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¿Tú de quién eres?
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David González Vera | 05-07-2019 | 12:37

No se puede negar: cada vez resulta más difícil diferenciar un automóvil de otro. Seguro que conocéis a alguien que os ha comentado medio indignado: “¡Es que todos los coches son iguales!”.
Tampoco es necesario ser un erudito en temas de automoción para percatarse lo complicado que es distinguir un Audi A4 de un Audi A6 vistos de frente y a cierta distancia…o un Ibiza de un León. Esto, que podría interpretarse como falta de imaginación o ahorre de costes, es una de las mayores inversiones y preocupaciones de los constructores: crear imagen de marca.
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Si hace una década cada fabricante se ocupaba de distinguir claramente los segmentos que conformaban su gama de vehículos (un Corsa era totalmente distinto de un Astra) hoy ocurre totalmente lo contrario. Las marcas realizan millonarias inversiones en crear un rostro, unos rasgos distintivos que identifiquen fácilmente los ‘miembros de su familia’. Una especie de ADN que se transmita de padres a hijos.
Los equipos de diseño se afanan en afilar sus lápices en busca de la cara perfecta: agresiva, poderosa, moderna…sea como fuere debe de atraer y seducir a los posibles clientes.

Esta nueva clonación suele iniciarse cuando la firma de turno presenta el buque insignia, el modelo más elevado estrenará la estética que heredarán el resto de sus hermanos menores. Una especie de matrioskas o muñecas rusas que van viendo reducido su tamaño, desde la berlina de representación más ostentosa al utilitario más modesto.
Los automóviles son sometidos a un proceso de jibarización para conservar la fisonomía que representará a la gama y deberá hacer reconocible su catálogo de vehículos al primer golpe de vista.
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Una cuestión que ha cobrado gran importancia en un mercado competitivo donde, cualquier detalle o percepción inconsciente puede hacer decantar al consumidor a comprar un modelo u otro. Y es que como dicen las madres: “lo que compramos, nos tiene que entrar por los ojos”.

Los mayores esfuerzos se centran en definir los faros y la calandra, que vendrían a equiparse a los ojos y la nariz/boca de una persona. Aunque pueda parecer absurdo, tendemos a humanizar a los coches y a percibir en ellos cualidades de seres vivos.
Vamos  repasar de forma más visual cómo son las facciones de las firmas automovilísticas más definidas:

Alfa Romeo. Su frontal viene presidido, casi desde los años 40, por su parrilla en forma de triángulo invertido. Un elemento que cada vez cobra más protagonismo en el frontal, hasta el punto de desplazar las placas de las matrículas en un lateral del parachoques. Fue el Alfa 156 el pionero en instaurar esta tendencia.
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Audi. Los característicos 4 aros de los turismos de Igolstadt reposan ahora sobre una calandra de forma hexagonal de generosas proporciones. Sus proyectores apuestan por un diseño anguloso y afilado continuado las líneas marcadas desde la toma de aire.
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BMW. Presenta una de las morfologías más reconocibles del mundo del automóvil desde hace décadas: un par de ‘riñones’ simétricos que refrigera sus poderosos motores flanqueados por sendas ópticas circulares.
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Citroën. Se ha caracterizado desde hace más de un siglo por una clara apuesta por el diseño arriesgado. Los últimos modelos de la factoría gala adoptan unos frontales poderosos-quizás algo recargados-en los que destaca su peculiar firma lumínica compuesta por dos segmentos: una primera fila de luces más estrecha que se prolonga desde los extremos del logo y más abajo unos focos rectangulares de mayores proporciones.
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Ford. Sus últimas creaciones muestra una parrilla trapezoidal, a lo Aston Martin, y unos grupos ópticos estrechos que se prolongan hacia la aleta delantera.
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Jeep. El conocido constructor de 4×4 ha hecho de sus dos faros circulares y su calandra de 7 barras verticales su rúbrica más conocida.
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Land Rover. Pocos pueden negar que Range Rover se ha convertido en una de las firmas más atractivas y glamurosas del panorama automovilístico actual. Gran parte de ese éxito fue culpa del Evoque: carrocería con cintura alta, rasgos de coupé y una atractiva silueta SUV que lo ha encumbrado a la cima de las máquinas más deseadas. Sus señas de identidad son unos pilotos estrechos y unas entradas de aire verticales que realzan su dinamismo.
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Lexus. ¿A la parrilla sabe mejor? “Esto es una parrilla y no la del Kentucky Fried Chicken” debieron pensar los ingenieros de la división de lujo de Toyota. De formas angulosas y picudas parece derramarse en cascada hacia el suelo. ¿Quizás se les ha ido de las manos? rotundamente sí.
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Mazda. Apuesta sin titubeos por su lenguaje de diseño ‘Kodo’ (alma en movimiento). Líneas puras y fluidas para dar a todos sus automóviles un elegante toque oriental al gusto de la clientela europea.
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McLaren. Si alguna vez observáis el morro de un McLaren por el espejo retrovisor acercándose vertiginosamente disfrutadlo, porque el adelantamiento no tardará en llegar. Sabréis que es uno de los biplaza británicos por sus focos en forma de lágrima. No podemos confirmar ni desmentir que sean un reflejo de la trayectoria de Fernando Alonso en la escudería de Fórmula 1 🙂
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Mercedes Benz. Hace gala de uno de los morros más espectaculares con su sempiterna estrella de 3 puntas presidiendo el centro de la calandra y rodeada por pequeñas esferas concéntricas reflectantes. Sus afiladas ópticas – estrenadas en el Clase A, CLA y CLS- presentan una fila de diodos en la parte superior.
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Mini. Pocas marcas son tan ‘esclavas’ de su diseño como la filial de BMW. Encuadrado como uno de los utilitarios más exclusivos, todas las variantes del simpático Mini se rigen por el patrón estético legado de sus ancestros: faros redondos y unos antinieblas homónimos aunque de menor tamaño. La entrada de aire ha ido ganando terreno con las nuevas generaciones.
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Nissan. Como buenos japoneses, Nissan no se duerme en los laureles. Tras el irrefutable éxito del Qashqai, el socio de Renault decidió remozarlo hace un año e iniciar una tendencia estética que se mimetizara en toda su gama: calandra de generosas proporciones simulando una V y unos pilotos angulosos con leds en sus vértices. Qué lejos quedan aquellos austeros y rudos Nissan Patrol comparados con estos refinados todocaminos.
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Renault. Tras unos años sin un patrón estético claramente definido, los franceses se desmarcan de la competencia con los Talisman, Clio, Arkana (de momento solo se vende en Rusia) y Megane. Del enorme rombo emanan los nervios que fluyen hacia el resto de la carrocería, aunque los mas llamativo son los filamentos lumínicos que se prolongan bajo los faros en forma de ‘C’.
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Rolls Royce. Un Rolls nunca va a ser un coche revolucionario ni con un diseño estridente, pero su sibarita clientela no busca eso en ellos. La llegada del Phantom en 2013 instauró un nuevo lenguaje visual que se ha perpetuado hasta el descomunal Cullinan. Apuntaos: si os cuzáis con una berlina enorme y ostentosa con un interminable capó presidido por una parrilla plateada -sobre la que reposa una figurita alada- y a cada lado faros estrechos estamos ante todo un señor Rolls Royce.
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Peugeot. Los del león se muestran más fieros que nunca desde que decidieron añadir unos ‘dientes de sable’ al rostro de todas sus creaciones. Un aspecto salvaje que se acompaña con tres segmentos de luces que simulan la garra de un felino.
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Porsche. La imponente estampa de cualquier Porsche se ha visto reforzada en los modelos de último cuño con una ‘mirada’ inconfundible. Se trata cuatro diodos que otorgan a los deportivos de Stuttgart un extra de agresividad (como si le hiciera falta).
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SEAT. Su entrada de aire achatada y angosta, en forma de nido de abeja, se manifiesta rodeada por dos faros pentagonales de luces triangulares muy al estilo del Grupo VAG.
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Toyota. Aboga por una calandra estrecha, cuyo cromado se prolonga por la iluminación de ambas ópticas. Trazos puros, limpios y minimalistas dominan su estampa.
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Volkswagen. Su parrilla horizontal y lineal sirve de nexo con los grupos ópticos. Una fisonomía sobria, quizás anodina para algunos, pero con un éxito contrastado.
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Volvo. Los suecos son reconocibles aunque aparezcan en mitad de una ventisca. A su ya archiconocida parrilla de barras verticales se suma su emblema que la cruza diagonalmente desde que ABBA empezaba a tararear ‘Waterloo’. Por lo que respecta a su ‘mirada’, los Volvo más recientes incorporan unos faros en forma de ‘martillo de Thor’ que los hacen realmente poderosos.
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Tras este somero repaso por las apuestas de diseño empleadas por los fabricantes para conquistarnos, podemos dilucidar que no solo la mecánica o el interior de un automóvil son importantes. Los constructores se afanan por dotar de identidad a sus productos, hacer máquinas armoniosas y bellas que se conviertan en objeto de deseo (como una prenda de vestir o un aparato tecnológico)…al fin y al cabo, el coche puede llegar a ser un reflejo de nuestra personalidad. Muchos de los potenciales compradores de un vehículo se deja llevar por el corazón más que por la cabeza, dejándose seducir por una ‘cara bonita’.

El fin último quizás no sea que la mayoría de la gente reconozca un modelo al primer vistazo, pero sí que adivinemos inmediatamente a qué ‘familia’ pertenece. Para no tener que preguntarnos ni una vez más: “¿y tú de quién eres?”

Sobre el autor David González Vera
Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga. Social Media-Community Manager. Diseñador Gráfico. Tutor de redes sociales y diseño gráfico. Educador certificado de Google y Hootsuite Professional Certified. Fundador del blog MotorGT.es