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La crisis de los 20

2013 abril 19
por Sora Sans

Hay cosas que no se pueden permitir. Puedo soportar que mis hijos ya solo me llamen para pedirme dinero, dinero que no tengo, claro, pero que les doy porque sé que lo que está en juego es su futuro y que una buena formación es lo más importante. Hasta ahí, bien. También soy capaz de aguantar que me quiten la extra, que se me rompa el coche y tenga que ir al trabajo caminando ¡con la que está cayendo y… con la que está cayendo! Que mi gato haya pasado a mejor vida y se haya llevado con él todo el pelo que quedaba en esta casa. La calvicie la aguanto, sí. Pero que todos los días me lleguen 20 correos ofreciéndome un descuento en lencería, que no uso, un nuevo juego de la X-Box, que no tengo, o un curso de Rhinoshop, que no sé ni lo que es, ¡hasta ahí podíamos llegar!

Y como uno tiene que saber decir que no, aunque solo sea de vez en cuando, el mes pasado tomé la dura decisión de hacer borrón y cuenta de correo nueva. Eso sí, avisé a todos mis contactos personalmente de que me mudaba de buzón digital. Escribí un largo email a los 5 amigos que tengo y les expliqué mis motivos a la vez que les facilitaba una nueva dirección de correo a la que podían escribirme siempre que quisieran. Además, como no me gusta dejar cabos sueltos, me envié a mí mismo un email desde el antiguo correo para comprobar que el nuevo funcionaba a la perfección. No sabía qué poner, así que me saludé y me di ánimos a mí mismo. Total, alguien tendrá que motivarme.

El problema vino cuando al abrir mi bandeja de entrada, día tras día, fui comprobando que mi vida es aún más solitaria de lo que yo imaginaba. Así que como el único mensaje que seguía teniendo era mío, me contesté, quizás por puro aburrimiento, o para llenar mi ego, ¿quién sabe? Lo cierto es que terminé recibiendo 20 correos diarios y escribiendo otros tantos. Todos míos, todos predecibles. Y como no tengo tiempo de responderme, el agobio me ha hecho volver a mi dirección antigua que ahora me divierte más que nunca y, además, me he comprado una X-box que no pienso prestarle a mis hijos ni-de-broma.

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