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La víctima universal

2014 febrero 3

En 1970, Willy Brandt, canciller socialdemócrata alemán, se arrodilló frente al monumento del levantamiento judío en el gueto de Varsovia. Estampa histórica impresionante que traigo a colación una semana después de la conmemoración anual del Holocausto, proclamada por Naciones Unidas la década pasada. La que alza un ‘nevermore’ gigante al mundo y recuerda a las víctimas de todo genocidio, masacre, persecución, tortura, castración, violación, humillación. Auschwitz-Birkenau como símbolo de la institucionalización de la muerte, del asesinato en masa, del mal burocratizado. Nunca ha habido tanta documentación al respecto, audiovisual y escrita. Hay prisa, además: los portadores de la memoria fallecen, y el fantasma odioso del negacionismo se cierne sobre las víctimas mudas. Las que no regresaron para contarlo, narra con rabia contenida el historiador Raul Hilberg a Claude Lanzmann en ‘Shoah’. Documental coral de largo metraje que en ocasiones te corta la respiración.

Hace apenas veinte años se produjeron limpiezas étnicas en los Balcanes. ¿Deberíamos reivindicar la necesidad de seguir conociendo con la mayor exactitud posible lo que pasó hace 69 años? ¿Elevar la voz para afirmar, con rotundidad, que las víctimas son iguales, sea cual sea su nacionalidad, orientación sexual, raza o creencia? Mi respuesta es que sí. Gitanos, eslavos, homosexuales, disidentes políticos, discapacitados. Ucranianos, camboyanos, armenios, ruandeses. Y por supuesto el pueblo judío como epítome de la infamia a escala colosal que supone despojar de sus derechos humanos a cualquier persona. ¿Quien desea que vuelva a ocurrir otro Sabra y Chatila, que Sharon debiera haber grabado a fuego en su conciencia? Ahora, en Europa, la depresión económica y la incertidumbre siembran miedo en la ciudadanía, y de ahí a considerar al extranjero un elemento hostil hay poco trecho. ¿No hemos aprendido del pasado? El sábado había anunciada una concentración neonazi en nuestra ciudad, cosmopolita y anfitriona. La primera en el peligro de la libertad. La de los hombres, mujeres y niños chicos que recorrieron aquel camino de infierno y desesperación, hace 77 febreros, durante la ‘desbandá’.

(Artículo publicado el 3 de febrero de 2014 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

La logia lectora

2014 enero 20

Umbral quedó prendado del Kronen de Mañas en los noventa, época en la que triunfaba también ‘Trainspotting’, la historia de obrerismo yonqui de Irvine Welsh. Se le leía en su añorada columna tan fascinado por aquellas andanzas juveniles como al protagonista de la canción de Sidonie. Su espíritu y el de Haro Tecglen han sobrevolado, en mi humilde imaginario personal, las jornadas presididas por Manuel Alcántara: hombre de ring y decano del articulismo nacional. La fundación que lleva su nombre reunió al ‘star system’ del columnismo patrio en un par de días donde no faltaron buenos cruces de golpes, como los intercambiados entre Vicent y Espada a propósito de la precisión y la literatura. Como quiera que sólo tenemos palabras y silencios, habrá que apañarse con ellos, así hacía Marguerite Duras. Y ejercitar graciosamente esa cosa llamada libertad: una obligación en el género del columneo, escribe George F. Will.

Habrá que seguir dudando, defendió Eduardo Jordá en la mejor tradición camusiana (bendita medicina contra el sectarismo y la intolerancia que vician el ambiente). Habrá que seguir diciendo, pero no al tuntún, como a veces se dice en ese Salvaje Oeste que es internet (Raúl del Pozo, caído del cartel a última hora, dixit a través del compañero Nieto Jurado). Habrá que seguir escribiendo, en honor a la verdad de cada uno, respetando al lector sin esperar su aquiescencia, aunque muchas veces se produzca. Habrá que seguir encarando la realidad, fijamente, como se miran los púgiles antes de cada asalto, en ese balanceo desafiante que parece una eternidad. Eso sí, con el punto de partida de la cosmovisión propia, ya que no podemos sustituirnos a nosotros mismos, ni vivir un ‘zeitgeist’ diferente, ni emular a nuestros héroes. Aquí y ahora, como el fanzine de los mods malagueños ochenteros, pero en 2014. Es jodido, aunque más se perdió en la guerra: la memoria que late la guarda, la historia escrita la narra e interpreta. La clave está en pensar el día a día y contarlo a tu manera. Y si de paso encuentras esa pequeña logia lectora, de la que Fogwill se enorgullecía en sus postrimerías, eureka. Algún combate habrás ganado.

(Artículo publicado el 20 de enero de 2014 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Epifanía, infancia y recuerdo

2014 enero 6

Hacer ascos a la Navidad es algo habitual entre Scrooges de variado pelaje: ateos, agnósticos, descreídos o renegados circunstanciales de las (felices) fiestas. He observado que el solsticio de invierno ha sido bastante nombrado este año (igual esto es antiguo y estoy fuerísima, puede ser). El caso es que detecto además un progresivo e inevitable buen rollo, a medida que avanzan los días, en estas fechas. Al quiero y no puedo (dejar) de celebrar la Nochebuena le sucede el Fin de Año, esa gran cogorza colectiva que puede acabar con el sentimental ‘Auld Lang Syne’ y alguna que otra lágrima. O empezar con el cante aflamencado de unos chiquillos maqueados y preparados para la fiesta en el Jardín de los Monos, que casi agrada más.

Sin embargo, es la visita de los Magos de Oriente la que lima al desabrido que llevamos dentro, por mor de las desilusiones arrastradas. Decía Mark Twain que las aventuras de Tom Sawyer tenían que retrotraernos a nuestra mocedad: a las peleas y piques, los embustes, el deseo de desaparecer tras un berrinche, el primer beso, los conjuros para encontrar canicas, las diabluras, los anhelos… Sin pecar de infantilismo, ni de existencia ‘teenager’ sine díe, abogo por que sigamos siendo niños en determinados momentos. Descalzarse, tumbarse, saltar, hacer cucamonas a los más chicos, susurrar cosas al oído, hacerse preguntas, llorar sin motivo…

Soñar con unas fiestas en las que el consumismo no ahogue el espíritu navideño es gratis. Evocar las moscas machadianas a las que cantara el ya septuagenario Serrat, también. Porque no existe edad ideal y la nostalgia es pertinaz pero tramposa. La espesura del tiempo en la infancia contrasta con la anfetamínica madurez, que sabe a poco. Hace nada, éramos niños: andábamos entre eucaliptos con expediciones en las que se tiraban petardos. Nos vestían para el belén viviente, la natividad de Jesús. Esperábamos con ansiedad los regalos, y la austeridad no era sinónimo de infelicidad o imposición gubernamental, como ocurre ahora. Cazábamos caramelos en la Cabalgata, la misma que el año pasado detuvo para siempre la vida de una familia. La que nos sigue encogiendo el corazón a todos.

(Artículo publicado el 6 de enero de 2014 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

“Quería ser hermosa”

2013 diciembre 23

No quisiera reventar el final de ‘Turning’, documental de la gira que hace años Antony Hegarty y el artista visual Charlie Atlas realizaron junto a un grupo de excepcionales mujeres. Me conmovió especialmente la modelo Joey Gabriel, quien evocaba su niñez callejera en 1976, el despertar de una identidad sexual distinta, que superaba la dualidad hombre-mujer. “Quería importar a los demás, no ser juzgada, quería ser hermosa”, cuenta la accidental protagonista escénica de ‘Hope There’s Someone’, una llamada a la aceptación que difícilmente se hace hueco en nuestras sociedades, tendentes a lo que los teóricos ‘queer’ denominan binarismo y normatividad sexual. Recientemente he tenido el placer, en los Viernes de la UNED, de escuchar al antropólogo Juan Gavilán hablar sobre transexualidad y dualidad de género. El profesor insiste en que los recuerdos infantiles son una constante en los testimonios vitales trans. Los menores tienen conciencia de su singularidad, y por tanto de su género e identidad, a muy tierna edad.

La transfobia es una realidad penosa, pese a los felices avances legislativos para la comunidad LGTTB en España. Es un prejuicio gigante alegar que la convivencia con la menor transexual (transgénero, para ser más exactos) pudiera ser dañina para sus compañeros en San Patricio. Y no tengo voluntad de juzgar a esos padres: quizá sea hora de hacer algo de pedagogía con respecto al individuo transexual (cuya identidad mental es incompatible con el sexo de nacimiento), las personas transgénero (que asumen los dos géneros), o la intersexualidad (en la que alguien puede llegar a albergar órganos femeninos y masculinos en su cuerpo; Alemania la reconoció este verano como ‘tercer género’). La ‘medicalización’ del fenómeno oculta su dimensión social y política, que ya señalara Michel Foucault. Su visibilidad. En este sentido, la administración debe ser firme y no aceptar parches por parte de los centros religiosos concertados. Reconocer la identidad de estos niños les proveerá de mayor fuerza, les hará ser invencibles dentro de su vulnerabilidad de partida. Tal es la fuerza moral del espectro femenino que aparece en ‘Turning’.

(Artículo publicado el 23 de diciembre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Cultura al cubo

2013 diciembre 9

Una marca más se suma al itinerario museístico de Málaga, cuyo claro objeto del deseo es el crucerista anhelante de emociones estéticas. A Picasso y Thyssen se une el desembarco de un Pompidou que nos venden como el primero allende tierras francesas. Un centro que dotará de contenido, de momento quinquenal, al Cubo portuario que hasta ahora sólo servía para rodear en bicicleta mientras se entonaba alguna letanía, de paso. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en la brecha existente entre la alegría del gasto en estos proyectazos y la travesía del desierto de la gente que trabaja en esto de la cultura de manera independiente. Para ellos, el maná oficial expiró: quienes no lo conocieron trabajan en una orgullosa autosuficiencia, no así los que han vivido tiempos mejores (náufragos en el creciente oleaje de la precariedad). Sería de justicia, para variar, que una parte de ese dinero que es de todos revirtiera en las iniciativas locales que germinan en los espacios de creación diseminados por la City.

Parece ser, además, que son las artes bellísimas las niñas favoritas del consistorio, si se tiene en cuenta la deriva del Teatro Cervantes en las últimas temporadas (a infinitamente peor en lo que a música popular se refiere). Echo de menos esas grandes citas con el rock ajeno al ‘mainstream’ que obligaban a coger el coche desde Sevilla o Cádiz a quienes querían ver a un Nick Cave de bolo único en la península (desfilaron en pocos meses nada menos que Big Star, Wilco y Stereolab; no hace tanto que esta ciudad era muy cool, amigos). En la actualidad, son salas de conciertos como La Trinchera las que han tomado la antorcha, programando a bandas legendarias del universo hardcore como Agnostic Front o Biohazard (a quienes no se veía por el sur desde el Espárrago 97). ¿Afiladas propuestas para un teatro? Mark E. Smith, beodo insoportable y compositor punk de referencia, pisó sus graciosas tablas y la Manquita no se vino abajo. En fin. Queda mantener cierta fe, como reza el lema ‘northern soul’, en la veta internacional de un renacido Velvet que, impulsado por la fuerza y unión entre promotores valientes, augura noches de gloria. Espero.

(Artículo publicado el 9 de diciembre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

El efecto Obey

2013 noviembre 25
por Isabel Guerrero

Poca paz y menos esperanza ha traído el mural de Obey, la comidilla de esta semana en las tascas virtuales. El trabajo del estadounidense, asombroso en su resultado final, ha cambiado para siempre el paisaje del Ensanche y el entorno del García Lorca; los editores de la revista Staf, cuyo cuartel general está precisamente en Málaga, le dedicaron a Obey tantas páginas como años nos quedaban por conocer la existencia de Obama. Pero bueno, la sanción masiva le llegó con ‘Hope’, que pasará a los anales del iconismo político (aunque a estas alturas el presidente mestizo se aleje del esperanzador JFK, resucitado con el 50 aniversario de su muerte). El artista, que ha aterrizado en el Soho malaguita como una estrella del ‘street-art’, me ha hecho recordar el fresco callejero de Bellas Artes, en El Ejido, donde Axel Void desafía al paseante: “¿Quién necesita arte cuando puede hacer el amor?”.

Axel se piró a Berlín, y bien que ha hecho, pues al menos encontrará la inspiración que hallaron antes otros. El sistema artístico es en ocasiones caprichoso; y el talento es algo extraño, decía Aldous Huxley. En este sentido, el reto al que se enfrenta cualquier creador del siglo XXI es magno, dada la proliferación de vocaciones que existen. Conozco casos en que los artistas canteranos se rinden al exilio por falta de oportunidades reales. Igual los gestores culturales de las alturas los “compran” de vuelta en plan florentiniano y si llegan a valer muchos miles de euros, pasados unos años. Entretanto, que Frank Shepard Fairey pueda haber cobrado no debería disgustarnos (lo suyo es que un artista sea remunerado). Otra cosa es que nos lo podamos permitir, y que encima la obra quede a tiro de piedra de Salitre, donde se consolida la tendencia a exponer ‘by the face’. O que la iniciativa ciudadana del barrio haya quedado absorbida por la intervención pública. Cabe preguntarse si no hubiera sido más lógico y acorde con los tiempos haber dejado un margen de maniobra real a la ‘intelligentsia’ de la que partió la idea del Soho, a la comunidad que la secundó. Estoy segura de que al grafitero, como buen americano que es, le habría parecido cojonudo.

(Artículo publicado el 25 de noviembre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Vidas rebeldes

2013 noviembre 11
por Isabel Guerrero

A Dios gracias, la vigilancia de sala actual no es la que describe Thomas Bernhard, rebelde y goyesco, en ‘Maestros Antiguos’: grisáceamente uniformada, casi marcial. Se cuela cierta amabilidad en las comisuras de quienes echan un ojo al espectador del aura que cuelga, desafiante, en las paredes. El Museo Picasso Málaga, vértice sureño que rescató al hijo prodigioso hace una década, ha celebrado su cumpleaños. Lejos queda ya ese ‘Picasso Clásico’, el reencuentro con la ciudad perdida de los noventa (y un encaprichamiento juvenil, recuerdo, por ‘El rapto de las Sabinas’; que por cierto duró en la exposición lo que un suspiro).

Hilma af Klint, pintora de principios del siglo pasado, sueca y espiritista, hace los honores del aniversario picassiano, y llega colmada de flores tras su paso por Berlín y Estocolmo. La denominan pionera de la abstracción, aunque impresiona su precoz psicodelia: he visto en sus lienzos algunos retazos de portadas de Pink Floyd, 13th Floor Elevators y Spacemen 3. Hilma se vio imbuida del espíritu de entre-siglos, rico en invenciones científicas y técnicas. El discurso del progreso que, siguiendo la oratoria ilustrada, inspiró aquellas Sociedades de Amigos del País. La filantrópica sede malagueña de la Plaza de la Constitución echa el cierre ahora por escasez de fondos. Triste destino el de una institución creada en 1789, año revolucionario donde los haya, y para colmo después de una reforma que ha costado lo suyo.

La revolución parece anegada en el pasado de los amores perdidos, de ahí que nos aferremos a una bendita rebeldía, al asidero moral necesario para no caer demasiado bajo. En el resbaladero de la diferencia y la inadaptación al medio puedes encomendarte a Cernuda o al primer Morrissey. El sevillano había venido para ver, vivir, escribir e interpelar a los poetas futuros que, cincuenta años después, estrechan fervorosamente su mano. Con la vigencia del verso emerge su figura, así como la del ya centenario Albert Camus. Otro rebelde humanista que subir al santoral profano en tiempos de orfandad política.

(Artículo publicado el 11 de noviembre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Dreamin’, I’m always dreamin’

2013 octubre 28

Guardaré con placer, para siempre, la estampa viva de Lou Reed por el retrovisor de una furgoneta. El de Brooklyn miraba con curiosidad un cartel de Chuck Berry colgado en la manzana podrida del cine Astoria: “look, Chuck Berry”, me pareció oírle decir, casi divertido.  Le conducíamos al Teatro Cervantes, donde el fin de la gira del inmenso y decadente ‘Berlin’ había puesto a Málaga en un mapa privilegiado, tanto era así que habíamos aparecido en algún diario estadounidense de gran tirada: el artista había decidido cerrar en Málaga el reencuentro con uno de sus discos más maltratados, y más amados a posteriori. Lou Reed era mucho más que todas esas viejas glorias a las que nos tienen acostumbrados los veranos marbellíes, y no sólo por haber firmado álbumes como ‘Transformer’ o el propio ‘Berlin’. Sería, hasta el final de los días, miembro fundador de la Velvet Underground, con lo que eso significa: hablamos de una banda seminal, decisiva en la educación amplificada de miles de grupos en todo el espectro de influencia cultural anglosajona, precursora de escenas, inspiradora de sonidos, creadora de una feligresía diluida entre las posturas más enconadas. Existe una unanimidad acerca del rupturismo radical de la Velvet rayana en lo totalitario: difícilmente nos hemos podido resistir al existencialismo bondage de ‘Venus in Furs’.

Mercenario de Pickwick Records, había sido discípulo en sus comienzos del poeta Delmore Schwartz, quería introducir la literatura en sus canciones. Su primer trabajo con la Velvet es parte de la historia de la música popular del siglo pasado y trasciende lo puramente underground; luego llegaría el cenit velvetiano con los 17 minutos de ‘Sister Ray’, punk apriorístico de dimensiones épicas. He seguido y conocido mejor al Lou Reed de la Velvet que al poeta del rock ‘solitaire’, aunque fue en solitario cuando escuché por primera vez su voz. Era una quinceañera con suerte. ‘Magic and Loss’, su disco de 1992, había caído en mis manos: “Dreamin’, I’m always dreamin’”, solía rasguear en la carpeta que paseaba por el instituto. Fue un privilegio pasearle por las calles de mi ciudad. Descanse en paz.

(Artículo publicado el 28 de octubre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Educación encasquillada

2013 octubre 14
por Isabel Guerrero

La educación es un arma cargada de futuro, pero sigue encasquillada en nuestro país. Sin educación ni conocimiento, nuestra chavalería difícilmente podrá afrontar el porvenir. No me gustaría que los Monty Python de ‘El sentido de la vida’ fuesen premonitorios: aquellos viejetes que terminan transformándose en corsarios contra sus jóvenes y sádicos patronos. Vivimos en la era de la precarización, del derrumbe de todo lo que era sólido, denuncia con rabia mesurada Muñoz Molina. Era, o parecía, porque no todos los de mi generación hemos formado parte de ese autoengaño. No todos quisimos casarnos con el banco de por vida pese a nuestras débiles economías; todavía, dices que pagas un alquiler para comprar tu libertad y te miran como si fueras el Principito. Aunque la apoteosis del ladrillo y la cultura de la propiedad, herencia del tardofranquismo, están ahí esperando. Tranquilidad: en cuanto fluya la pasta de nuevo, el español medio volverá a endeudarse hasta las trancas.

La Ley Wert, que nació chulesca, con un frente común abierto y ningún propósito de acuerdo, muestra de nuevo lo peor de cada casa, el nulo interés del ‘establishment’ en corregir los resultados, nefastos, de la educación en España. Quizá se imponga el mandato interno de mantener a sus elites ineficaces, privando a los de abajo de la posibilidad del conocimiento, la episteme que abona la valiosa parcela del pensamiento individual. Va a tener razón Chomsky cuando acusa al poder de ofrecer las migajas de ese saber al que no goza del marco social y familiar algodonero para triunfar en esta vida perruna. Mantengamos una educación supuestamente igualitaria que sigue produciendo mareas de gente supuestamente preparada. Engañemos al personal con tantas titulaciones como pocos puestos de trabajo en el mercado existen para ellas. Luego adoctrinémosle para señalar al Gobierno de turno como único culpable. Fracasemos todos para repetir, cuando se tercie y si la financiera europea nos deja, el mismo cuento de la nación trilera, mediocre y desvergonzada que ha medrado en el último cuarto de siglo. Con los hijísimos de las dos Españas en lo más alto del poder.

(Artículo publicado el 14 de octubre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz

Virus patrimonial

2013 septiembre 30
por Isabel Guerrero

Lamento reconocerlo, pero sí, después de tanto alegre derribo en nuestro Centro Histórico, he contraído otra clase de VPH: el virus del patrimonio humano. Este organismo, peleón, parece haberse apostado en mi interior, así que mis entendederas no conciben que se pueda echar abajo un edificio que protección tuvo, hasta que se la quitaron. Si el criterio profesional apostaba por la protección, ¿cómo pudo ser que luego respondiese a la decisión contraria? Nuestras habitualmente enfrentadas administraciones se pusieron de acuerdo para condenar a muerte a La Mundial, modificando el PEPRI que tan bien conocen quienes presentaron alegaciones en su contra. El hostal decimonónico pasó a ser considerado una pensión de tercera regional que nada pintaba en el Hoyo de Esparteros. Y es que lo que iba a ir en su lugar era nada menos que un Moneo: una marca registrada, oh yeah. Un titán del gremio, un Pritzker, sí, que acierta y se equivoca como lo hacemos todos. Sólo que sus errores valen un dineral.

La cacareada desafección política ha refrescado palabras como ciudadanía y sociedad civil. El peso del Estado nos ha aplastado a todos los niveles, hemos abierto los ojos ante tanta estulticia de la que éramos, somos, súbditos. Nos ha obligado a mover el culo cuando pensamos que algo no es justo. Y creo que borrar deliberadamente el paisaje histórico de una ciudad no lo es, sobre todo para los malacitanos que vengan después. Que más de 2.000 ciudadanos, a los que apelan nuestros servidores únicamente cuando les conviene, entonen el “Salvemos La Mundial”, no es por supuesto incontestable. Pero sí loable, y en mi opinión poco tiene que ver con consideraciones ideológicas. El pequeño movimiento ciudadano que se ha creado es de variado pelaje, pensamiento y condición. Las consecuencias de su acción, magras si tenemos en cuenta que Urbanismo no deroga, por así decirlo, la sentencia. La Mundial vuelve al corredor de la muerte, con el ajusticiamiento aplazado, en un limbo sin redención que la protege y desprotege al mismo tiempo. El viejo hotel ha adquirido un valor acaso más profundo que el patrimonial: el valor simbólico de la resistencia a la piqueta fácil.

(Artículo publicado el 30 de septiembre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

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