Diario Sur

img
Fecha: noviembre, 2016
Los 80, qué movida
David González 27-11-2016 | 10:17 | 0

Es tontería negarlo: soy muy ochentero. Quizás porque me tocó crecer en una década apasionante en muchas manifestaciones culturales/sociales me quedé fascinado por aquel convulso periodo de tiempo. Pese a que disimulo e intento adaptarme al siglo XXI -uso smartphone o redes sociales -soy más de los 80 que los cardados y las hombreras .
Pensaréis que soy un exagerado como buen andaluz, pero como diría Matías Prats: “permítame que insista”.

En el mundo automovilístico de 1980 trajo una serie de accesorios fascinantes e irrepetibles que marcaron una época y fue reflejo de sus circunstancias. Elementos que, en estos tiempos 2.0 dominados por el postureo y la “fashion-victim”, serían objeto de mofa. “Cabronazi” tendría material para publicar 7 años de bromas en Facebook.

El automóvil actual es considerado un portento tecnológico, objeto de culto aunque son a la vez asépticos e impersonales (obviando al tuning); por el contrario el coche de los 80 se convertía en una prolongación del salón de tu casa como el taxi de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Si echamos la vista atrás, como en un capítulo de “Cuéntame”, el interior de la mayoría de los autos estaba repleto de trastos como esas mesas de comedor atiborradas de fotos de comunión.

Quién no recuerda los asientos cubiertos con una funda de bolas, cuyo objeto era evitar que el cuerpo se deslizará y que algunos conductores buscarán petróleo en su nariz en los semáforos. O aquellas plazas delanteras y traseras envueltas en piel de leopardo -o de cualquier mamífero- que daba un aire salvaje a nuestro buga.

El salpicadero parecía la estantería de un “Todo a 100″. Allí reposaba el portarretratos con dos fotos ovaladas del conocido “no corras mucho papá ” a modo de campaña familiar de la DGT.

El pomo de la caja de cambios solía llevar motivos marinos tales como conchas , caracolas o estrellas de mar. Ríete tú de los documentales de la 2.

Sobre la guantera habitaban desde enormes pegatinas de “prohibido fumar” hasta infinidad de estampitas con santos protectores…lo importante era no dejar ningún hueco libre.

Los asientos lucían todo tipo de fundas protectoras e incluso cojines en la parte de atrás, como si fuéramos a pasar todo el domingo por la tarde.
Y cómo no, uno de los elementos estrella de aquellos vehículos post-transición era el tapete. Sí, el croché decoraba cualquier milímetro de tapicería. Las abuelas y madres cosían indistintamente paños de hilo tanto para para el comedor como para el vehículo con frenesí.

La bandeja trasera era el lugar idóneo para colocar el paño de mayor tamaño y sobre él siempre reposaba un perro que movía la cabeza con el traqueteo de la marcha.

La luneta posterior tampoco se libraba. Para combatir el sol se instalaba una especie de cortina veneciana cuya utilidad era bastante discutible y reducía la visibilidad a la hora de estacionar.


La máxima del coche ochentero era “mientras más cosas cuelguen mejor”. Siguiendo este precepto del espejo retrovisor “hacían puenting” tanto el ambientador de pino, algún objeto religioso (cruz o rosario) y cualquier regalo susceptible de ser enganchado o traer buen fario (Dioses, Vírgenes, amuletos, etc). No podía faltar un San Cristóbal (protector de los automovilistas) en forma de llavero o imagen.

La palanca del intermitente se transformaba en el gancho idóneo para almacenar los tickets de las revisiones, parking o los famosos chinitos de la suerte.

Otras veces se veían unos trozos de plástico suspendidos desde el parachoques trasero que servían para descargar al vehículo de electricidad estática y evitar el típico chispazo al tocar la carrocería.

Los conductores de hace tres décadas estaban muy concienciados con no salpicar agua al resto de vehículos y era normal instalar guardabarros tras las cuatro ruedas. Eran unos artilugios que le daban a los vehículos un aspecto peculiar. Sus carrocerías angulosas lucían todo tipo de ornamentos que le daban un toque inconfundible.

Del mismo modo, era una práctica habitual indicar con una pegatina la Comunidad Autónoma a la que pertenecía el dueño del coche; un patriotismo que se exhibía bien con un adhesivo que informaba con una letra de tu región o directamente con la bandera española.

Los largos viajes estivales junto a toda la familia hacían que el calor dentro del automóvil fuera insoportable. Se contaban con los dedos de un muñón los vehículos que equipaban aire acondicionado, así que la solución era plantar un ventilador en mitad del tablero de instrumentos…algunos parecían la central de Iberdrola.

Me llamaba poderosamente la atención, cada vez que me cruzaba con un coche francés, que  llevará los faros delanteros amarillos. Por aquella década se pensaba que este color deslumbraba menos que la tradicional luz blanca, así que reconocíamos rápidamente cuando recibíamos la visita de los gabachos.

Otro elemento de culto de aquellos autos de la democracia fue la antena de la radio. Había que montarla y desmontarla cada vez que aparcábamos porque solía ser robada rápidamente. Se convertía en un tesoro como el anillo de Gollum, por lo que había que agudizar el ingenio a la hora de esconderla.

Tres cuartos de lo mismo sucedía con el radio cassette extraíble. A veces ocultar el reproductor de música se convertía en una auténtica gymkana: debajo del asiento, en la guantera, en el maletero o la solución más engorrosa: subirlo a tu hogar y ahorrarte sustos.
Si vivisteis aquello recordaréis todos los recovecos del coche repletos de cintas para hacer los viajes más amenos. Imposible parar en una gasolinera y no comprar los últimos éxitos musicales.

Como hemos visto hasta ahora forrar todas las partes del coche se convirtió en una verdadera pasión. El volante no permaneció ajeno a esta fiebre y era recubierto con un protector racing, piel de felino, o cualquier material antideslizante…rizando el rizo se acoplaba una especie empuñadura para girar el volante con una mano.

Las modas llegan, cambian y pasan. Los vehículos de la “movida” eran un reflejo de la agitación social del momento: únicos, entrañables, personales, excesivos, rebeldes. Se convirtieron en el alter ego de sus propietarios y su look es reconocible tras el inexorable paso del tiempo. Están envueltos en ese halo de nostalgia de unas de los periodos más excitantes de nuestro país.

Sirva este post como homenaje a esos recuerdos motorizados con aroma a Nocilla, Cola Cao, Peta Zetas, laca y Barrio Sésamo…como se diría por entonces: “me piro vampiro”.

Ver Post >
Los Citroën más X
David González 06-11-2016 | 6:06 | 0

Bellos, estilizados, avanzados, esbeltos. Así fueron los Citroën que exhibieron la letra equis desde los años 70 a los 90. Veinte años rindiendo pleitesía a la vanguardia y a la erótica del automóvil.

Pese a que el acervo popular afirma que es más importante insinuar que enseñar, los “Citroën más equis” no se ruborizaban a la hora de lucir sus curvas más provocadoras.
Lo cierto es que rubricaron una de las épocas más gloriosas de la marca del doble chevron con coches adelantados al tiempo en que aparecieron.
Citroën se erigió en abanderado de los diseños pasionales y las soluciones técnicas más atrevidas poniendo el contrapunto a los “aburridos/serios” coches alemanes.

Una apuesta arriesgada que jugueteaba con la delgada línea entre el amor y el odio que nunca dejó indiferente a nadie. Y es que los Citroën que lucieron la X en su nombre fueron adalides de la creatividad y fieles defensores del confort en cualquiera de sus categorías.

Efectivamente, la equis aportó picante tanto a automóviles utilitarios, compactos o berlinas de representación. En cualquiera de sus formatos, la voluptuosidad de sus líneas seducía a todo tipo de conductores, ávidos de dar una pizca de atrevimiento a sus vidas.

¿Por qué se decantó la firma de PSA por usar la X para referirse a sus modelos? Desde 1974 Citroën emplea una letra del alfabeto seguida de una X por tres razones:

1. Se trata del símbolo de la incógnita en una ecuación y se asocia al universo de las matemáticas y al mundo de las ciencias.

2. La X tiene un componente exclusivo, puesto que suele utilizarse en escasas ocasiones.

3. Era el sobrenombre de la Escuela Politécnica donde estudió André Citroën, fundador de la marca.

Destapemos a aquellos sensuales vehículos que mostraron toda la capacidad de atracción del constructor parisino.

Citroën CX; quizás hoy en día nos parezca normal una berlina de líneas afiladas y silueta en forma de cuña, pero a mitad de los 70 era una rara avis. El CX rompió con todo lo conocido hasta la fecha en el mundo de la automoción y contó con un coeficiente aerodinámico (Cx) de 0.35- un prodigio en un periodo donde abundaban los coches cuadrados- lo que le valió su nombre.

Entre 1974 y 1991 deslumbró al mundo entero merced a una estética fuera de lo común y un puesto de conducción propio de una nave espacial. Aunque si por algo sobresalió este imponente automóvil fue por sus elevadas cotas de comodidad, asistida por una suspensión hidroneumática pionera años ha.
No era tarea fácil sustituir al DS, pero el CX lo superó y además estrenó el primer motor diésel de Citroën.

Citroën BX; 1982 supuso otro hito con la aparición del sustituto del GS: el BX. El diseñador italiano Gandini se encargó de esbozar los trazos de su anatomía con una luna trasera muy tendida que le otorgaba personalidad propia.
Pero lo que definía realmente al BX era su evolucionada suspensión hidroneumática, la cual le permitía permanecer prácticamente a ras de suelo o elevar el coche para circular por pistas forestales.
Tras 12 años en el mercado, configuraciones hatchback, familiar y GTI 16 válvulas de 160CV despareció en 1993 dando paso al Xantia.

Citroën AX; los buenos perfumes vienen en frascos pequeños y ésa fue la máxima de Citroën para irrumpir en el segmento B con el juvenil AX. En sus inicios (1987) solo estuvo disponible con 3 puertas, al contrario que su ancestro el Visa. Más tarde llegarían versiones 5 puertas, gasóleo y los derivados deportivos como el GTI que desarrollaban hasta 100CV.

El liviano peso del benjamín francés lo hacía tremendamente ágil y divertido, lo que dio fama a la Copa AX, cuna de jóvenes pilotos.
En 1996 la competencia había dejado atrás al vetusto utilitario francés, por lo que fue relevado por el Saxo.

Citroën XM; fiel reencarnación de las grandes berlinas de Citroën y heredero de los inmortales DS y CX ,en 1989 llegaba el XM. Se estrenó con buena fortuna, consiguiendo el galardón “Coche del Año en Europa” de 1990, pero una serie de problema eléctricos hicieron menguar sus ventas en la segunda mitad de su vida comercial.

Bertone quiso insuflar al XM las facciones de su abuelo el CX, pero puliendo las carencias del segundo en lo que se refería a balanceo en zonas viradas y corrosión de la pintura.
De esta forma, el XM se dirigía sin complejos a los ejecutivos y familias pudientes de finales del siglo XX que buscaban un turismo espacioso y cómodo.

Citroën ZX; la última letra del alfabeto escoltó a la X para definir a un compacto con mucho carácter. El ZX arribó en 1991 para cubrir el nicho de mercado existente entre el AX y el BX.
De rasgos limpios y simples, se reconocía por su zaga redondeada y la contrastada robustez de sus mecánicas. Esta versatilidad se acentuó con la variada oferta de equipamientos y carrocerías.

En 1997 el ZX comenzó a quedar obsoleto y Citroën decidió dar un golpe de timón e iniciar una nueva era con el Xsara. Más moderno y tecnológico abandonó la nomenclatura de una letra acompañada por la equis para definir una nueva era bautizando a sus automóviles con una palabra.

En efecto, ya en el año 1993 Citroën comenzó a denominar a sus vehículos con un vocablo, aunque en ellos seguía haciendo acto de presencia la equis.
Por eso, me parece de justicia repasar aquellos coches que sirvieron de transición entre los AX, BX, CX y los actuales C3, C4, C5 (que toman la C como inicial de Citroën).

Xantia; intentar suplir al legendario BX era una ardua labor, sin embargo el Xantia tenía poderosos argumentos par hacerlo olvidar en un santiamén. Su diseño tomó prestado el perfil del XM para lograr una impoluta aerodinámica que redundaba en un silencio de marcha superlativo.
La amortiguación seguía el triunfante legado de sus antepasados, aunque perfeccionándose hasta la Hidractiva II. Tras ocho años en activo cedió el testigo al vigoroso C5 que mejoró todas sus cotas.
Como curiosidad, Xantia deriva de un termino griego que significa ‘bello’.

Saxo; la competencia entre los utilitarios noventeros era feroz. Por este motivo, a los primeros síntomas de agotamiento del AX, Citroën se apresuró a actualizarlo y lo hizo con un vehículo totalmente renovado.
El Saxo crecía a lo largo y lo ancho para albergar con mayor amplitud a sus ocupantes. Se sometía a un tratamiento de belleza – con objeto de incrementar su sexappeal-y se vitaminaba con propulsores hiperactivos.

Continuó con la tradición en las competiciones del motor del AX y alcanzó gran popularidad entre la muchachada con las variantes VTS de 120CV.
En cuanto al significado de Saxo, es un tipo de golosina en Francia.

Xsara; el compacto que suplió al ZX en 1997 pasó a engrosar las páginas doradas de la historia de Citroën. Sus buenos resultados le permitieron aferrarse durante 9 años a las listas de automóviles más vendidos. Las claves de su gran aceptación fueron: su habitabilidad, amplitud, mecánica contrastada y un precio contenido.
Encima, contaba con un eje trasero autodireccional (en los topes de gama) lo que permitía al Xsara trazar curvas y carreteras serpenteadas ‘sobre raíles’.

En 2004 delegó en el C4 tras una impresionante trayectoria de victorias en el Campeonato Mundial de Rallys de la mano de Sébastien Loeb.
Xsara procede de la expresión qsar, que se traduce por fortines del Sáhara.

Exuberantes, excelsos, excitantes, extraordinarios, exquisitos, exitosos, excelentes, excepcionales, sexys, con un punto extravagantes…son axiomas aplicables a los Citroën que se apellidaron con la X hace dos décadas.

Coches entregados a la lujuria de la comodidad y la armonía esteta para llevar a sus propietarios al éxtasis de la conducción.

Ver Post >
Sobre el autor David González
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga. Social Media-Community Manager. Diseñador Gráfico. Tutor de redes sociales y diseño gráfico. Periodista del motor. Blogger. Certificado por Google y Hootsuite