se supone que todo lo ve desde arriba, que está al tanto en cada momento de todas las intenciones, incluidas las de su máximo representante aquí abajo. Nada se puede ocultar a sus ojos ni a los del Espíritu Santo. Pero el Papa ha presentado su papela sin importarle las opiniones de nadie y sin esperar el punto final habitual de los inquilinos que le precedieron en las estancias del Vaticano. Hay que entender al santo hombre, jefe de los pastores en la Tierra, que ya no daba a basto para poner orden en un redil en el que cada vez hay más ovejas descarriadas. Agotador.

El Santo Padre ha demostrado que hay cosas que pueden cambiar en la Iglesia y ha roto tabúes contracorriente, pillando a casi todos con el pie cambiado. Lo que son las cosas. Pero parece una misión imposible cambiar hábitos en España. En este país, sigue siendo motivo de estupefacción una dimisión, palabra que parece que muy pocos tienen incluida en su libro de cabecera. Para ser grande hay que servir a lo demás, dice la Biblia. Y aquí sobran los que se consideran grandes cuando se sirven generosamente a sí mismos.

Dentro de ese deporte nacional de buscar el chiste y el chascarrillo se han desatado disparatadas teorías que justifican la decisión de Ratzinger. Hay quien dice que si se empieza quitando la mula y el buey corres el riesgo de terminar quitándote a ti mismo. Para otros, el alemán ha presentado su renuncia porque los políticos no tienen hilo directo para escuchar las súplicas de los mortales. También apuntan a que el propio Rajoy se lo ha pedido para tapar los ecos del escándalo de Bárcenas. Las conjeturas son infinitas, como la paciencia de Dios, que aguanta y aguanta sin mandar nuevos diluvios universales para limpiar la faz de la Tierra de tanto rebaño díscolo y aprovechado.

Tan magna e histórica renuncia dejó en un tercer plano la del concejal de Empleo del Ayuntamiento del Rincón, un guardia civil retirado y principiante en política que ha pedido en las redes sociales la ilegalización del PSOE. El edil del PP ha calificado a los partidos de la oposición y nacionalistas de «asesinos mafiosos y etarras». Antonio González López, que así se llama el ya exconcejal, se niega a pedir perdón por sus polémicos artículos. González tenía un despacho en un Ayuntamiento y no en el Vaticano, donde se conoce bien la frase del libro de Mateo: no juzguéis a los demás si no queréis se juzgados. Hay que predicar con el ejemplo, pero no sabemos si unos cuantos serán capaces de abrir algún día los ojos. Habemus renuncia. Ya hay fumata blanca para las dimisiones. Pero seguro que la mayoría prefiere seguir en misa y repicando.