Diario Sur
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Marcos Ayerza: “Hay que buscar resultados sin comprometer los valores esenciales del juego”
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Héctor Barbotta | 13-04-2017 | 16:34| 0

El internacional argentino destaca en su retirada la necesidad de que el rugby preserve su esencia pese a la presión del hiperprofesionalismo


Héctor Barbotta  / Fotos: Josele-Lanza / Marbella

El anuncio público de su retirada de las canchas, el pasado martes 11 de abril, sorprendió a Marcos Ayerza en Marbella, donde disfrutaba de unas cortas vacaciones. Era el punto final a una carrera brillante que comenzó en Newman, el club donde se formó, para dar el salto al Leicester Tigers en 2006. El jugador argentino, 66 veces internacional y con participación en tres mundiales (2007, 2011 y 2015), dos veces campeón con Leicester Tigers y considerado uno de los mejores pilares izquierdos del mundo, asistía ese día al campus organizado por el Trocadero Marbella Rugby Club, donde también ofreció una charla a los entrenadores del club en la que puso énfasis en los profundos valores de este deporte. Al final de la jornada concedió esta entrevista a SUR.

 

 

 

“El scrum es un obstáculo para el espectáculo, pero es una parte esencial del rugby”

–El rugby ha sido siempre un deporte de valores. ¿En estos 22 años de profesionalismo qué parte de esos valores se han perdido y qué parte se ha mantenido?

–El rugby ha perdido en muchos aspectos por el ‘business’ del juego. Hoy no importan los valores de identidad, aunque hay algunos resabios como en Leicester y en otros lugares, donde se mantienen ciertos valores de identidad y de lealtad hacia el club. Reconocer el club como propio. Pero con tal de conseguir jugadores cada vez mejores, ganar más dinero, que haya más presión, y como lo único que importa es tener resultados en la cancha y gente que vaya a ver los partidos para tener estructuras financieramente sanas, se dejan de lado lealtades, jugadores, personas… Es la parte donde el rugby no ha progresado. En el rugby siempre se ha hablado de los clubes como una familia, que cuidan a sus jugadores y donde los jugadores dejan todo por el club y por la camiseta. No hay que descuidar que el rugby siga siendo formativo en las etapas iniciales, que siga buscando la excelencia en la etapa profesional y que se busquen, por lo tanto, resultados. Pero nunca comprometiendo los valores esenciales del juego.

–Antiguamente se decía que el rugby era el deporte donde podía jugar el chico, el grande, el gordo, el flaco, el rápido, el lento, donde todos tenían algo que aportar. Ahora parece un deporte jugado por superhombres.

–El rugby moderno está exigiendo mucho de sus jugadores. Los jugadores del máximo nivel son todos atletas que entrenan como tales. Muchos genotipos físicos han dejado de tener sitio. El gordito es ahora un tipo grande y fuerte. Se exigen ciertas fortalezas. Pero el rugby de base sí sigue siendo igual, toda persona es incluida, es parte del sistema. El gordo necesita del rápido, el rápido necesita del alto, el alto necesita del habilidoso.  Cada uno en su fortaleza contribuye al equipo. Y eso sí se respeta en el rugby. El deporte evolucionó muchísimo, pero aún así sigue habiendo lugar para cualquier jugador que se esfuerce y persevere para llegar.

–¿El negocio también trae cambios en el juego? Porque ahora la pelota se disputa menos, parece que siempre tiene que estar en juego.

–Completamente de acuerdo. Ahora en muchos aspectos del juego se busca el espectáculo para que traiga más audiencia, más interés, más dinero. Y el deporte de elite está teniendo algunos cabos sueltos, con carreras truncas. Son personas las que están jugando. Ese exitismo que es muy lindo cuando te cuida, en algunos lados te deja de lado. Las uniones madre no cuidan tanto a los jugadores, que son un número, no una persona con amigos, con familia, con tradición, con su club. Esa es una de las cosas que no es tan linda del rugby profesional.

–Usted es un apasionado del la melé, del scrum. En Nueva Zelanda el rugby es una religión pero en Argentina la religión es el scrum. ¿Le preocupa que los cambios que está habiendo en el reglamento acabe con el scrum, que es la seña de identidad del rugby?

–Cien por cien de acuerdo. Lamentablemente, el scrum es un obstáculo para el espectáculo. Está en el corazón del rugby, está en la esencia del deporte, en la filosofía del juego, pero para el espectador que no está capacitado, que no entiende las reglas, es aburrido, le ve como algo estático. El riesgo está en que se tomen medidas para hacerlo más seguro –que son necesarias y que hay que hacerlas– y se le empiece a quitar de la escena. Espero que el scrum prevalezca y que haya más tipos enamorados de la formación, que la entiendan, que entrenen, que la quieran hacer, para que se mantenga siendo una parte esencial del juego.

 

 

 

“Hay que fomentar el deporte en sus raíces más íntimas”

-¿Por qué cuesta tanto que los países del Tier 2 puedan dar el salto para competir de igual a igual con los del Tier 1?

–El gran tema es un poco por dónde apretás. El rugby es un deporte complejo, de muchas reglas, y yo creo que nunca va a ser masivo mundialmente. Los países donde tienen mucha tradición en el deporte están creciendo. Fijate lo que le está pasando a Italia, luego de muchos años de estar en el VI Naciones, formando chicos, futuros profesionales, han invertido mucho dinero, se les ha apoyado mucho.

–Y les cuesta mucho.

–Les sigue costando. En las islas del Pacífico Sur son tipos muy fuertes pero no tienen estructuras profesionales para formar jugadores y dar el salto de calidad. En los países donde el rugby no tiene tanta tradición, como España, Suiza, Alemania… el rugby está creciendo, pero a un ritmo más lento. Para atraer cada vez más gente tiene que tener de alguna forma una raíz de donde se juegue más al rugby. A veces cuesta que los chicos no continúen con el deporte que practicó su padre. Traer chicos al rugby cuesta.

–¿Qué es lo que debería hacer España para crecer? ¿Crear una estructura profesional o alimentar más la base?

–No. Yo creo que fomentar el deporte en sus raíces más íntimas. Formar a las personas. Y desde  lo que es el deporte formativo, aumentar la cantidad de gente que se acerque al deporte y luego, con volumen, buscar estructuras que puedan hacer el salto de calidad para que más gente se pueda dedicar. Para eso necesitas dinero, buenas competencias, el interés de la televisión. La televisión va a estar si hay audiencia, y la audiencia, si hay número de seguidores. Todo es un círculo virtuoso. Yo creo que se benefician muy pocos del rugby porque pocos entienden los valores que transmite este deporte, y si no lo han mamado y no lo han recibido de los padres va a ser difícil que se acerquen a un club de rugby, porque no lo entienden.

 

 

“El rugby argentino tiene que encontrar la manera de coexistir con Europa”

–¿Se hubiera retirado si estuviese la posibilidad de ir al próximo mundial?

-No es un tema de que haya decidido retirarme, sino que tengo que retirarme por una lesión. Uno nunca está preparado para retirarse, uno nunca quiere retirarse de un deporte tan intenso y tan lindo. Si pudiese jugaría toda la vida.

–¿Le parece viable la opción que ha tomado la Unión Argentina de Rugby de contar para la selección solamente con los jugadores de un solo equipo, los Jaguares?

–El plan de la Unión Argentina de Rugby debe ser a mediano y largo plazo. En el corto plazo puede sufrir, con este embotellamiento de jugadores que con un solo equipo en la elite no tengan espacio para seguir desarrollándose. En Argentina tenemos un gran problema geográfico, estamos lejos de todos los equipos Tier 1. La Unión decidió seguir por este camino. El Super Rugby y el Rugby Championship son grandes competencias. Es un honor jugar esos torneos. Si fue una decisión acertada o no, sólo el tiempo lo dirá. Lo que se busca es que el rugby siga creciendo y como tal, que podamos tener regularidad de campeonatos, de jugadores, de crecimiento.

–A veces parece que hay una opa hostil contra el rugby argentino. Los clubes europeos siguen tentando a los mejores jugadores, que si se van ya no pueden jugar en la selección.

–El rugby es un deporte en el que las carreras cada vez son más cortas. Es profesional desde hace sólo 22 años. Como tal, las estructuras van avanzando, los entrenamientos, los preparadores físicos te hacen cada vez más fuerte, más potente, más explosivo; los entrenadores de defensa entrenan cada vez más las estructuras, las presiones. Por eso los impactos son más fuertes, se sufren más lesiones y las carreras son cada vez más cortas. Un jugador que resigna muchos años en salario, en oportunidades, en estabilidad, no se recupera más. La verdad es que por la patria hemos hecho muchos sacrificios. Durante muchos años los clubes europeos nos descontaban más dinero por partido de lo que la Unión Argentina de Rugby nos podía pagar. Lo hacíamos con ganas, jugábamos gratis o perdíamos dinero para jugar para la selección. Pero bueno, la Unión tiene unos presupuestos limitados y tiene que luchar contra presupuestos de dueños de clubes en Europa que son muy fuertes o que tienen estructuras financieras muy fuertes. Yo creo que Argentina tiene que encontrar la forma de coexistir con esa estructura para que el rugby, de la mano de Europa, pueda seguir creciendo. Pero bueno, es un camino que tomó la Unión hoy y como tal hay que apoyarla, respetar a la autoridad. Ojalá que el rugby siga creciendo en Argentina.

–¿Sabe ya qué va a hacer, ahora que se acaba de retirar? ¿Seguirá en Europa?

–La idea es volver a Argentina. Tengo varios proyectos. Quiero mantenerme en el juego, en el deporte. Todavía no sé bien cuál es el nuevo desafío.

–¿Volverá a Newman?

–Vuelvo a Newman.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jonah Lomu, el primer rugbier global
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Héctor Barbotta | 18-11-2015 | 13:36| 0

 

La prematura muerte de Jonah Lomu, fallecido en Nueva Zelanda a los 40 años, no marca sólo el adiós a quien es considerado por muchos el mejor jugador de rugby de la historia -como si fuese posible realizar esa elección de una manera más o menos objetiva en un deporte esencialmente colectivo y que ha evolucionado tanto en los últimos 20 o 25 años– sino también de quien fue, eso sí sin duda alguna, el primer jugador de rugby cuya celebridad alcanzó dimensión global.

El impacto que supuso su aparición en los campos en los primeros años noventa fue tan grande que puede decirse que no fue el rugby el que hizo famoso a Lomu, sino que fue Lomu, con su espectacularidad el que contribuyó a que el rugby se difundiera y llegara a rincones hasta entonces impensados.

Con sus 120 kilos lanzados a una velocidad que le permitía cubrir los 100 metros en menos de 11 segundos y la potencia que dejaba en ridículo a defensores fuertes y experimentados, Lomu fue también un adelantado a su tiempo. Demostró algo que se ha hecho costumbre después, con los progresos aportados por el profesionalismo: los gigantes también pueden ser veloces y talentosos.

Todos quienes alguna vez han jugado al rugby están en deuda con este deporte. Pero en el caso de Jonah Lomu posiblemente haya que invertir la ecuación. Quizás sea el rugby el que esté en deuda con él.

 

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El XV ideal de la Copa del Mundo
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Héctor Barbotta | 02-11-2015 | 09:04| 0

La Societe Generale ha elaborado este XV ideal de la Copa del Mundo de Rugby

1 Ayerza (ARG) 2 Moore (AUS)  3 Ramiro Herrera (ARG)

4 Etzebeth (RSA)  5 Nakawara (FIYI)

6 Gorgodze (GEO) 8 Pocock (AUS)  7 Burguer (RSA)

9 Laidlaw (SCO) 10 Carter (NZL)

11 Savea (NZL) 12 Giteau (AUS) 13 Conrad Smith (NZL) 14 Savea (NZL)

15 Goromaru (JPN)

 

Los corresponsales de AFP en la Copa del Mundo de Rugby, por su parte  proponen este equipo como XV ideal del mundial.

1 Ayerza (ARG)  2 Creevy (ARG)  3 Malherbe (RSA)

4 Retallick (NZL)    5 Etzebeth (RSA)

6 Gorgodze (GEO)  8 Hooper (AUS) 7 Pocock (AUS)

9 Du Preez (RSA)   10 Carter (NZL)

11 Savea (NZL)    12 Nonu (NZL)    13 C. Smith (NZL)    14 Ashley-Cooper (AUS)

15 Goromaru (JPN)

 

En este blog también hemos elaborado nuestro XV ideal. Es este.

1 Marcos Ayerza  (Argentina) Pilar fundamental del scrum puma. Un arma a la que Argentina no renuncia pese a su cambio de estilo.

 

 

2 Dane Coles (Nueva Zelanda) Un talonador con la dinámica y la velocidad de un ala.

 

 

3 Sekope Kepu (Australia) Un bastión en el scrum y en la defensa australiana.

 

 

4 Lood de Jager (Sudáfrica) Última joya de la inagotable cantera de los delanteros más duros del mundo.

 

 

5 Brodie Retallick. (Nueva Zelanda) Llegó al mundial como el mejor jugador del mundo. No decepcionó.

 

 

6 Francois Louw (Sudáfrica) El jugador que más placajes realizó en la competición.

 

 

7 Michael Hooper. (Australia) Un incordio para los rivales. Una máquina de robar pelotas.

 

 

8 David Pocock (Australia) Otro perro de presa. Posiblemente el mejor jugador de la Copa del Mundo.

 

 

9 Fourie Du Preez (Sudáfrica) Una fuente inagotable de talento.

 

 

10 Dan Carter (Nueva Zelanda) Un crack. Un genio al servicio del equipo. Se va el mejor apertura de la historia.

 

 

11 Julian Savea (Nueva Zelanda. El sucesor de Lomu. Con eso queda todo dicho.

 

 

12 Ma’a Nonu (Nueva Zelanda) Implacable en defensa, contundente en ataque. El mejor sin duda en su puesto.

 

 

13 Conrad Smith (Nueva Zelanda) Hace todo bien

 

14 Nehe Milner-Skudder (Nueva Zelanda) La última perla all black. Llegó a la Copa del Mundo sin apenas roce internacional. Se va como el jugador con más metros recorridos con la pelota.

 

 

15 Joaquín Tuculet (Argentina) Todo un símbolo de la nueva vocación ofensiva de Los Pumas.

 

 

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Las estadísticas de la mejor Copa del Mundo de la historia
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Héctor Barbotta | 01-11-2015 | 18:16| 0

Público en los estadios: 2.477.805

Puntos marcados: 2.439

Ensayos (tries): 271

Conversiones: 194

Drops: 8

Penales marcados: 224

 

Posiciones:

1 Nueva Zelanda

2 Australia

3 Sudáfrica

4 Argentina

 

 

 

 

Jugadores top

Más puntos marcados: Nicolás Sánchez (Argentina) 97

 

 

 

 

 

 

 

Mayor anotador de ensayos (tries): Julian Savea (Nueva Zelanda) 8

 

 

 

 

 

 

 

Mayor anotador de penales: Handre Pollard (Sudáfrica) 23

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mayor anotador de conversiones: Dan Carter (Nueva Zelanda) 23

 

 

 

 

 

 

Más line outs robados: Kieran Read (Nueva Zelanda) 6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Más metros corridos con la pelota: Nehe Milner-Skudder (Nueva Zelanda) 561

 

 

 

 

 

 

 

Más placajes (tackles): Francois Louw (Sudáfrica) 77

 

 

 

 

 

 

Jugador que más veces ganó la línea de ventaja: Schalk Burguer (Sudáfrica) 38

 

 

 

 

 

 

Más pelotas recuperadas en ruck: David Pocock (Australia) 17

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Campeón de leyenda
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Héctor Barbotta | 01-11-2015 | 17:07| 0

Dentro de algún tiempo los aficionados al rugby que hayan visto jugar a este equipo podrán decir que han sido afortunados. La selección de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks, conquistó ayer su tercera Copa del Mundo tras vencer a Australia por 34-17 en un partido que dominó en juego y marcador desde el primer momento. Lo hizo, además, con una selección de ensueño e irrepetible que ayer escribió su último capítulo. La mejor generación que ha dado la historia de este deporte, encabezada por el ya legendario capitán Richie McCaw, abandona por retiro en algunos casos y por sustanciosos traspasos a las ligas europeas en otros, el rugby internacional. Será muy difícil que en el futuro pueda verse una selección con tantas estrellas y a la vez con un juego de equipo tan aceitado.
Si bien Nueva Zelanda llegó como favorito a esta Copa del Mundo tras haber ganado 50 de los 53 partidos disputados entre un mundial y otro, las buenas actuaciones desarrolladas a lo largo del torneo por su clásico rival, al que se medía por primera vez en una final, hicieron que las previsiones para el partido decisivo estuviesen abiertas. Se medían, además, la mejor defensa del torneo, la australiana, contra el demoledor ataque all black. Sin embargo, los neozelandeses dejaron claro desde el principio que no iban a admitir discusiones. En un partido cerrado, dominaron la posesión y territorio, y aunque pasaron gran parte de la etapa sin poder llevar peligro a la línea de marca rival, sobre el final del primer tiempo encadenaron una jugada colectiva marca de la casa para que el rapidísimo ala Nehe Milner-Skudder marcara el primer ensayo del partido.


El segundo tiempo se inició con dominio neozelandés, que se concretó en un ensayo del espectacular Ma’a Nonu tras dejar en el camino a media defensa australiana. Fue el último ensayo del centro all black con la camiseta negra.

Cuando todo parecía que iba a ser un paseo militar para los neozelandeses, el zaguero Ben Smith fue expulsado temporalmente por un placaje peligroso.

Allí los australianos demostraron toda su categoría para aprovechar la superioridad numérica, marcar dos ensayos en diez minutos y acercarse en el marcador.


Fue entonces cuando las estrellas neozelandesas sacaron todo su talento. A falta de diez minutos, Dan Carter –el mejor apertura del torneo y posiblemente de la historia, otro de los que no volverá a vestir de negro– conectó un drop desde 40 metros y volvió a poner distancia en el marcador.

Al final, el reserva Beauden Barrett, probable sucesor de Carter, marcó el último ensayo del partido. «No nos dejamos ganar por el pánico», resumió tras el partido McCaw al explicar la muestra de carácter de los neozelandeses cuando los Wallabies australianos acortaron distancias.


Por primera vez en la historia de la Copa del Mundo de Rugby, el campeón consigue repetir título. Con la conquista de este torneo, el primero que gana fuera de sus fronteras, Nueva Zelanda se pone a la cabeza del palmarés del mundial de rugby con tres títulos, por delante de Australia y Sudáfrica, con dos cada uno, e Inglaterra, con uno.

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El árbitro de rugby que explica que esto no es fútbol
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Héctor Barbotta | 31-10-2015 | 11:58| 0

Una norma básica del rugby es el respeto a los árbitros, pero hay un uno que despierta mucho más que respeto. El galés Nigel Owens no sólo está considerado el mejor del mundo, sino también una figura célebre a la altura de muchas de las estrellas del rugby. Tal y como se esperaba, ha sido designado para dirigir la final de esta tarde.
Lo más sobresaliente de Owens es que no se ha ganado esa fama con decisiones controvertidas, sino por la forma en que impone su autoridad. En el rugby internacional, los árbitros llevan un micrófono, por lo que los diálogos con los jugadores pueden escucharse. Youtube está lleno de vídeos colgados por los aficionados con los momentos estelares del árbitro galés, que una ocasión interrumpió el partido, reunió a los 30 jugadores y les dio una charla sobre lo conveniente que sería que dejaran de pegarse y se pusieran a jugar al rugby.


No es extraño que ante la más mínima protesta se dirija al jugador díscolo y le diga: «No sé si nos han presentado, pero yo soy el árbitro de este partido, no usted. Haga su trabajo, que yo haré el mío». En una ocasión, después de que un jugador hiciera un lanzamiento parcial en una hilera del saque de banda, donde la pelota debe ir al centro, hizo un juego de palabras: «Yo soy más ‘straight’ que eso». ‘Straight’ en inglés significa recto, pero también heterosexual. Y hace ya tiempo que Owens reveló su condición de gay.
Pero lo que más celebran los aficionados al rugby es la diferencia que el galés marca permanentemente con el fútbol. Suele cortar cualquier atisbo de protesta con un seco «esto no es fútbol». Incluso en alguna ocasión le indicó a un jugador que se quejaba en el suelo tras un contacto que no había sido para tanto: «El estadio de fútbol está 500 metros en aquella dirección».

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El combate del mar de Tasmania se muda a Londres
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Héctor Barbotta | 31-10-2015 | 12:01| 0

Cuando esta tarde a las cinco las selecciones de rugby de Nueva Zelanda y Australia salten al campo del estadio londinense de Twickenham, con los jugadores formados detrás de las banderas de sus países para disputar la final de la Copa del Mundo de rugby habrá llamativas diferencias y semejanzas entre ambos equipos. Unos irán de negro, el negro más negro jamás conseguido en una tela, según la marca que los viste. Los otros, de un amarillo alegre, vistoso y chillón. No es posible imaginar dos indumentarias más diferentes, pero tampoco dos banderas más parecidas. Ambas son azules, las dos llevan la ‘Union Jack’ en el extremo superior izquierdo, las dos dibujan la constelación de la Cruz del Sur en el ángulo opuesto. La única diferencia es que las cuatro estrellas en la bandera neozelandesa son rojas, y las seis de la australiana, blancas.
Esta coincidencia va más allá de lo simbólico y refleja la realidad de dos países con grandes similitudes en cuanto a historia, cultura e inserción en la geopolítica internacional. La diferencia en los uniformes, por el contrario, simboliza aquello en lo que australianos y neozelandeses son irreconciliables: el rugby. La rivalidad centenaria que mantienen desde 1903, cuando se enfrentaron por primera vez, es una de las más enconadas del deporte mundial.
A lo largo de la historia, las selecciones de rugby de los países separados por el mar de Tasmania se han enfrentado en 154 ocasiones, y aunque la estadística favorece holgadamente a los ‘All Blacks’ (105 victorias, 42 derrotas y 7 empates), los australianos pueden presumir de ser quienes más veces han conseguido vencer a sus vecinos, algo que nunca consiguieron ni una sola vez varias de las selecciones que hoy componen la élite del rugby mundial, como Irlanda, Escocia o Argentina.
Aunque ambas selecciones tienen lazos en común que van más allá de lo deportivo –las dos fueron diezmadas por las guerras mundiales–, su manera de afrontar el rugby es el reflejo de filosofías contrapuestas. En Nueva Zelanda, un país donde una derrota sonada en rugby puede suponer una crisis política, este deporte alcanza casi la categoría de religión. Los niños viven desde la primera infancia en contacto con el balón ovalado, y su implantación como disciplina casi exclusiva es abrumadora.


En Australia, en cambio, el rugby es el tercer deporte en popularidad, por detrás de otras dos disciplinas con las que guarda algunas similitudes: el fútbol australiano y el ‘rugby league’ o rugby a 13. Pero Australia destaca en natación, en tenis, en golf, en cricket o en atletismo. Para ellos el rugby es un deporte importante y popular, sí, pero uno más.


También la historia de cada país encuentra cierto reflejo en cómo se vive en torno al balón oval. Mientras que en Australia la colonización inglesa supuso casi la desaparición de los aborígenes y sus manifestaciones culturales, Nueva Zelanda asimiló buena parte de la cultura originaria. No en vano el equipo escenifica antes de cada partido el haka, la danza ritual que se ha convertido en una carta de presentación bien conocida incluso por quienes no son aficionados al rugby.

Clásicos y técnicos los neozelandeses, audaces e innovadores los australianos, el partido del domingo enfrentará no sólo a dos equipos dinámicos y ofensivos que han demostrado ser los dos más completos y en forma de este torneo, sino también a quienes cuentan con las mejores estrellas. La final permitirá asistir a duelos entre jugadores considerados los mejores del mundo en sus puestos. Los terceras líneas Richie McCaw y Kieran Read, del lado ‘all black’, y David Pocock y Michael Hooper, del australiano; o el ala neozelandés Julian Savea frente a su par australiano Adam Ashley-Cooper. Duelos individuales en un deporte esencialmente de equipo que acabarán decidiendo cuál de los dos países conseguirá su tercera copa y cuál se irá masticando la derrota ante el rival más odiado.

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El tercer puesto: besar a la hermana o besar a la novia
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Héctor Barbotta | 30-10-2015 | 12:37| 0

El pasional entrenador sudafricano, Heyneke Meyer, dejó claro tras perder la semifinal frente a Nueva Zelanda qué es lo que piensa de la final de consolación. “Es aburrido, como besar a la hermana”. No se sabe si fue producto de la desazón por haberse perdido la final por sólo dos puntos después de haber puesto contra las cuerdas a los All Blacks o porque para un país que ya ha sido dos veces campeón del mundo el tercer puesto significa poco, lo cierto es que el preparador springbok quitó importancia al partido que esta noche enfrentará a los suyos con Argentina por el bronce.

Sin embargo, para los Pumas, cuya desilusión por haber perdido el billete a la final no es menor, un eventual tercer puesto no se parecería en nada a besar a una hermana. La prensa deportiva argentina ya ha adelantado que sería algo muy diferente. Algo así como besar a una novia.

Los Pumas afrontaban el partido con nueve cambios en la alineación por culpa de las lesiones y el cansancio. Hoy se ha sabido que hay un décimo cambio, ya que el pilar Marcos Ayerza, que se despedía de la selección, se lesionó en el entrenamiento de ayer. Argentina afronta el partido con el objetivo de repetir el tercer puesto de 2007, el que la puso en el mapa del rugby mundial y dio lugar a los cambios que la ha llevado a convertirse en el equipo que más ha crecido en los últimos años.

 

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All Blacks y Wallabies, enemigos irreconciliables, protagonizarán la final del Mundial
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Héctor Barbotta | 26-10-2015 | 12:38| 0

Las semifinales del fin de semana han situado en el partido decisivo a los protagonistas de la mayor rivalidad del Hemisferio Sur. Los All Blacks llegan a la final tras  remontar ante una Sudáfrica que los maniató durante gran parte del encuentro. Los Wallabies, tras aprovecharse de los nervios y de la inexperiencia de la selección argentina.

Nueva Zelanda consiguió imponerse el sábado por un mínimo margen (20-18) a Sudáfrica, aunque para hacerlo tuvo que tirar de la calidad que atesoraba en su banquillo y sufrir durante gran parte del encuentro.

Durante todo el primer tiempo el guion del partido pareció escrito por el entrenador sudafricano, Heyneke Meyer, que envió a los suyos a hacer lo que mejor saben, un rugby cerrado y de percusión en el que los ‘Springboks’ impusieron su mayor potencia física e impidieron que los ‘All Blacks’ desarrollaran su juego abierto contra el que no existe defensa posible. En la única ocasión en la que consiguieron hilvanar una jugada a todo el ancho del campo, los neozelandeses anotaron un ensayo a través de su tercera línea Jerome Kaino. Pero ello no fue suficiente para compensar el goteo de golpes de castigo que sufrieron como resultado del dominio de la delantera sudafricana.

Los ‘All Blacks’ se fueron al descanso con un 12-7 desfavorable en el marcador y un hombre menos en el campo por la expulsión temporal del propio Kaino, resultado de las continuas faltas que los neozelandeses se veían forzados a cometer –nueve en 40 minutos, un número inaceptable en un equipo de esa categoría– para paliar el claro dominio de la delantera ‘springbok’. Cuando acabó la primera mitad, los fantasmas de los anteriores fracasos de Nueva Zelanda en los Mundiales sobrevolaban el estadio de Twickenham.

Nada más comenzar el segundo tiempo, la estrella sudafricana Bryan Habana incurrió en juego desleal y dejó a su equipo con un jugador menos. Los campeones del mundo aprovecharon la situación, su entrenador dio aire fresco al equipo moviendo el banquillo y el juego comenzó a inclinarse del lado neozelandés. Fruto de la presión sobre el campo rival llegó el segundo ensayo de los ‘All Blacks’ por intermedio de uno de los recién ingresados, Beauden Barrett, que anotó tras una excelente jugada de Ma’Nonu. El marcador se siguió moviendo por el intercambio de golpes de castigo, pero ya con los neozelandeses al frente. El 20-18 final resume con nitidez lo cerca que estuvieron los sudafricanos de plantarse en la final.

 

Australia, clásico rival de Nueva Zelanda y el equipo que más veces ha conseguido vencerla, sacó por su parte ayer el billete para el partido decisivo al derrotar con justicia a una dignísima Argentina por 29-15 tras una primera parte en la sacaron una ventaja decisiva y una segunda mitad en la que supieron contener la reacción de los Pumas, que se mantuvieron en el partido hasta el final.

El partido no pudo comenzar mejor para los Wallabies y peor para los argentinos. No habían transcurrido dos minutos cuando el segunda línea australiano Rob Simmons interceptó un pase del apertura argentino, Nicolás Sánchez, en los 22 metros de la defensa argentina para marcar el primer ensayo de su equipo. La jugada no sólo puso el partido cuesta arriba para los Pumas, también adelantó cómo se desarrollaría toda la primera mitad. Los argentinos salieron decididos a arriesgar, lo que ha sido su seña de identidad durante todo el torneo, y los australianos, que demostraron haber estudiado a sus rivales al detalle, a presionar y aprovechar los errores rivales. La presión australiana y los nervios argentinos provocaron muchos, y los Wallabies supieron traducirlos todos en puntos.

La selección de Australia puso sobre el campo mayor experiencia y contundencia frente a unos argentinos que acumularon un contratiempo tras otro. Cuando había transcurrido media hora ya habían sufrido la expulsión temporal de su segunda línea Tomas Lavanini y las lesiones de tres de sus hombres más importantes: el capitán, Agustín Creevy, el máximo anotador de ensayos, Juan Imhoff, y el centro Juan Martín Hernández, su jugador más experimentado y talentoso, que aguantó unos minutos más pero tuvo que ser reemplazado al inicio de la segunda parte. Demasiadas calamidades frente al equipo más en forma del torneo, que se fue a los vestuarios con una ventaja de diez puntos tras anotar tres ensayos (19-9).

Tras el descanso los argentinos salieron decididos a remontar. Consiguieron el control de la pelota y del partido y pusieron el juego en campo australiano,  y aunque hicieron gala de su clásico pundonor no pudieron ante una defensa que demostró por qué es la mejor del torneo. Cuando faltaban diez minutos para el final, los Pumas todavía estaban a tiro de ensayo convertido para empatar el partido, lo que podía considerarse un milagro tal y como había transcurrido la primera mitad. Pero ahí volvió a relucir la calidad y el oportunismo australianos, que en una jugada rapidísima perforaron por cuarta vez en el partido la línea de defensa argentina para redondear el 29-15 final.

Los Wallabies se enfrentarán el sábado a Nueva Zelanda en un partido que según lo que demostraron uno y otro equipo en las semifinales se presenta de resultado incierto. Los Pumas, por su parte, jugarán el viernes por la noche ante Sudáfrica para intentar repetir su mejor resultado en una Copa del Mundo, el tercer puesto que obtuvieron en el Mundial de Francia hace ocho años.

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Los Pumas le rugen al mundo
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Héctor Barbotta | 23-10-2015 | 15:43| 0

Si los ingleses que a finales del siglo XIX se instalaron en el poniente andaluz para explotar las minas del río Tinto hubiesen fundado un club de rugby en lugar del Recreativo de Huelva, es posible que en el mundo de la pelota ovalada hoy se estuviese hablando del león, el animal que la selección española lleva sobre su camiseta.

Pero el rugby tuvo que esperar varias décadas para entrar en España y no por influencia de sus creadores, sino de la vecina Francia, para instalarse apenas como deporte universitario. Demasiada ventaja de años y de concepto que explica en parte por qué un país que en la última década ha destacado de forma abrumadora en casi todos los deportes no encuentra la manera de poder competir internacionalmente en rugby.
El mundo del deporte oval, sin embargo, habla en estos días en español, pero no por el León, sino por el Yaguareté, el símbolo de la Unión Argentina de Rugby, que en la primera gira internacional de su selección, de la que este año se conmemora medio siglo, los periodistas sudafricanos confundieron con un puma para bautizarla para siempre.

Después de varias décadas de lucha desigual pero obstinada para entrar en la élite, los Pumas han conseguido en este Mundial meterse en semifinales por segunda vez en su historia después de haberlo hecho en 2007, cuando obtuvieron el bronce. En aquella ocasión la prensa especializada consideró una hazaña que un equipo que tenía a sus estrellas repartidas por las ligas europeas y completaba la plantilla con jugadores ‘amateurs’ eliminara a potencias consolidadas como Francia, Escocia e Irlanda.


Ocho años más tarde, con Argentina otra vez entre los cuatro mejores, nadie habla de proeza, sino del resultado lógico de un trabajo realizado con paciencia tras la oportunidad que supuso el tercer puesto de 2007. Desde el año siguiente a aquella hazaña, Argentina está inmersa en un proceso de profesionalización de su rugby, que sigue teniendo una base de más de medio millar de clubes rigurosamente ‘amateurs’, muchos de ellos fundados por los ingleses que a finales del XIX se instalaron en Argentina para construir los ferrocarriles y que además de las vías férreas dejaron también un legado deportivo que no se limitó al fútbol.

Argentina llevaba varios años compitiendo a un nivel aceptable, pero no fue hasta el tercer puesto de 2007 cuando los dirigentes de la World Rugby –la entidad que rige este deporte a nivel mundial y que se ha propuesto convertirlo en un fenómeno global– decidieron apostar por el país sudamericano. Facilitaron recursos que permitieron abrir centros de alto rendimiento en todo el país (24 de los 31 ‘pumas’ de este Mundial han pasado por esos centros), les abrieron la puerta para competir en el campeonato de selecciones más exigente del mundo –el Rugby Championship, el torneo anual que reúne también a Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica– y dieron lugar a la creación de una franquicia argentina en el Super Rugby, la NBA de este deporte con equipos de esos tres países a los que en 2016 se sumarán argentinos y japoneses.
Todo ello dio sus frutos. Argentina cambió su estilo aguerrido y con el acento en la defensa que le permitía competir en inferioridad de condiciones por el dinámico y ofensivo que caracteriza a las potencias del Sur. Por eso nadie se dio por sorprendido cuando el pasado domingo los Pumas doblegaron en cuartos de final por 43-20 a la selección de Irlanda, doble campeón del Seis Naciones y mejor equipo europeo en los últimos años, en un partido brillante que supuso una exhibición de sus progresos.

La victoria argentina completó un póquer de ases del Sur. Los cuartos de final del pasado fin de semana enfrentaron a cuatro países del Sur con otros tantos del Norte. En todos salieron victoriosas las selecciones del Sur. Nunca desde que se creó esta competición en 1987, ocho años antes de que el profesionalismo se adoptara oficialmente, la hegemonía de los países septentrionales había sido tan clara.
Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia, con dos copas cada una, se llevaron seis de los siete Mundiales jugados hasta ahora (la restante la ganó Inglaterra en 2003), aunque los europeos siempre habían dado batalla hasta el final. Pero en esta Copa del Mundo las potencias del Sur, incluida una Argentina que reclama su lugar en la élite, han demostrado que en su adaptación a los continuos cambios que cada año se van introduciendo para hacer del rugby un juego más dinámico y atractivo van por delante de los europeos, que muestran un alarmante estancamiento. Especialmente sus dos emblemas: Inglaterra, eliminada en fase de grupos, y Francia, barrida por los All Blacks por un humillante 62-13.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella