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En busca de Toni Morrison

2013 marzo 8
por Sora Sans

     En las librerías de segunda mano se pueden encontrar básicamente dos especies de libros y unas 50.000 especies de ácaros. Son un lugar abierto a curiosos y bibliófilos, tímidos Don Juanes y escépticos que mantienen cierta esperanza de forma secreta. Cualquiera con un mínimo de audacia y unas buenas gafas de incógnito puede visitar estos museos olvidados donde, con un poco de suerte, encontrará algo que jamás en la vida se habría planteado buscar. Cualquiera excepto los alérgicos al polvo, claro está.

     Cuando era joven solía pasear a menudo por estas librerías, siempre armada con un buen arsenal de pañuelos y convencida de que me toparía con alguna obra maestra que funcionase como antihistamínico. Imaginaba que había entrado en una mansión envejecida y abandonada donde habían retirado ya el oro y la plata, dejando detrás un cascarón deshabitado y lleno de otro tipo de joyas: los libros. Según me fui habituando a estos lugares, comprendí que entre alhaja y alhaja, había muchísima bisutería; de ahí las dos especies de libros. Por un lado estaban las adquisiciones fortuitas que la familia de turno había acumulado en las estanterías y que permanecían vírgenes pues ningún lector había osado a pasar de la tercera página. Por otro lado, existían magníficos ejemplares que no solo habían sido devorados por paladares de exquisito gusto, sino que, además incorporaban anotaciones únicas en los márgenes que, si bien bajaban el precio del objeto, subían el interés de su lectura.

     En librerías como esa me encontré con raros especímenes como el “Mrs. Caldwell habla con su hijo” de Cela o catedrales como la de Carver donde alguien había escrito una declaración de amor. Cada 8 de marzo, Día de la Mujer, me acuerdo de los libros de segunda mano, por aquella vez que pregunté al librero “¿Tiene algo de Toni Morrison?” y contestó: “Seguro que me queda algo de él”, y lo encontró, aunque Toni Morrison, Premio Pulitzer y Nobel de Literatura, no es él, sino ella.

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