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La otra casa

2013 noviembre 29

Hubo un tiempo en el que me obsesionó el título de un libro: “Decir casa”. Me sorprendía a mí misma abriendo los ojos y pensando en decir casa. Doblando una esquina más rápido que otra para pronto poder decir casa. Mirando el reloj esquinado en la pantalla e inventando ecuaciones absurdas para que llegase la hora de decir casa. Decir casa. Decirlo ahora. Con ganas. Con alevosía. Girando la llave en un acto de fe. Colocando minuciosamente tras la puerta todas las piezas que habrían de componer el cuadro. La casa.

Y de repente, la casa era una saca de palabras, personas, pinturas, de objetos imposibles y animales disecados, de orillas y precipicios, países y libros, gemidos, mamá, papá, el tío Ernesto, Daniel, Pilar, una taza de café a medio beber. La casa era un vacío, un invento asentado en decenas de calles y edades.

Decía Roland Barthes: “puedo muy bien habitar lo que no me hace feliz; puedo a la vez quejarme y quedarme”. Decir casa era decir mentiras, pues la casa que habito no es mía, el matrimonio que me casa no tiene anillo, en la religión que profeso, Dios es un vagabundo. Pero decir casa era decir verdades. Era casarme con los recuerdos hasta que la muerte nos separe. Y una vez liberada de paredes, puedo decir casa.

Quizás mi idea de casa abierta, de casa etérea, vacía y llena, se parezca un poco a la Casa Sostoa, donde Pedro Alarcón Ramírez ha abierto las puertas para dejar entrar las miradas de quien quiera acercarse a ver la obra de Emmanuel Lafont, David Escalona, Guillermo Martín Bermejo, María Bueno Castellano y Felipe Ortega-Regalado. Habitar su obra, vivir los talleres con escritores como Ana Robles, Bárbara Gil, Nacho Albert o Ángelo Néstore. Mudar los ojos, la forma de ver el arte, hipotecar el miedo a perder, encontrar sentido a una promesa que dice hasta que la muerte nos separe, poner los cimientos a nueva forma de decir casa.

Hoy, que muchos vivimos en casas de alquiler, y admiramos obras de alquiler en los museos, o compramos dominios de alquiler en Internet. Hoy parece difícil decir casa, pero quizás se trate de cambiar el concepto para así, al menos, no tener que habitar lo que no nos hace felices para siempre.

Imagen: Sr. García. 

www.casasostoa.es

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