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Un país de gotelé

2014 mayo 30

El gotelé. Despiertas aún de noche, te duchas, vistes, desayunas. Introduces una colección de objetos imposibles en un bolso más o menos caro. Sales por la puerta, coges el coche, aparcas donde puedes, te subes en el tren, vas a la oficina, comes, vuelves a la oficina, al tren, al coche y a casa. Y allí está: el gotelé. La herencia de una arquitectura que, aunque debería haber madurado hace años, está tan cubierta de acné como un adolescente.

De lunes a viernes, persiste en las paredes, los fines de semana se extiende por el techo y te mira desde cualquier rincón, desafiante, inquieto, irregular. Hasta que un día te preguntas ¿quién ha invitado al gotelé a mi casa? Es más, ¿quién ha inventado el gotelé en las casas? Nadie lo sabe. Parece ser un ente aparecido de la nada, un defecto congénito que trata de tapar defectos aún peores: la vagueza, la prisa, la burbuja, nunca mejor dicho. Esa burbuja enorme que estalló en la cara de miles de familias y ahora nos mira insolente y avergonzada. Así es este país. Un país de gotelé.

Pero no pasa nada, porque todo se arregla con la publicidad, la moda y la poca cabeza. Si la política está corrupta, se pone de moda negar el machismo, si el paro aumenta, se pone de moda el emprendimiento, si no hay donde colocar a los jóvenes, se pone de moda la formación. Y el verdadero problema no reside en si esas modas tienen sentido o no, ni en si son buenas ideas o no, sino en lo que subyace bajo ellas: un sistema tan imperfecto, un método tan difícil de corregir, una pared tan amorfa que cuesta mucho menos taparlo todo con una moda que hacer las cosas bien de una vez por todas.

Fíjense en el gotelé. Véanlo en la parrilla televisiva, en los titulares de las noticias, en su correo electrónico, en la carta del restaurante, en los gimnasios, en el paseo marítimo, en su propia piel. Estamos cubiertos de gotelé. ¿Saben ustedes lo difícil que es quitar el gotelé? Cuando uno lo descubre, le dan ganas de aprender a vivir con él y seguir despertando, aún de noche, ducharse, desayunar… Mañana quizás.

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