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El viejo huésped

2012 diciembre 28
por Sora Sans

Según el Libro de Eclesiastés hay tiempo para todo, “tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de abrazar”. A las familias les ocurre eso cada año, llega diciembre y los trenes, aviones o autobuses se llenan de familiares solitarios camino de un hogar que cada vez tiene un par de arrugas más en la fachada. Nada más salir de la estación, se empañan los cristales y los familiares quedan atrapados en un mundo interior lleno de extraños. He notado que la parte frontal del autobús suele tener viajeros que van por delante en la buena convivencia del trayecto. La parte trasera, sin embargo.

Aunque no es invierno en todas las navidades del mundo, sí lo es en cada navidad malagueña y el frío, como si fuese un dios capaz de espantar a todos los mosquitos, parece tener un efecto contrario en los humanos, quienes alimentan las calles con luciérnagas eléctricas cuyo fin debe tener algo que ver con espantar la tristeza. Zaratustra se refería al invierno como ese huésped que te deja las manos azules al saludarte y del que uno puede alejarse siempre que sepa correr. Es bien sabido que se conocen otros métodos. Véanse: el dar y recibir abrazos, el dar y recibir regalos, o el dar y recibir sin más.

Y así llegan los familiares a su punto de encuentro, la familia, rodeados por una casa maquillada con árboles de rímel y manteles de carmín. Se reciben los unos a los otros con sonrisas burbujeantes y los mejores deseos; admiran la mesa y hay quien, ante tanta abundancia y colorido, sufre el síndrome de Stendhal. Pero todo tiene remedio con un poco de ironía y algún chiste fácil: ¿Cuándo piensas divorciarte? En cuanto me case.

Compromisos familiares que alejan el frío de la soledad, besos que no se pueden dar por Whatsapp o whatssaps de números que borramos de la memoria (del teléfono) y nos hacen saber que seguimos en la memoria (la otra) de quien quiera que nos esté enviando felicidad. El tiempo de abrazar está lleno de cosas un tanto absurdas o exageradas que sencillamente aceptamos con cierta inocencia, pero… ¡bendita inocencia!

 

Publicado en Diario Sur el 28 de diciembre de 2012

Sora Sans

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