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Queremos volver al UK de the Smith
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Antonio Manuel Murcia | 15-03-2018 | 14:50

“Why pamper life’s complexity1” decía Este Hombre Encantador en sus mensajes, en su mayoría relacionados con divertidas viñetas de relaciones condenadas, la carga del pasado o una eterna prisión de oscuros pensamientos. Un escenario donde todo era serio, político y opresivo, en el que los jóvenes apostaban por la cultura, definiendo nuevos cánones en la música y la moda; ya que al fin y al cabo todo iba muy ligado.

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Fotografía: grupo británico The Smith

A menudo, todo este círculo culturar liderado por el rock, pop, y el movimiento independiente se traducía materialmente en sujetos con excesivas hombreras, prendas con pelo, etc. Sin olvidar, por otra parte, aquellos jóvenes veinteañeros con grandes aspiraciones y sueños, que en su defecto apostaban por la ropa usada y un estilo atemporal. Algo fuera de lo común, si tomamos como referencia a los excesivos cardados, cadenas, y la absorbente tendencia punk.

Una revolución romántica con pantalones de cuero, parkas anorak y Converse destrozadas, que reflejaba estéticamente la opresión del gremio. Entre tanto, solo les quedaba traducir sus sentimientos en letras que posteriormente iban a ser vomitadas en sintonía a los acordes de una guitarra, un bajo, y una batería; como mucho. Grupos de amigos que rompían las normas en el garaje de casa, durante las horas en las que la música los acompañaba en un viaje de dolor, rechazo, y preocupaciones adolescentes en forma de protesta pacífica.

Un rechazo a lo mainstream, a la moda, a las tendencias. Un sentimiento que, sin querer, se acabó convirtiendo en referencia. El retorno a lo básico, y como consecuencia, su ruptura con lo que supone el concepto “independiente”. Todos somos conscientes que este movimiento se acabó convirtiendo en una cultura masiva, porque los conciertos en bares con una capacidad para 30 personas ya no existen. Ahora se llenan festivales de miles de fans, con mensajes positivos, de apoyo. Digamos que ya no se canta para protestar, sino para gusta.

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Fotografía: Balenciaga

Pero los signos de protesta (fina, como a mí me gusta decir) también acompañaban una estética. Y es que, ¿quién se atreve a gustar tras haber sufrido amplias dosis de rechazo en aquellos grises y espesos días de instituto? ¿Realmente tienes un par …. De defender el concepto de belleza estandarizado, sin importar otras cualidades como la elegancia? Siempre he apostado por la subjetividad, pues a título personal, creo que a todo el mundo le cuesta ser objetivo.

Quizá, los peinados a la taza no resaltaban toda la ¿belleza? De aquellos jóvenes enclenques que vestían con pantalones de pitillo y botines de punta. Que usaban estampados florales, y colores sobrios o atemporales que animaban con altas dosis de lo que hoy se conoce como: la logomanía. La ansiedad de ser diferente, muy perseguida por algunos, pero injustamente recibida por otros. Una corriente ignorada, motivada por sándwich de cacahuete y leche entera que ayudaba a reponer fuerzas entre protesta y protesta en formato musical (e indie – pendiente); que no iba más allá de los bares con aforo máximo de 30 paxs.

Se puede decir que una moda llena de represión, que se daba la mano y avanzaba hacia la luz eterna con un sad style en las provincias de la capital (te acabas de imaginar una foto en blanco y negro, del variopinto barrio de Camden Town o Notting Hill. Yo también). Aunque siempre hay excepciones. Por eso, es necesario dar las gracias a aquellos fantasmas de la sociedad, y todos los incomprendidos rebeldes que luchaban en contra de las tendencias. Porque a la moda le gusta lo rebelde, y a los que nos dedicamos a ella también.

1 The Smiths – This Charming Man

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Fotografía: Burberry

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Fotografía: COS