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Dreamin', I'm always dreamin'

2013 octubre 28

Guardaré con placer, para siempre, la estampa viva de Lou Reed por el retrovisor de una furgoneta. El de Brooklyn miraba con curiosidad un cartel de Chuck Berry colgado en la manzana podrida del cine Astoria: “look, Chuck Berry”, me pareció oírle decir, casi divertido.  Le conducíamos al Teatro Cervantes, donde el fin de la gira del inmenso y decadente ‘Berlin’ había puesto a Málaga en un mapa privilegiado, tanto era así que habíamos aparecido en algún diario estadounidense de gran tirada: el artista había decidido cerrar en Málaga el reencuentro con uno de sus discos más maltratados, y más amados a posteriori. Lou Reed era mucho más que todas esas viejas glorias a las que nos tienen acostumbrados los veranos marbellíes, y no sólo por haber firmado álbumes como ‘Transformer’ o el propio ‘Berlin’. Sería, hasta el final de los días, miembro fundador de la Velvet Underground, con lo que eso significa: hablamos de una banda seminal, decisiva en la educación amplificada de miles de grupos en todo el espectro de influencia cultural anglosajona, precursora de escenas, inspiradora de sonidos, creadora de una feligresía diluida entre las posturas más enconadas. Existe una unanimidad acerca del rupturismo radical de la Velvet rayana en lo totalitario: difícilmente nos hemos podido resistir al existencialismo bondage de ‘Venus in Furs’.

Mercenario de Pickwick Records, había sido discípulo en sus comienzos del poeta Delmore Schwartz, quería introducir la literatura en sus canciones. Su primer trabajo con la Velvet es parte de la historia de la música popular del siglo pasado y trasciende lo puramente underground; luego llegaría el cenit velvetiano con los 17 minutos de ‘Sister Ray’, punk apriorístico de dimensiones épicas. He seguido y conocido mejor al Lou Reed de la Velvet que al poeta del rock ‘solitaire’, aunque fue en solitario cuando escuché por primera vez su voz. Era una quinceañera con suerte. ‘Magic and Loss’, su disco de 1992, había caído en mis manos: “Dreamin’, I’m always dreamin’”, solía rasguear en la carpeta que paseaba por el instituto. Fue un privilegio pasearle por las calles de mi ciudad. Descanse en paz.

(Artículo publicado el 28 de octubre de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR)

Locutriz