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Fecha: julio, 2016
Patrullando la ciudad 2: Dubái, aquí no hay ruina
David González 09-07-2016 | 1:46 | 0

Si el sueño de la mayoría de los niños en convertirse en policía, bombero o futbolista en el caso de los churumbeles dubaitíes las dos últimas opciones ya están sobrando.

El escaparate de ostentación y opulencia en el que se ha constituido Dubái ha convertido a sus unidades policiales en un reclamo turístico más.
En su faraónico proyecto de transformar una zona desértica en un oasis de derroche y obras fastuosas despuntan: el hotel de 7 estrellas Burj Al Arab, el edificio más alto del mundo Burj Khalifa, la isla Palmera Jumeirah o hasta una estación de esquí en pleno centro comercial.
Todo debe de ser más grande, espectacular y deslumbrante que lo anteriormente conocido allende los mares y en el ámbito policial no podía ser distinto.

Los guardias del emirato árabe exhiben una flota de coches compuesta por los superdeportivos más deseados y exclusivos del momento. Como si de un coleccionista caprichoso se tratara, el responsable de seguridad dubaití siempre saca la billetera para hacerse con el último modelo que sale al mercado con más de 500 caballos bajó su capó.

Como técnica de marketing es un negocio redondo: han conseguido que cualquier amante del motor que viaje a los Emiratos Árabes Unidos esté deseando que se produzca cualquier altercado para cruzarse con alguna de estas bestias del asfalto.
Este derroche automovilístico pretende centrar los ojos del planeta en uno de los países con mayor crecimiento en las últimos lustros. Sus dirigentes, conscientes de que el petróleo (la fuente de ingresos de la zona) se está agotando, han encontrado en el turismo de lujo el filón para seguir generando riqueza.

La idea partió del jeque Muhammad bin Raschid, un enamorado de los caballos en cualquiera de sus expresiones: tanto los cuadrúpedos pura sangre, como los que empujan bajo el capó de las más exquisitas máquinas. En total se rumorea que ha gastado más de 6,5 millones de dólares en este dispendio de ‘zetas’.
Allá donde aparece cualquiera de estos vehículos es inevitable ver a una multitud de gente arremolinarse y hacer fotos con sus smartphones como si de un famoso cantante se tratase.

Ahora bien ¿es realmente efectivo y útil patrullar con un hiperdeportivo biplaza? Pues obviamente hay bastante de postureo, aunque es cierto que no habrá caco que pueda escapar a un Bugatti Veyron. Si “El Vaquilla” hubiera tenido que fugarse con su SEAT 124 de un bólido que alcanza los 408 km/h hubiera recorrido menos kilómetros que el Cenachero cargado de jureles un día de terral.
Por no hablar de la poca practicidad de un automóvil con solo dos plazas, incapaz de trasladar a un delincuente a la comisaría. Es de suponer que, para ello, los policías contarán con larguísimos Hummer limusina o algún Rolls Royce customizado que transporte a los detenidos como si fueran altos ejecutivos.

Pese a que también son verdes y blancos poco tienen que ver estos patrulleros con los modestos coches de nuestra Guardia Civil. Aston Martin One-77, Lamborghini Aventador, Mercedes-Benz SLS, Ferrari FF, Chevrolet Camaro, BMW M6 Gran Coupé, Bentley Continental GT, Ford Mustang…son algunos de los modelos que reposan en un garaje con más caballos que el Hipódromo de la Zarzuela.

Y es que hablamos de un país donde el precio de la gasolina es peccata minuta. Lo que se conoce como tener petróleo por castigo.
¿Imagináis que algún forajido consiga huir en uno de estos supercoches? si el Dioni hubiera pillado un Porsche 918 Spyder en lugar de un obsoleto furgón otro gallo cantaría.

Vamos a recrearnos en algunas de las joyas que engrosan el cuerpo policial de Dubái. Lo más normal será verlos fugazmente por nuestro espejo retrovisor y oírlos alejarse rugiendo como una exhalación en pocos segundos.

Aston Martin One-77; para ilustrar la exclusividad del Aston más prohibitivo solo hay que apuntar que existen 77 unidades en todo el mundo. Se trata de una edición especial numerada que alcanzó los 1,4 millones de euros. Con este precio se pueden obtener más de 70 Citroën C4 Picasso de los utilizados por nuestra Policía Nacional.
Su fabricación artesanal cuida hasta la extenuación un afilado perfil aerodinámico, ideado para atravesar el aire como un estilete impulsado por su V12 de 7.3 litros y 700CV a 330 km/h.
Lo más importante para correr es poder parar y el One-77 dispone de frenos cerámicos de carbono preparados para detener los 1500kg de esta obra de arte.

Ferrari FF; parece que ser el único cavallino rampante con cuatro plazas y tracción total no ha pasado desapercibido para las fuerzas del orden. Desde 2013 transita para reestablecer la autoridad en la ciudad de las islas Palmera con el Ferrari “más familiar”. Los cacos deben pensárselo dos veces antes de retar a este 12 cilindros en «V» y 659 CV, asociado a una caja de cambios automática de doble embrague y siete marchas. Su velocidad punta no es “moco de pavo”, se estima en 335 km/h.
La norma de la Policía de Dubái establece que este gran turismo solo puede ser conducido por mujeres (no me preguntéis por qué).

Chevrolet Camaro SS; el representante americano no podía fallar en este desfile de” vedettes del motor”. Musculado con un V8 de 426 CV de potencia fue elegido en el casting automovilístico por su bajo coste de mantenimiento. Se conforma con unos ‘modestos’ 250 km/h limitados electrónicamente.

BMW M6 Gran Coupe; nunca está de más disponer de 4 puertas por si hay que llevar pasajeros en las plazas traseras y si encima es con la sensual silueta del M6 pues miel sobre hojuelas.
Un familiar con mucho temperamento para atravesar largas avenidas a todo gas gracias a sus 560CV galopadores. No esperéis adquirir uno por menos de 155.000€, justificados en una berlina que se “contonea” a 305 km/h.

Audi R8; el deportivo más prestacional de la marca de los cuatro aros también fue reclutado para hacer cumplir la ley. El propulsor seleccionado fue el V10 de 5,2l FSI con 525 caballos de fuerza, listos para llegar a los 100 por hora en 3,5 segundos. Aquellos que sientan su aliento en la nuca en alguna persecución deben tener en cuenta que roza los 317 km/h. Todo un arma letal.

Mercedes-Benz SLS AMG; otro representante germano procedente de las ilimitadas Autobahn para hacer las delicias de los fans de los automóviles. Sus características ‘alas de gaviota’ (debido a la forma que tienen sus puertas cuando están abiertas) permiten salir y entrar de él a los policías sin quitarse la gorra.
La estrella que gobierna su calandra esconde un propulsor de 6,3 litros y 571 CV…un astro fugaz que catapulta el SLS hasta los 315 km/h.

Brabus B63S-700 Widestar; “¡necesitamos un todoterreno!”, exclamaría algún policía árabe en el momento de adentrarse en algún terreno abrupto. Y no pensaron en un Land Rover como el resto de los mortales, se decantaron por esta preparación del Mercedes-Benz G63, uno de los 4×4 más caros ‘around the world‘. Esta fiera asilvestrada dispone de 700 percherones para mover con soltura un peso de más de 2.500kg. Su velocidad queda establecida en 240 km/h ¡que no falte ni gloria, oiga!

Bentley Continental GT; el toque de elegancia británica hace acto de presencia de la mano del Bentley más ‘vigoréxico’. Un coupé vestido de chaqué al que no se le caen los anillos para entrar en acción cuando la ocasión lo merece. Para ello posee argumentos poderosos: una unidad de potencia W12 capaz de entregar 575CV y alcanzar los 320 km/h en sus cómodos butacones de salón.

McLaren MP4-12C; la marca del coche de Fernando Alonso también se presenta a filas en los cuarteles de Dubái. Responde con celeridad con solo rozar el acelerador, merced a una mecánica de 3 litros biturbo que rinde 600CV. Se reconoce a primera vista por su apertura de puertas de tijera y por una punta de 330 km/h.

Nissan GT-R; “Godzilla” llega directamente desde Japón con el mérito de plantar cara al Porsche 911 a un precio mucho más competitivo. Estas credenciales le permitieron entrar por la puerta grande de las dependencias policiales de Dubái. Cuatro plazas, tracción a las cuatro ruedas, dos turbos, 549CV, 315 km/h y un 0-100 en 2,8 segundos…toda una declaración de intenciones.

BMW i8; este derroche tecnológico bávaro toma forma de espectacular ingenio mecánico de dos plazas y otro par más pequeñas atrás. Monta un motor de gasolina y otro eléctrico que dan 362CV y un autonomía de 600 kilómetros. El i8 no tiene competidores claros en el mercado, un pionero que cuesta 140.000€ y se mueve a 250 km/h. ¡Eso sí que son antecedentes!

Lamborghini Aventador; uno de los vehículos más deseados del momento debía engrosar las filas de esta flota de élite. La cosa se pone seria cuando nos enfrentamos a una máquina de 700 CV, acicalado con un bellísimo y anguloso diseño italiano, que puede plantarse en 350 km/h en lo que sacas el D.N.I de la cartera…como para no detenerse si te dan el alto.

Porsche 918 Spyder; el buque insignia de Porsche ha sido uno de los rezagados en unirse a los garantes de la ley. En su expediente de servicio esgrime méritos contrastados: tres motores de funcionamiento independiente (uno de gasolina de ocho cilindros en V que otorga 608CV de potencia y dos mecánicas eléctricas de 285CV). En total, 887 caballos salvajes que consiguen unos increíbles 3,3 litros/100 arañando los 350 km/h.

Bugatti Veyron; el culmen de los superdeportivos tampoco se resistió a la autoridad árabe. Desarrollado por el grupo Volkswagen, nació para romper todos los estándares de prestaciones conocidos y pulverizar récords. El privilegiado que se ponga a sus mandos gozará de 1001CV pegados a su espalda y la posibilidad de batir los 400 km/h en caso de necesitarlo.
Su precio está a la altura de estas cifras y sobrepasa con holgura el millón de euros.

Los agentes dubaitís viven una continua “las mil y una noche” y es imposible borrarles una eterna sonrisa. Primero: porque conducen los automóviles más rápidos del planeta y segundo: porque soportar los 40 grados que caldean el ambiente en el interior de un Bentley está al alcance de unos pocos privilegiados.

Velar por la seguridad de las calles en coches que superan los 350km/h por un territorio que, hace apenas décadas, solo era atravesado por el pausado caminar de los camellos.
Así es Dubái, siempre esperando mejorar lo inmejorable y exhibiendo su poderío económico…como diría María Isabel: “antes muerta que sencilla, ay que sencilla”.

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Sobre el autor David González
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga. Social Media-Community Manager. Diseñador Gráfico. Tutor de redes sociales y diseño gráfico. Certificado por Google y Hootsuite. Fundador del blog MotorGT.es