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Alpine, despedida y regreso a la francesa
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David González Vera | 21-10-2017 | 10:46

En silencio, sin mediar palabra y haciendo mutis por el foro. Así fue el adiós de Alpine, filial de alto rendimiento de Renault, allá por 1995. Algo parecido a cuando estás de fiesta con un amigo/a y, de repente, te das cuenta de que se ha ido sin avisar… una auténtica despedida a la francesa.
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En diferentes salones del automóvil y en fotografías por Internet hemos ido conociendo, a pequeña dosis, la nueva criatura llamada a renacer a Alpine. Sin duda, los trazos desvelaban el retorno de la versión moderna del A110. Y su vuelta ha sido como su partida: sin hacer ruido, de forma discreta con la modestia con la que actúan los grandes. Eso sí, aderezado con su característico color azul, el tono que forjó su leyenda en los años 60 en la competición.
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Alpine nos va dejando pistas en forma de fotos para crear expectación antes de su presentación. Pequeños canapés para ir abriendo boca y preparar las papilas gustativas ante uno de los automóviles más ilusionantes de 2017. Y es que, los últimos movimientos de Renault (reapareciendo en la Fórmula 1 y la resurrección de Alpine) revelan una clara intención de reforzar su imagen de marca y volver a ser un referente deportivo.
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¿Qué podemos esperar en esta nueva era de Alpine?
Sin lugar a dudas un pequeño deportivo ligero, de tracción trasera que rondará los 300 CV e intentará hacernos olvidar a los Cayman.
Si miramos por el retrovisor, para echar un vistazo al pasado, comprobaremos el bagaje histórico que acompaña inexorablemente a la “marca de los alpes”.
Su fundador, Jean Rédélé, utilizaba como base coches de la marca del rombo para preparar automóviles de competición. Usó un Renault 4 CV con motor trasero aligerado para crear el primer Alpine A106. Precisamente su éxito en las carreras alpinas dio origen al nombre de la factoría. Pese a su apasionante historia, Alpine apenas cuenta con siete modelos de calle y una decena de máquinas de competición.
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El mito se fraguó con el A110; una berlineta concebida para devorar puertos de montaña, merced a un chasis liviano y un propulsor vitaminado. Paradójicamente sus pequeñas dimensiones lo situaban muy cerca del suelo, pero a la vez muy próximo al cielo, por sus intensas emociones. Como si de la ascensión de la mítica etapa de Alpe d’Huez se tratara, exprimir las prestaciones del A110 solo era apto para los más curtidos conductores.
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Su receta era clara: bajo peso, aprovechar componentes de Renault para reducir costes y ofrecer un vehículo racing al mayor público posible. Un éxito sin paliativos que ganó el Rally de Montecarlo de 1973 y el campeonato mundial.

Alpine decidió probar suerte con los deportivos de calle bajo el paraguas de Renault. Así que en 1971 aparecía el A310, la evolución del A110 en el Salón de Ginebra. Su potencia ascendió hasta los 150 CV en un V6 de 2.7 litros desarrollado por ingenieros de Renault, Peugeot y Volvo.
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Se construyeron 9.276 unidades de este deportivo capaz de rozar los 220 km/h, hacer un 0 a 100 en 7 segundos y ser más rápido que el 911. Su afilada silueta despertó admiración y miradas lascivas a su paso. Un automóvil portador de genes de rallys que exudaba deportividad por todos los poros de su carrocería.
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En 1985 se produjo un salto cualitativo con la llegada del Renault Alpine V6 Turbo GTA. Una mezcolanza de deportividad y confort para plantar cara a los alemanes más arraigados.
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La parte trasera hospedaba un propulsor V6 2.5 turboalimentado de 200 CV que lo impulsaba a 250 km/h. Su consumo se disparó hasta los 18 litros cada 100 km, lo que hizo que sus ventas sufrieran un varapalo en muchos países y su clientela potencial se decantara por los valores seguros: Porsche o Ferrari.
El último Alpine fabricado, el A610 Turbo, data de 1991. Un diseño renovado con faros escamoteables y formas más abombadas mantenían las virtudes que forjaron su leyenda: agarre, confort y tracción.
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Para ‘darle alegría a su cuerpo Macarena’ se eligió un V6 de 3 litros que rendía 250 CV con un par de 350Nm a 2.900 rpm. Su velocidad punta aumentó hasta los 265 km/h y en su equipamiento de serie no faltaban: ABS, elevalunas eléctricos, tapicería de cuero o dirección asistida.
No obstante, apenas contaba con maletero y su elevado precio hizo que no cuajara sus ventas frente a sus rivales: Nissan 300ZX, Lotus Esprit, Mazda RX-7 o Porsche 968.
En 1995, tras 4 años en el mercado, Alpine cesó su producción y abandonó el concepto GT con motor trasero tras llegar al cénit en su historia automovilística. Ironías del destino.

Ya en 2012, la división deportiva gala (después de volver a Renault tras su periplo en manos de Caterham) preparó su retorno con el A110-50 Concept para conmemorar el medio siglo de existencia. Un alarde de diseño y tecnología con numerosos guiños a su bisabuelo, el A110. Este prototipo erogaba 400 CV transmitiendo todo su brío a la ruedas traseras a través de una caja de cambios secuencial de seis velocidades. El conjunto apareció engalanado con el característico color azul que acompañó a Alpine en sus grandes gestas deportivas y es que, como decía la canción de algún guaperas latino: “azul, porque este amor es azul”.
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Y así nos plantamos en 2017: doce años después un nuevo Alpine verá la luz. La firma de Dieppe abandona por fin su retiro en los alpes, por cuyas laderas se ha escuchado el rugir de sus deportivos en su forzado exilio.
Como os apuntaba líneas más arriba, en estos días nos han lanzado el anzuelo con algunas imágenes del A110. Su diseño apuesta por una vuelta a sus orígenes: simplicidad, peso pluma y 4 ópticas ovaladas.
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Gozará del nuevo motor central-trasero 1.8 TCe escalonado en tres niveles de potencia: 250, 275 y 300 CV que pondrá las cosas dificiles a los Alfa Romeo 4C y Porsche 718 Cayman. Una apasionante y encarnizada lucha franco-italo-germana por el entorchado del ‘deportivo más divertido’.
El interior entrelaza elementos modernos con algunos detalles retro: pantalla de infoentretenimiento, reloj-cronometro clásico, llave roja de encendido procedente de competición, cinco botones cromados vintage y levas tras el volante que confirman su transmisión automática de doble embrague.
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Finales de 2017 o inicios de 2018 ha sido el periodo de tiempo elegido por Alpine para retornar de las reviradas carreteras alpinas. El ronroneo de los poderosos motores de sus criaturas vuelven a resonar entre los afilados riscos de sus cumbres para presentarse ante nosotros en el mismo color blanco de sus laderas. Así ha aparecido el concept Vision: la criatura que nos adelanta la escultural línea del futuro A110.
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Y no defrauda para nada: el Vision Alpine acudió a la cita ataviado con el atractivo halo que desprenden los automóviles que fusionan el estilo retro con la última vanguardia. Morro presidido por la doble óptica obligada, parabrisas inclinado y techo que desciende suavemente hasta la zaga truncada.
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Comienza una nueva travesía para Alpine y, sinceramente, ojalá le vaya bien. Todos merecemos una segunda oportunidad. Por eso, si el pasado sirve para aprender de los errores, la marca de Rédélé debe saber buscar su nicho de mercado dejando atrás cualquier aire de grandeza. Y, ante todo, no ha de intentar competir con firmas aspiracionales de rancio abolengo. Su meta debe ser ofrecer coches lúdicos, placenteros, sin estridencias y a un precio racional.
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Si es así, recibimos con los brazos abiertos a Alpine y aceptamos que regrese igual que se fue hace 21 años: con sigilo, cautela y calma.
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La piel de los aficionados al automovilismo vuelve a erizarse: Alpine se reinventa y retorna al lugar que nunca debió abandonar. Esperemos que éste sea solamente el principio y estemos ante el inicio de una larga lista de deportivos obcecados en apostar por la adrenalina en vena. Disfrutaremos del momento con la esperanza de que lo mejor está por llegar: “Alpe Diem”.

Sobre el autor David González Vera
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga. Social Media-Community Manager. Diseñador Gráfico. Tutor de redes sociales y diseño gráfico. Educador certificado de Google y Hootsuite Certified. Fundador del blog MotorGT.es